Ciudadanos de mentiras

Otra vez me ocupa, en estas líneas, el tema de la calidad de ciudadanos que somos los juarenses a partir de nuestras...

Francisco Ortiz Bello
Analista
domingo, 01 diciembre 2019 | 06:00

Otra vez me ocupa, en estas líneas, el tema de la calidad de ciudadanos que somos los juarenses a partir de nuestras conductas y modo de comportarnos en comunidad, haciendo la aclaración que se trata de una generalización, no significa que afirme que así somos todos los que aquí vivimos, debo generalizar porque las conductas perniciosas se reflejan así, en lo general, afectando negativamente de manera importante todas las áreas de la actividad cotidiana en Juárez.

En esta ocasión el elemento que detonó esa conducta masiva condenable fue un fenómeno climático completamente extraordinario. Tenemos que entender por extraordinario lo que literalmente significa el término, algo fuera de lo ordinario, fuera de lo común, de lo normal. Una pertinaz lluvia azotó nuestra ciudad el miércoles 27 de noviembre por varias horas. Desde las 12:30 del día aproximadamente, hasta pasadas las seis de la tarde, la lluvia no dejó de caer sobre nuestra ciudad.

Ese fenómeno pluvial, completamente atípico, agravó las condiciones viales en las calles de la ciudad, porque como es de todos sabido en Juárez no disponemos de un drenaje pluvial, es decir, un sistema de desagüe especialmente diseñado y construido para dar cauce al agua de lluvia, sobre todo cuando esta cae en grandes cantidades, ya sea en tiempo o intensidad. Lo ocurrido el pasado miércoles, en cuanto a la lluvia, no fue un aguacero torrencial. De hecho prácticamente fue una llovizna que se prolongó por varias horas, ocasionando severos daños a la vialidad.

Aquí es conveniente hacer una precisión. La falta de ese drenaje pluvial en nuestra ciudad data de muchos años, décadas, no es privativo de algún gobierno en particular, ni municipal, ni estatal, ni federal, hay que consignarlo con todas sus letras, el olvido y abandono en ese tema en especifico se remonta a más de 50 años, por lo menos. Y también hay que decirlo, nuestra ciudad no era, o no fue nunca en el pasado, una región en la que se presentaran lluvias abundantes, ni en cantidad de agua precipitada, ni en duración. Y lo menciono, porque precisamente esa condición específica del clima en nuestra región, justificó por muchos años la decisión de no invertir en un drenaje pluvial que resulta muy costoso y en realidad tendría muy poco uso, al menos esos tiempos. Ahora es otra cosa.

Y no se trata de evadir, defender o justificar a ningún nivel de gobierno, simplemente hay que decir las cosas como son, sin quitarles ni ponerles de más. Así pues, en resumen, es cierto que pesa una gran responsabilidad sobre la autoridad en eso de las inundaciones en Juárez, pero también debemos precisarlo, de acuerdo con el artículo 115 de la constitución de nuestro país, que regula y otorga facultades a los municipios o ayuntamientos, el drenaje doméstico o de las viviendas, negocios y demás instalaciones le corresponde a los municipios, pero no así el manejo del agua en las precipitaciones pluviales, que corresponde a la Cederación.

En la Fracción III, inciso a), del artículo 115 constitucional, se puede leer: “III. Los Municipios tendrán a su cargo las funciones y servicios públicos siguientes: a) Agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de sus aguas residuales”, con lo que queda muy claro que si la Junta Municipal de Aguas y Saneamiento fuera realmente municipal, la responsabilidad de las aguas residuales (desechos de casas, oficinas, negocios, comercios, etcétera) sería enteramente del municipio, pero ya sabemos que, en Chihuahua, las Juntas de Aguas sólo tienen de municipal el membrete porque las dirige y opera el Gobierno estatal. Pero, adicionalmente, existe esa parte de la definición en cuanto a que las aguas por precipitación pluvial no pueden ser consideradas como aguas residuales, y por tanto, por definición, le corresponde a la federación su manejo y tratamiento.

Pero dejemos esas valoraciones aparte, sin olvidar por supuesto que hay responsabilidad de diversas autoridades en el tema. Lo que todos vimos el pasado miércoles debería avergonzarnos de verdad. La conducta deplorable de decenas, de cientos de juarenses es para horrorizarnos en serio.

Ante una situación de crisis como la que se vivió por los innumerables encharcamientos por toda la ciudad, exigía una conducta civilizada, una conducta ordenada, un comportamiento solidario. Y lo que vimos fue exactamente todo lo contrario.

Automovilistas utilizando sus autos para abrirse paso a como diera lugar, utilizando vías y lugares no permitidos, ignorando altos, semáforos y cualquier otro tipo de señalización vial, utilizando los carriles centrales de calles como la Gómez Morín y otras similares, pasando en medio de grandes charcos sin reparar en que eso producía enormes olas de agua sucia, lodosa, que mojaba a peatones y a otros autos, causándoles una falta de visibilidad momentánea pero muy peligrosa, y eso hablando solo de los automovilistas porque si hablamos de ruteras u otros vehículos de gran tamaño, tenemos que puntualizar que actuaron como verdaderos cafres del volante.

Este comportamiento agresivo y poco civilizado, conforme pasaron las horas y la lluvia no cedía, y se fue acercando el horario pico de salida de centros laborales, escuelas, comercios y otros, se fue incrementando hasta convertirse en una especie de histeria colectiva social, ocasionando lo que todos vivimos y sufrimos el pasado miércoles: la ciudad colapsó. No hay otra manera de decirlo. Juárez colapsó.

Recorridos que regularmente se hacen en 25 ó 30 minutos, ese día llevaron hasta dos horas y media o más, con la consecuente desesperación de automovilistas y peatones por llegar a sus destinos y ponerse a salvo de la lluvia. Pero que los mismos juarenses complicamos mucho más por ese comportamiento desordenado y hasta salvaje, podría definirlo así.

Es evidente que una situación de crisis, cualesquiera que sea, hace que las personas reaccionemos de formas extrañas y hasta desconcertantes, pero ante una eventualidad como la lluvias, y lo que ocurre en la ciudad siempre que llueve, no es posible que la ciudadanía reaccione de esa manera.

¿Qué clase de juarenses somos? ¿Unos que son capaces de aplastar a otro para pasar? ¿Unos que son capaces de salpicar con agua lodosa a quienes caminan por las calles? ¿Unos que se sienten superiores a otros y por eso queremos ser los primeros en pasar, en salir, en tener, en llegar?

Resulta muy peligroso que una sociedad se comporte de esa manera. El miércoles fue el colapso total de la ciudad. Pero no es sólo eso, todos los días están ocurriendo cosas que nada tienen que ver con alguna autoridad de gobierno. Todos los días hay incidentes serios en las líneas para cruzar a El Paso, porque no falta el abusón que quiere meterse hasta adelante en la línea, ignorando por completo el tiempo que llevan ahí los que se forman ordenadamente, quieren arrollar, quieren ser primero, aunque no tengan derecho y todavía peor, si alguien los cuestiona, o les reclama, a golpes quieren arreglar todo. La Ley de la Selva en todo su apogeo.

Cada vez son más comunes los videos en redes sociales en los que, algún “ciudadano empoderado” insulta, maltrata y hasta golpea a agentes de vialidad o de seguridad pública, porque hoy está de moda “no dejarse de la autoridad”, aunque sea imponiéndose a base de golpes, mentadas de madre o poderosas influencias, sin considerar que al demeritar así el trabajo de la autoridad también vulneran la seguridad de la sociedad, además de incumplir con la ley.

¿Qué clase de ciudadanos somos? Exigimos y con razón que la autoridad cumpla con su trabajo, bien… Pero ¿y nosotros? ¿Cuándo vamos a cumplir nuestra parte? ¿Cómo podemos exigir respeto y cumplimiento a la autoridad cuando somos los primeros en negarlo? ¿Dónde está nuestra calidad humana y nuestra educación?

Lo ocurrido el pasado miércoles debe ser analizado a fondo. El caos generado en la ciudad fue producto del comportamiento de unos ciudadanos enfurecidos, incivilizados, insensibles y desordenados, de verdaderos delincuentes. Sí, las condiciones viales eran difíciles, de acuerdo, pero con nuestro comportamiento salvaje e irracional las complicamos aún más, mucho más.

Más nos vale como ciudadanos revisar nuestras premisas y prioridades, si no queremos que nuestros hijos se queden en una sociedad violenta y agresiva, completamente a merced de los abusones, empecemos por respetar a la autoridad y por cumplir cabalmente con la ley.