Opinión

OPINIÓN

Cierran con broche de sangre custodiados en búnker

No han servido las reuniones fifís para contener la violencia un solo día de los aproximadamente mil 800 días transcurridos del corralato, hasta ahora el más letal de las últimas administraciones estatales en materia de asesinatos

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 11 julio 2021 | 06:00

Se han vuelto costumbre las imágenes de tanquetas y otros muchos vehículos de índole militar y policiaco cargados de soldados y elementos de seguridad en las afueras de edificios públicos que son convertidos, dicho en términos bélicos, en búnkers.

Paredes adentro de esas instalaciones los ambientes son muy distintos a la guerra. Climas artificiales. Café al gusto. Jugos para todo tipo de estómagos, rudos, delicados y medios. Agua fresca. Frutas de la temporada. Pan artesanal. Desayunos, comidas o cenas generosos; frecuentemente gourmet.

Militares de los más altos rangos, civiles con cargos de secretarios de seguridad, fiscales, asesores, comandantes de corporaciones policiacas, todos participando en reuniones que llaman de coordinación de seguridad pero con estilos exquisitamente fifís, aburguesados... porfirianos, victorianos.

Así han sido esas reuniones durante casi siempre. En Chihuahua, Juárez, Delicias, Parral... Cuauhtémoc. Así fueron con Fernando Baeza como gobernador; también con Francisco Barrio, Patricio Martínez, Reyes Baeza, César Duarte...

Y con Javier Corral no hubo excepción. No hay excepción ni en sus últimos días al frente del régimen apocalíptico; al contrario, parece que entre los participantes de los encuentros “de seguridad” es más la competencia por las marcas de la vestimenta y el glamour que por los resultados de su trabajo.

Entre ellos se ha convertido también en interrogante murmurada la condición del gobernador en su afición por el tenis y el golf. Todos hablan de ello en voz baja. ¿Ganó?. ¿Perdió?. ¿Ahora dónde jugó?.

Afuera de las instalaciones de gobierno, y más allá de esas imágenes de vehículos cargando armas artilladas, soldados, elementos de la Guardia Nacional, policías federales, estatales y municipales, contrastan los escenarios, esos sí de guerra, que sufren los chihuahuenses en todo el territorio estatal.

Todos ellos no han movido más que la quijada por el bienestar de su estómago y ni siquiera un dedo por un mejor destino para Chihuahua. No pasan de revisar estadísticas en coloridas diapositivas.

No han servido las reuniones fifís para contener la violencia un solo día de los aproximadamente mil 800 días transcurridos del corralato, hasta ahora la más letal de las últimas administraciones estatales en materia de asesinatos; incluidos, y eso es decir mucho, los de Reyes Baeza y Duarte Jáquez, que enfrentaron las consecuencias de la guerra de Felipe Calderón contra el narco con sus cerca de 130 mil homicidios.

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Los números exhiben la inutilidad de los encuentros ‘nice’ de seguridad encabezados por Corral Jurado. Los últimos días han sido de sangre y muerte igual a los anteriores hasta principios del 2017. Heredará un gobierno en bancarrota financiera pero también una tierra desgarrada por la delincuencia generalmente impune.

¿Cuál es la utilidad, entonces, de las decenas de militares y policías que aparecen en los fotos que publicamos hoy como ejemplos, vigilando la dolce vita de sus jefes si en las calles del territorio estatal son acribillados y degollados hombres y mujeres por igual.

Inclusive esos jefes policiacos bien pudieran prescindir de las costosas escoltas al viajar en vehículos cuyo blindaje protege del más alto calibre y contundencia de fuego, tasados en millones de pesos pagados con recursos públicos, mientras los ciudadanos están más que expuestos y vulnerables. Sus propios policías destacamentados en lugares remotos son expuestos al hambre, al crimen, y por lo tanto, a la corrupción.

En Chihuahua lo mismo son levantados y asesinados conductores de plataformas Didi que jovencitas ejecutadas a balazos o degolladas.

Es grotesca la impunidad con que se cometen los asesinatos frente a las narices de aparatos de seguridad que se suponen están sincronizadas y operan de forma coordinada... únicamente para juntarse a la hora del té o las comilonas.

En lo que va del año se han cometido nada más en esta región juarense 723 homicidios dolosos, detrás de los cuales, hay un drama familiar, que exige justicia, con un agravante. La última semana fue igual que todas las que le antecedieron, en promedio 30 homicidios, todos brutales.

La Comisión de Atención a Víctimas se desentiende de actuar con rapidez, escamoteando los pocos pesos que tiene para atención inmediata al entorno de las personas asesinadas. Centenas de huérfanos, viudas, viudos, a engrosar las filas de la extrema pobreza y/o de la propia delincuencia.

No se les caen de la boca las menciones de cumplimiento a los derechos humanos, pero sólo es de los dientes para afuera. Simulación pura.

Hay en ello un drama burocrático de indolencia e irresponsabilidad, que nadie atiende, en cruel corolario y revictimización inaudita.

Están quienes han sido asesinados enfrente de centros comerciales, en sus casas, frente a sus hijos, familia o vecinos. Es tétrica la narrativa de los últimos momentos en la vida de esas personas que han sido lamentablemente sacrificadas.

Hay que multiplicar por cinco, por diez o 15 los estragos psicológicos en personas por el drama humano de estos crímenes, que sirven de cruel entremés en las reuniones fifí ya indicadas.

Como van las cifras, será peor este año que el anterior, y el anterior, y el anterior... nada ha avanzado el corralismo en defender a los chihuahuenses de su bien más preciado, que es la vida.

En el 2020 fueron mil 642 homicidios dolosos; en 2019, se contabilizaron 1,509; 1,245 en 2018 y 771 en 2017.

La espiral ascendente es categórica y no se puede ocultar bajo un mantel de color blanco prístino y el juego de taza, plato y cubierto más que pulcros utilizados en las mesas de coordinación burguesa.

Va de mal en peor la atención al problema de la seguridad. Estábamos mejor cuando no había coordinación alguna, ni mesas de seguridad con café de máquina y repostería fina.

Se engolosinan los integrantes de las fuerzas armadas y policiacas, sin pensar en que a los políticos ineptos como Corral, en nada les importa el tema, más que administrarlo para tratar de salir lo mejor librado, sin pensar que los demonios tarde que temprano alcanzan.

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Es Chihuahua ejemplo de lo que no se debe hacer en materia de seguridad. Se han roto los límites de violencia del pasado inmediato, y frente a ello se han tratado de ofrecer impúdicamente mil justificaciones con una frialdad que impresiona.

Durante los últimos dos años hizo Corral del levantamiento de las fuerzas armadas y policiacas federales de la mesa de coordinación –provocada por capricho hormonal– un espectáculo de reproches y echar culpas.

La verdad es que los mandos medios y la tropa, se ponían de acuerdo en la coordinación institucional sin tanta fantochada y encuentros fifí de alcurnia para simular trabajo, como desde hace unos meses realiza el gobernador.

Hace menos daño el mandatario cediendo a su debilidad del golf o tenis, que mucha falta le hace en su reactivación física, en lugar de aplastarse en una silla durante dos o tres horas para quitarle el tiempo a quienes sí tienen interés y vocación en atender el problema de la inseguridad.

Esas reuniones fifí de alto sabor y aroma burgués constituyen burla y franco insulto a las miles de víctimas de la violencia que se acumulan momento a momento, en dolor indecible para los chihuahuenses.

Precisamente mañana veremos el mismo espectáculo a las afueras de Pueblito Mexicano... o en la Fiscalía de Justicia Zona Norte. Patrullas de todas las corporaciones resguardando a los finitos barones de la burocracia con cargo al presupuesto del pueblo. 

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