Castigar el ahorro

El presidente López Obrador prometió un paquete presupuestario sin nuevos impuestos y sin alzas

Sergio Sarmiento
martes, 10 septiembre 2019 | 06:00

Ciudad de México.- El presidente López Obrador prometió un paquete presupuestario sin nuevos impuestos y sin alzas. En buena medida cumplió, aunque sí hay algunos aumentos, como en los refrescos y cigarrillos, e impuestos nuevos, como el IVA a productos y servicios digitales de empresas no establecidas en el país. El aumento que más me inquieta, sin embargo, es el del ahorro, no sólo porque es injusto, sino porque castiga una conducta benéfica.  

Durante mucho tiempo no se gravó el ahorro en México y había buenas razones para no hacerlo. La primera es que el ahorro es ingreso guardado y se supone que ya paga un impuesto al generarse. Es más sano gravar el consumo a través del IVA que el ahorro.  

En México el impuesto al ahorro se ha venido incrementando. Hasta 2018 se cobraba 0.46 por ciento del capital. El monto se elevó a 1.04 por ciento en 2019 y a 1.45 en 2020, si se aprueba la actual propuesta de Hacienda. En otras palabras, en 2020 el aumento será de 39.4 por ciento sobre 2019 y de 215.2 por ciento sobre 2018. Ningún otro impuesto ha subido tanto.  

Los economistas oficiales argumentan que este gravamen no es tan dañino como otros porque se trata de una simple retención. El contribuyente puede, en efecto, recuperar el dinero en la declaración anual posterior, pero esto ratifica uno de los aspectos más negativos del impuesto: se cobra a los pobres, que no hacen declaraciones anuales, pero se devuelve a los ricos, que sí las hacen. En el caso de los ricos, por otra parte, el gobierno jinetea su dinero por un año o más. El gravamen, además, genera una pesadilla burocrática por la necesidad de reunir retenciones y de verificar que realmente todos los pagos de intereses hayan sido registrados en Hacienda.  

Es cierto que el sistema ha mejorado en los últimos años. Hoy las retenciones surgen usualmente en automático en el programa del SAT al hacer la declaración anual. Un porcentaje de los intereses, por otra parte, no se grava porque está debajo de la inflación, aunque sería muy injusto gravar como ingreso un monto que no alcanza siquiera a cubrir la pérdida inflacionaria. Me dicen que el sistema sirve también para monitorear los depósitos en los bancos y puede ser un arma eficaz en la lucha contra el lavado de dinero y la evasión fiscal. Quizá, pero yo insisto en que el impuesto tiene una pésima filosofía, ya que castiga el ahorro y la pobreza.  

Un ejecutivo del sector financiero me dice que la retención de 1.45 por ciento del capital equivale "al 30 por ciento de la tasa real actual. Pero si la tasa nominal sigue bajando como se espera, la retención podría llegar a ser hasta del 50 por ciento de la tasa real". Esto significa un impuesto muy superior al de 35 por ciento que se cobra a los ingresos. El objetivo real, más que recaudar, parecería ser el de desmotivar el ahorro para incentivar el consumo e impulsar el crecimiento.  

Yo entiendo la necesidad de promover un mayor crecimiento a través de un consumo sano, aun cuando el presidente diga que este ya no es su objetivo, pero es un error hacerlo con un castigo al ahorro. Nuestro país siempre ha sufrido por una baja tasa de ahorro interno en comparación con países como Alemania, Corea del sur y China. Poner un impuesto sólo para castigar el ahorro, particularmente de los pobres, es un error. Sabemos que los fondos de pensiones no tendrán la capacidad de dar a los mexicanos un retiro digno. Castigar además el ahorro se antoja perverso.  

 

Presupuesto

El paquete presupuestario 2020 es razonablemente equilibrado, por eso los mercados han reaccionado de forma positiva, pero tiene puntos cuestionables. Prevé, por ejemplo, un aumento de 13 por ciento en la producción petrolera. ¿Alguien creerá realmente que esta meta se puede cumplir?  

Twitter: @SergioSarmiento