Opinión

Campaña de vacunación

Desde principios del año pasado, uno de los diversos debates que se dieron en el contexto global de la pandemia es la manera en que los países industrializados acapararon la mayoría de las vacunas

Sixto Duarte
Analista

martes, 11 enero 2022 | 06:00

Desde principios del año pasado, uno de los diversos debates que se dieron en el contexto global de la pandemia es la manera en que los países industrializados acapararon la mayoría de las vacunas, dejando de lado a los países menos desarrollados en este reparto. Así, surgía el debate de quién debía de vacunarse primero, si un médico de primera línea contra el Covid-19 en Uganda, o un joven sin comorbilidades en California.

El propio José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del gobierno español, expresó esta preocupación en un foro organizado por Movimiento Ciudadano, hace poco más de un mes en la Ciudad de México. Manifestó que en Europa, países pobres y ricos comenzaron a vacunar al mismo ritmo, y que ese no fue un ejemplo que se siguiera en el resto del mundo.

A un año de que se empezaron a aplicar las vacunas en el mundo, los países industrializados han vacunado más porcentaje de su población que los países en vías de desarrollo. El Covid-19 no respeta fronteras, estratos sociales o política. Es una enfermedad “democrática” que da a todos por igual. Este acaparamiento (salvo que algún médico o especialista en epidemias me corrija) trajo como consecuencia el desarrollo de nuevas variantes, como ómicron, la más reciente de la enfermedad.

Conseguir vacunas se ha convertido en un reto de carácter diplomático de cada país en desarrollo, como el nuestro. En México, hemos visto que el canciller va a recibir los envíos de vacunas al aeropuerto, convirtiendo esta acción, casi en una acción de Estado; casi como ir a recibir a tropas que hubieran triunfado en una batalla en tierra extranjera.

El problema de México y su cultura política es que todo lo quieren politizar. Si comparamos la inauguración de una calle o puente a desnivel en Juárez, con el equivalente en El Paso, nos daremos cuenta de las diferencias: aquí, las autoridades dan el banderazo, lanzan discursos de por qué X o Y obra son el pago a un justo reclamo social, e incluso dan entrevistas. En El Paso, en cambio, se abre la calle o puente y ya. Nada de politiquería. Naturalmente que en el tema de las vacunas, las cosas no pueden ser distintas.

El manejo de la pandemia por parte de las autoridades federales en nuestro país ha sido catastrófico. Más de 300 mil muertos desde que inició la pandemia han convertido a México en el quinto país con más muertes por esta terrible enfermedad. Eso, tomando en cuenta cifras oficiales, pues de otra manera, estaríamos dentro de los primeros tres lugares del planeta.

Ahora bien, el manejo de la campaña de vacunación, no ha sido tan desastroso, aunque tiene espacio para mejorar. López Obrador encomendó al ejército la administración de las vacunas, en conjunto con autoridades locales. Como siempre, la política del gobierno ha sido “O lo hace Marcelo (Ebrard) o lo hace el Ejército”. Parece que no hay puntos medios. Si bien la estrategia de vacunación se ha ido puliendo en los últimos meses, no se entiende esa obstinación de controlar hasta el último momento la vacuna. La única explicación que pudiera darse es que el presidente quiere sacarle toda la raja política posible a la vacunación.

Una de las instituciones más nobles con que cuenta el Estado mexicano es el Instituto Mexicano del Seguro Social. Hablo de su objeto y misión, no de las pésimas condiciones de infraestructura hospitalaria en que se encuentra. Lo que es cierto es que el IMSS tiene diversas unidades médico familiares, consultorios, etc. ¿Por qué no hacer partícipe al Seguro Social en esta campaña? El IMSS tiene una amplia cobertura geográfica en todo el territorio nacional. Quizá involucrándolo, la campaña de vacunación sería más dinámica y se acabaría antes con esta tarea.

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