Opinión

Caprichos

Para la CFE, una vez más, la culpa es de incendios de pastizales y ahora la responsabilidad es del clima y la falta de gas proveniente de Texas

Jorge Fernández Menéndez
Analista

jueves, 18 febrero 2021 | 06:00

Ciudad de México.- Se suceden los apagones de energía en el noreste del país, ya en dos ocasiones en las últimas semanas ha habido otros en la península de Yucatán, y se amplían a distintas regiones de la República. Para la Comisión Federal de Electricidad, una vez más, la culpa es de incendios de pastizales y ahora la responsabilidad es del clima y la falta de gas proveniente de Texas, por la congelación de ductos causados por las heladas.

Aquello de los pastizales o la saturación de oferta (también a eso lo atribuyó) no tiene sentido, lo del frío sí, pero el problema no es el clima, sino las políticas que el Gobierno federal, vía la CFE y la Secretaría de Energía, quiere imponer, acabando con la pasada reforma energética, impulsando, en los hechos, una contrarreforma que es ilegal e inconstitucional y que busca regresar el rol monopólico a la CFE, basados en la utilización de combustibles fósiles.

No hay gas porque la CFE no dispone de depósitos para reservar gas por más de 48 horas y la mayoría proviene de Estados Unidos. El martes, el presidente López Obrador dijo que eso demostraba la necesidad de la autosuficiencia, pero, una vez más, encaró mal el problema y quiere solucionarlo con políticas de los años 70.

No somos autosuficientes porque el gobierno ha bloqueado las inversiones privadas en la explotación de yacimientos de gas que existen en diferentes puntos del país y, en forma notable, en la llamada Cuenca de Burgos, que abarca 12 municipios de Tamaulipas, 10 de Nuevo León y 12 de Coahuila, paradójicamente, la misma zona donde ahora no hay energía. Esa cuenca se extiende hacia Texas y en ese estado de la Unión Americana se extrae el gas, que se podría extraer de nuestro lado de la frontera para venderlo a México.

Existen, dentro del propio gobierno federal, planes de inversión, con empresarios extranjeros y nacionales (podrían ser inversiones 100% nacionales si así se lo proponen) que contemplan inversiones de decenas y decenas de miles de millones de dólares para explotar esa cuenca y otras regiones del país, de forma tal que podríamos ser absolutamente autosuficientes para el abasto de gas. En los proyectos están contemplados los gasoductos y vías de aprovisionamiento para que ninguna empresa en ninguna zona del país se quede sin gas, mucho menos las plantas de la CFE. No es una hipótesis, son propuestas concretas y listas para echarse a andar.

Ése era uno de los planes de inversión que mantuvo en sus oficinas Alfonso Romo desde noviembre del año antepasado y que el presidente López Obrador nunca aprobó. Romo renunció a su cargo. No es el único proyecto, otros funcionarios de la propia Presidencia le presentaron a López Obrador otro amplísimo plan energético, avalado sólo por empresarios mexicanos, sin injerencia externa, y mucho más amplio aún que el que había desarrollado la gente de Romo con el CCE. Se trataba, una vez más, de decenas de miles de millones de dólares en inversión privada directa. También fue desechado, porque en ambos casos no se garantizaba la preeminencia de una CFE que, lisa y llanamente, no tiene recursos, y si los tuviera no los debería utilizar en ello, para ni remotamente emprender inversiones de ese calado.

Es verdad que en algunas de esas exploraciones se tendría que usar la técnica del fracking, que el gobierno federal también prohibió sin explicación alguna. El fracking es debatido desde que comenzó a utilizarse hace años, pero se ha eficientado en forma notable, cada vez requiere menos agua y sus resultados son mejores. Tanto, que, gracias a ello, Estados Unidos goza ya de autosuficiencia energética, y con los planes para energía limpia y renovable que implementará Biden se convertirá, ya lo es, en un fuerte exportador de energía.

Aquí vemos cómo el sistema de generación de energía comienza a colapsar porque, sencillamente, no da abasto, y pese a que tenemos enormes posibilidades de generar energía, de gas, eólica, solar, éstas simplemente son desechadas por caprichos ideológicos. Pese a que los recursos privados disponibles para afrontar ese reto, lo mismo que los proyectos, ahí están. ¿No resulta criminal no utilizarlos cuando vivimos la mayor crisis económica contemporánea?