Cayó, como manzana madura

En un acto de justicia el Senado de la República aprobó por mayoría la renuncia de Eduardo Medina Mora como ministro ...

Cruz Pérez Cuéllar
Político
domingo, 13 octubre 2019 | 06:00

En un acto de justicia el Senado de la República aprobó por mayoría la renuncia de Eduardo Medina Mora como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación tras conocerse una serie de movimientos oscuros del exfuncionario, como lo que siempre caracterizó a este personaje de la vida política del país, sobre todo en los últimos tres sexenios.

Es notable el esfuerzo de la oposición panista, de los resabios del priato, por hacer creer a la ciudadanía que en la mencionada dimisión hay intereses ocultos por parte del Gobierno federal, cuando la salida del exfuncionario de tiempos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, nos es más que la consecuencia lógica de una serie de actos que no podían terminar de otra manera.

Me quedo con las expresiones referentes a este tema del coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, que señalan que el presidente López Obrador, venido de la izquierda, de un movimiento social, respetará como lo está haciendo en este momento, el Estado de Derecho y no intervendrá en el asunto del Poder Judicial, pensar otra cosa es perverso. 

Así se ha portado nuestro presidente y así lo está haciendo en el presente. Fueron muchos años en defensa de la autonomía de los poderes, de crítica al sistema implantado por el bipartidismo tradicional que no conocía los linderos entre el Ejecutivo, el Congreso de la Unión y el Poder Judicial. Será la Cámara de Senadores la que defina el asunto, luego de la revisión de las propuestas de aspirantes para ministros de la Suprema Corte.  

El perfil mencionado por el presidente López Obrador es a mi parecer el más idóneo: ya sean “mujeres o sean hombres tienen que ser gente honesta, íntegra, de confianza para los ciudadanos, no incondicionales de los servidores públicos”. Un ministro que esté completamente alejado de los círculos políticos, para no caer en el mismo exceso del sexenio pasado, cuando a pesar de fuertes oposiciones, se empeñaron por implantarlo como uno de los once miembros de la SCJN. Que esté dotado de los conocimientos y experiencia en materia jurídica necesaria, este es un requisito básico; pero que comprenda las necesidades del pueblo.

Me extraña que se pregunten tanto por las razones de la renuncia, cuando el historial de corrupción de este personaje es bien conocido por la clase política, aunque también por muchos ciudadanos, que se han percatado de la situación y conocen del desempeño de Medina Mora, y lo que lo mantenía atado al Poder Judicial de la Federación.

Como lo expresé en tribuna hace unos días, cuando se debatió este tema: nos encontramos ante la oportunidad de contar con un ministro o una ministra que se caracterice por la honestidad y su capacidad para pertenecer al máximo órgano de impartición de justicia en el país. 

Y ante el titubeo de algunos de mis compañeros en la Cámara de Senadores, de los partidos de oposición, aunque los menos, considero que es una traición a la propia representación que los ciudadanos nos han brindado el que varios de ellos hayan votado en contra de la renuncia del ahora exministro de la Suprema Corte, ante la evidencia de tantos actos de corrupción; porque si nosotros decimos proteger la constitución y protestamos respetarla, así como a las leyes que de ella emanen, era fundamental que al par hayamos votado a favor de esa renuncia. Que a final de cuentas es devolver al Poder Judicial parte de la dignidad perdida con ese mismo nombramiento.

Y para que quienes leen estas líneas descubran por sí solos si la renuncia de Eduardo Medina Mora se debió a presiones desde el Palacio Nacional, como lo aseguran y tratan de implantarlo como verdad los opositores la gobierno de López Obrador; o en definitiva se trata del corolario de un plan mal trazado y peor ejecutado, como sostenemos la mayoría, mencionaremos algunos de los hechos que inciden en este final que marca precedente, porque hace 25 años no ocurría una renuncia de un ministro de la SCJN y menos cuando todavía le faltaban 10 años de usufructo.

Todos supimos que las cosas no iban tan bien cuando la Agencia Criminal del Reino Unido, detectó una serie de movimientos sospechosos en la cuenta de Medina Mora, situación que fue corroborada por el Tesoro de Estados Unidos, el cual reveló que del 2016 al 2018 el también exprocurador general de la República recibió en aquel país, más de 100 millones de pesos, provenientes de Londres. Transacciones que tenían un tufo de ilegalidad. 

Para nadie es un secreto que Medina Mora estaba detrás de varios amparos y la protección brindada a personajes ligados al expresidente Enrique Peña o al priismo, que en época reciente fueron sometidos a una serie de procesos legales.

Sobre lo anterior y la cercanía con personajes ligados al priismo. No hace mucho, en mayo pasado, el exministro estuvo en la boda de la hija del abogado Juan Collado, actualmente preso por lavado de dinero, lo interesante es que no estaba solo, estaba junto nada menos que al expresidente Enrique Peña Nieto. Se conocía de sobra que eran cercanos, y que el uno le tapaba al otro, por lo que no es raro que haya todavía algunos sobrevivientes del sexenio pasado que en el congreso defiendan la figura de Medina Mora y cuestionen el tema de su renuncia, o quieran colocar una cortina de humo en el asunto y hablar de otras circunstancias, cuando está clarísimo que trabajaba para los intereses del expresidente.

Y la lista sigue: hay una serie de casos en los que siendo titular de la Procuraduría General de la República decidió clasificar investigaciones que tenían que ver con funcionarios públicos, allegados la poder; tal es el caso tan polémico de la francesa Florence Cassez, donde se habría reservado los datos de la investigación que descansaba sobre un cúmulo de irregularidades, en contra del exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna; lo mismo que en la indagatoria de Los Amigos de Fox, donde se había descubierto un financiamiento ilegal a la campaña del expresidente. También fueron clasificadas por Medina Mora las investigaciones por desvío de fondos multimillonarios en contra de la exsecretaria del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, liberada en el ocaso del sexenio de Peña Nieto; también le puso candado a la carpeta en contra de Rosario Robles, que era investigada por desvío de fondos cuando era dirigente nacional del PRD, y que actualmente esta presa por irregularidades en su desempeño en los cargos que tuvo durante el gobierno anterior.

Parece que el historial guarda justificación vasta para entender la dimisión de Medina Mora a su cargo de ministro de la Suprema Corte. El exfuncionario deberá explicar a los ciudadanos el porqué de estos hechos, y no podrá evadirse por siempre, como ya lo hizo esta semana que termina con el Senado de la República, que le extendió varias invitaciones a comparecer pero no quiso hacerlo.  

Este acontecimiento también evidencia que nadie es intocable en el presente sexenio, que las cosas han cambiado para bien, y quien quiera pasarse de listo o querer verle la cara a los ciudadanos, tendrá que sufrir las consecuencias. Por ello celebro, no la caída del exministro, considerado por algunos como uno de los políticos más nocivos de los últimos tres sexenios, pero sí la oportunidad que tiene el Poder Judicial de cobrar la confianza que le pueblo exige de él y de todos sus miembros.