Opinión

Chihuahua: entre Morena y el PAN

Lo que parecía imposible y hasta indeseable para muchos, hoy cobra fuerza notoriamente, la posibilidad de que nuestro estado sea gobernado por la izquierda representada por Morena

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 25 abril 2021 | 06:00

Lo que parecía imposible y hasta indeseable para muchos, hoy cobra fuerza notoriamente, la posibilidad de que nuestro estado sea gobernado por la izquierda representada por Morena, aun a pesar de la enorme popularidad de la candidata panista, y a pesar de que se presentó por varios años como una de las alcaldesas mejor evaluadas en el país.

De acuerdo con las más recientes mediciones de preferencia electoral Juan Carlos Loera y Maru Campos se encuentran prácticamente en un empate técnico, con 5 puntos de diferencia entre ambos independientemente de quien vaya a la cabeza, según la casa encuestadora de que se trate, pero en una ponderación de las más serias y confiables, lo que se puede apreciar con claridad es la tendencia de Loera a subir y la de Maru a perder puntos, aunque sea marginalmente, o a estabilizar su preferencia electoral, lo que los expertos en estos llaman “el techo” en la intención de voto.

En general Chihuahua, como la mayoría de los estados del norte del país, se caracteriza por ser una sociedad conservadora, mayormente inclinada a la derecha o centro, con una visión mucho más proclive al desarrollo empresarial y al emprendedurismo, condiciones todas estas que representan exactamente lo contrario a la izquierda, al menos en la teoría.

El resultado de la elección de 2018 fue sorpresivo para muchos, ya que dejó ver un electorado más dispuesto a aceptar el cambio, al menos en lo que se refiere a la oferta de gobierno de López Obrador, sea lo que sea lo que eso signifique.

En Chihuahua, el presidente de la República obtuvo 497 mil votos tan sólo con Morena, es decir, sin contar los votos que obtuvieron sus aliados del PT (75 mil) y Encuentro Social (32 mil) que, ya sumados, le dieron a AMLO 614 mil votos en nuestro estado, es decir, suficientes para ganar la gubernatura suponiendo que se repitiera el mismo esquema electoral.

En Ciudad Juárez, López Obrador obtuvo 233 mil votos en total, incluyendo los 13 mil 500 del PT y los casi tres mil del PES, también una cifra importante de adeptos para un partido de izquierda que no los habían obtenido antes en ninguna elección.

Sin embargo, este análisis numérico de votos obtenidos en 2018 necesariamente debe pasar por la consideración de que López Obrador no estará en la boleta electoral, que son otros los actores y otros los cargos en juego, sin despreciar la fuerza electoral que representa Morena en estos momentos.

También debemos considerar el fuerte desgaste político y de imagen que ha tenido el presidente de la República, enfrentado hoy como nunca a una oposición que no atina a hacerle un contrapeso fuerte y, en ese afán, han optado por presentar un frente común contra Morena y el presidente. De hecho, Chihuahua es uno de los estados en los que López Obrador tiene la más baja aprobación a su mandato como Jefe del Ejecutivo, de acuerdo con varios encuestadores solo el 47 por ciento de chihuahuenses aprueban la gestión presidencial.

Sin embargo, en nuestro estado, con un electorado tradicionalmente orientado hacia la derecha o el centro, durante al menos los últimos dos años creció con fuerza la percepción positiva sobre el trabajo realizado por la alcaldesa de la capital, Maru Campos, que recurrentemente aparecía en las encuestas de posicionamiento. Todavía a inicios de este año, no eran pocas las encuestas que le daban más de 20 puntos de ventaja sobre el candidato o aspirante de Morena, Juan Carlos Loera de la Rosa quien ha venido remontando consistentemente esa diferencia hasta colocarse ya a muy pocos puntos, incluso, algunas encuestadoras ya lo ponen como el favorito. 

Pero ¿qué fue lo que ocurrió? ¿Por qué se desvaneció esa ventaja que parecía imbatible? ¿Se desplomó Maru? Han ocurrido varias cosas que están moviendo la preferencia electoral de los chihuahuenses. Son varios los factores a considerar.

Por un lado, es un hecho que, en general los mexicanos y los chihuahuenses no somos la excepción, seguimos a la expectativa de un verdadero cambio en el gobierno, sobre todo en lo que tiene que ver con mejores prácticas en el uso de los recursos públicos, en combatir la corrupción pues, que sigue siendo un reclamo y exigencia social muy fuerte y al menos en el discurso. Morena y el presidente, se han presentado como los factores políticos que logren ese cambio.

Por otro lado, existe una percepción social que cada vez se generaliza más en cuanto a la conveniencia de que, quien gobierne Chihuahua, pertenezca al mismo partido del presidente de la República, porque eso aseguraría o haría más sencilla la gestión de recursos, obras y programas que beneficien a los chihuahuenses.

Y por supuesto, no podría faltar en este análisis el proceso penal que enfrenta Maru Campos por el delito de cohecho pasivo, que es un delito francamente asociado a actos de corrupción, precisamente de lo que los ciudadanos ya estamos hartos entre la clase gobernante.

Si bien es cierto que de ninguna manera se puede hacer un juicio sumario sobre la candidata panista, también lo es que la fuerza misma del proceso judicial, así como su amplia difusión mediática, han puesto sobre la mesa la discusión del tema desde la óptica ciudadana, es decir, sin consideraciones jurídicas muy elevadas o técnicas, el ciudadano de a pie saca sus conclusiones a partir de la información que dispone, y en ese sentido dicha información no ha sido precisamente favorable para Maru.

Si bien en un principio del proceso judicial el tema de la victimización por violencia política de género le estaba funcionando bien a la candidata blanquiazul, hoy las cosas han cambiado significativamente, porque las medidas cautelares aplicadas, así como la vinculación a proceso y las consideraciones del juez para fundamentar y motivar su resolución, significan que están todos los elementos necesarios para enjuiciarla, con todo lo que eso implica pasando por supuesto por la reconsideración de su calidad de víctima.

Y este quizá sea el tema más importante de esa discusión, porque es la primera vez dentro de un proceso electoral, al menos en Chihuahua, que un candidato a gobernar el estado, en este caso candidata, se presenta al proceso electoral acusada formalmente de un delito penal, lo que ha despertado una real polémica sobre lo que eso significa en términos de la honorabilidad e integridad de una persona, más aún cuando esa persona pretende gobernar un estado.

Existe la certeza jurídica de que nadie es culpable hasta que no sea sentenciado a una condena por un juez, luego de haber sido escuchado en juicio y mediante una debida defensa, eso es una verdad de Perogrullo, sin embargo, insisto, el juicio social, el de la gente común que desconoce de las profundidades del derecho, y que observo crecer cada vez más, existe ya una duda razonable sobre la candidata panista.

Sumado a lo anterior, tenemos a una candidata que centró sus esfuerzos operativos y mediáticos en el centro sur del estado, descuidando por completo esta frontera, y todo lo que ello significa, y en la que tiene sentados sus reales el candidato morenista Loera ya desde hace buen rato, lo que también nos lleva concluir que muy difícilmente Juárez le dará a Maru los votos suficientes para lograr los que se requieren para ganar la gubernatura.

A escasos 42 días del domingo 6 de junio, y con varios eventos aun por ocurrir dentro del proceso penal existente contra Maru Campos, y otros dos más que se acumulan, así como las impugnaciones que realizarán tanto Morena como MC ante el TEPJF por la resolución de TEE que validó el registro de la alcaldesa con licencia, no se presenta lejos o imposible el escenario de una caída aun más severa en su preferencia electoral lo que, por supuesto, redundaría en beneficio de la campaña contraria, dejando prácticamente libre el camino a Juan Carlos Loera directo a la gubernatura 

¿Tendrá Chihuahua el primer gobernador de izquierda? ¿O continuaremos en la tradición bipartidista? Lo veremos muy pronto.