PUBLICIDAD

Opinión

Cantidad y calidad en la educación: no siempre van de la mano

El día de hoy poco más de quince mil jóvenes recibirán la noticia que habrá de definir su futuro: haber sido aceptados, o no, en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 08 junio 2022 | 06:00

PUBLICIDAD

El día de hoy poco más de quince mil jóvenes recibirán la noticia que habrá de definir su futuro: haber sido aceptados, o no, en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Algunos habrán de esperar para la siguiente oportunidad

En los últimos años de ha intensificado el debate sobre la necesidad de aplicar instrumentos diseñados para definir el perfil de los alumnos que habrán de insertarse a la vida universitaria y evaluar la pertinencia de que esto suceda. 

PUBLICIDAD

Años atrás con frecuencia nos encontrábamos con cierto número de alumnos que después de cursar varios semestres de una licenciatura, se daba cuenta de que “eso no era lo suyo”. Considerando que el gobierno a través de las universidades invierte buena cantidad de recursos para cada estudiante. Por ejemplo, según Milenio para 2018 Yucatán fue el estado que invirtió la mayor cantidad de recursos por estudiante: 168 mil 300 pesos seguido de Colima con 140 mil 300. Entre las entidades con menor gasto por alumno destacan: Baja California y Coahuila, el cual oscila entre los 21 mil 300 a 35 mil pesos. El gasto promedio por estudiante inscrito a nivel nacional representó 70 mil 500 pesos. La realidad es que educación en todos los niveles está lejos de ser gratuita y los recursos que de invierten en ella, como en todo lo que implique el uso de los escasos fondos públicos, debe rendir el fruto, o producto, esperado.

En este sentido, desde hace ya algunos años la UACJ ha flexibilizado su proceso de admisión permitiendo a los aspirantes definir su interés por dos carreras, esto para que el mayor número de aspirantes ingresen a la institución y con ello coadyuvar a que no se pierdan los recursos aplicados a quienes dejan su carrera trunca, pues si bien se acepta que cualquier conocimiento adquirido por ellos es ya un beneficio, habrá que recordar que finalmente no se cumple con el objetivo máximo: “… formar profesionales competitivos a nivel internacional a través de programas educativos de calidad; investigación científica pertinente al entorno regional; cuerpos académicos consolidados; infraestructura que facilite el acceso al conocimiento y el aprendizaje autodirigido; programas permanentes de difusión cultural y una organización certificada, socialmente responsable, incluyente, sustentable y libre de violencia.” 

Algunos compañeros docentes cuyas universidades públicas han cedido a la iniciativa de admitir a cuanto aspirante exista, comentan que hacerlo ha motivado una serie de desajustes. El primero de ellos es que al pedir también que las clases sean presenciales, al pasar la matricula de la facultad de Arquitectura de 1,200 a 1,600 alumnos, se han enfrentado por un lado a la falta de aulas para acoger a los estudiantes, así como a otros temas inherentes como la falta de docentes capacitados, por lo que se ha acudido a la improvisación. De hecho, en Arquitectura de la UACJ la mayor parte de las aulas tienen una capacidad para alrededor de 20 alumnos;  seguramente el aprendizaje que se tuvo durante estos años de pandemia aminore la necesidad de algunos espacios físicos, sin embargo no será así para salones como los equipados con computadoras que solo admiten 28, no más, pues ese es el número de equipo que, por cierto, deben tener características específicas para manejar gráficos, recibir mantenimiento adecuado y actualizarlas cierto número corto de años. 

Para universidades públicas la cotidianidad es importante: dar a los estudiantes lo necesario y de calidad de manera continua es un deber ante la necesidad de acreditarse ante organismos como la Acreditadora Nacional de Programas de Arquitectura y Disciplinas del Espacio Habitable, ANPADEH, es un requisito para obtener recursos públicos, muy diferente, por ejemplo a la UNAM, que tiene presupuesto asegurado, no importa que un buen número de alumnos tengan que tomar clase sentados en el piso

Respeto a quienes opinen diferente; por mi parte creo que es necesario seguir cuidando los recursos públicos y velar por la calidad académica. Creo que es mejor invertir en políticas que aseguren empleos a los alumnos al graduarse, a que no puedan colocarse en el mercado laboral por falta de oportunidades. También pienso que para algunas carreras, como Medicina y Odontología, se requiere de espacios en hospitales púbicos para culminar sus estudios de medicina general o alcanzar una especialidad después de 15 años de estudios. Son imprescindibles las inversiones para equipar espacios de práctica tan necesarios para la comunidad. 

Y así para muchas carreras en donde la calidad y cantidad no van precisamente de la mano. Para quienes en esta oportunidad no quedaron dentro la vida no se acaba, y para el próximo semestre serán mucho menos los aspirantes. Sería irresponsable abrir las puertas a todos el que lo pida para finalmente defraudarlos en su formación. Este es el debate.

PUBLICIDAD

ENLACES PATROCINADOS

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

close
search