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Opinión

Cassandro, el exótico

El cine es un arte que no se puede reducir a un sendero por el cual se esparcen historias

Jesús Antonio Camarillo
Académico

sábado, 14 enero 2023 | 06:00

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El cine es un arte que no se puede reducir a un sendero por el cual se esparcen historias. Es algo mucho más complejo, pero cuando una cinta decide contar la historia de algo o de alguien y quiere contarla bien, la tarea de sus realizadores, guionistas y actores se ve envuelta en un auténtico desafío. Hay historias que merecen ser llevadas a la pantalla, pero al incorporarse a ésta, mejor que se hubieran quedado afuera, porque ahí están mejor. En el imaginario de la gente, en la sensibilidad popular, en la leyenda. Más suelta, sin encapsularse ni rendir cuentas a las formas, guiones y tiempos de las técnicas cinematográficas, la historia correrá libre y embarnecerá con el aditivo de la conciencia popular que engendra el mito.

Por supuesto, hay excepciones. Y de repente aparece una joya del celuloide, que no sólo está a la par de la obra, carne y hueso del sujeto u objeto al que se alude, sino que, por momentos, lo hace ver sublime. Esta zozobra que rodea a la expectativa está presente, con independencia de quién o quiénes serán los personajes abordados. El cine está lleno de historias que recogen trozos de la realidad de asesinos en serie, magnicidas, estadistas, artistas, deportistas y la lista parece no terminar. Hoy está por estrenarse una cinta que despierta mucha suspicacia, por tratarse de un deportista muy cercano al pulso de la frontera. Quizá el nombre de Saúl Armendáriz lo pasemos por alto, pero cuando se añade el rótulo de “Cassandro, el exótico” la cosa cambia. Un luchador profesional conocido internacionalmente y cuya vida ha sido llevada a la pantalla por el director norteamericano, Roger Ross Williams.

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Algo tiene Cassandro que se ha convertido en algo así como un estandarte de los derechos de grupos históricamente vulnerados. Ha llamado la atención de documentalistas extranjeros que han trabajado ya su trayectoria y que se han centrado no sólo en la lucha libre, sino en los pormenores de la discriminación y el sufrimiento que el luchador ha padecido a lo largo de su vida.

Saúl Armendáriz nació en El Paso, Texas, a principios de los años 70, pero Ciudad Juárez siempre ha sido asentamiento clave en su incursión en el deporte espectáculo. La célebre catedral de la lucha libre en Juárez, el gimnasio municipal Josué Neri Santos, es el lugar que, de inicio, auspició los primeros pasos profesionales del hoy internacionalmente conocido gladiador. El talento de Armendáriz pronto conoció otros derroteros y desde muy joven alternó con los mejores exponentes del pancracio a nivel mundial, trabajando de manera independiente o con algunas de las empresas más importantes de la disciplina.

Contrario a lo que mucha gente piensa, la vida de este luchador exótico no ha sido todo glamour y está marcada por los azotes de la discriminación, la depresión y las lesiones que le ha dejado el deporte. Tocar fondo es una expresión que suena a cliché, pero que se desata de las cintas de lo tópico cuando uno escucha las experiencias de quienes encuentran la fuerza necesaria para salir de los abismos.

En algún tramo de este 2023, la película de Roger Ross Williams se estrenará en el   Festival de Sundance y posteriormente en algunas de las conocidas plataformas y quizá llegue a exhibirse en algunas salas de cine. El talentoso actor mexicano, Gael García Bernal, quizá nunca se imaginó que en su carrera algún día iba a encarnar a un luchador exótico, y menos a uno con las características de Cassandro. La película cuenta además con las actuaciones de Joaquín Cosío, Roberta Colindrez, Perla de la Rosa, Raúl Castillo, entre otros.

Cassandro, a quien también llaman el “Liberace de la Lucha Libre” es un personaje complejo y poliédrico, muy difícil de desplegar en los tiempos de un largometraje. De cualquier forma, si Cassandro en el ring barre con los estereotipos, la película cumpliría si no se muestra exageradamente pretenciosa y hace caer al personaje en la idealización y la fácil presencia de la lágrima aspiracionista.

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