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Opinión

Campamentos en el río, una bomba de tiempo

Todos hemos migrado alguna vez, y si no lo hicimos nosotros, lo hicieron nuestros padres; quizá en migraciones paulatinas o en oleadas, pero es un fenómeno que ha existido siempre

Zuri Medina
Analista

viernes, 18 noviembre 2022 | 06:00

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En la entrega anterior hablamos sobre la tradición de Juárez, de ser una ciudad puente para quienes buscan el sueño americano, sean connacionales o migrantes de otros países; y de las afectaciones consecuentes que este tránsito o temporal asentamiento, ha generado a nuestra ciudad, desde la última década del siglo XIX.

Todos hemos migrado alguna vez, y si no lo hicimos nosotros, lo hicieron nuestros padres; quizá en migraciones paulatinas o en oleadas, pero es un fenómeno que ha existido siempre y que más que detenerlo, porque no se podrá, debe gestionarse. Hoy nos encontramos nuevamente ante un fenómeno migratorio que ha involucrado involuntariamente a nuestra ciudad y que puede provocarle afectaciones severas si no se gestiona adecuadamente.

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En días previos, el gobernador de Texas, Greg Abbott comunicó la toma de medidas sin precedentes para evitar lo que él denominó “una invasión” al estado que gobierna.  Entre esas medidas está el refuerzo de su frontera con el despliegue de elementos de la Guardia Nacional para hacer retroceder a quienes intentan cruzar su frontera de manera ilegal; implementar el Departamento de Seguridad Pública de Texas para arrestar a los inmigrantes y deportarlos, entre otras medidas que lo menos que han provocado (hasta ahora), son relaciones tensas entre las autoridades involucradas. 

No se hizo esperar la respuesta de la cancillería mexicana“rechazando” las medidas anunciadas por el gobernador texano y declaró que la red de consulados mexicanos en Texas “estará alerta”para evitar violaciones a los derechos humanos de nuestros compatriotas. También declaró el presidente López Obrador, aún sin tener certeza de las declaraciones del político estadounidense, que “no comparte su fobia (de Greg Abbott) a los migrantes”y que nosotros (los mexicanos) “somos gente de paz”.

Si bien es cierto, tanto en Estados Unidos como en nuestro país, la aplicación de las leyes migratorias y el control de la frontera son facultades federales y no de los gobernadores, hay una realidad más allá de las posturas políticas que asumen nuestros gobernantes y esta realidad se vive en Ciudad Juárez (así como en otras ciudades que son frontera con el sur de Estados Unidos) y pesa a los habitantes de esta ciudad en su actividad cotidiana.

Párrafos arriba mencionamos la gestión de la crisis migrante, a este respecto, el gobierno mexicano fue laxo en el resguardo de la frontera sur de nuestro país y el control de ingreso de migrantes centro y sudamericanos. En abril de 2019, Alejandro Encinas declaró que existía un plan económico del gobierno para abrir puestos de trabajo (ofrecidos a migrantes) y establecer servicios en todo el sureste del país; lo cierto es que había intenciones, más no un plan, pero eso no fue impedimento para otorgar permisos de residencia regionales. Una vez internados los migrantes en nuestro país, se desplazaron a otros estados y ciudades.

Lo anterior es un botón de muestra de lo condescendiente que ha sido el gobierno federal y al mismo tiempo irresponsable, pues no hay empleos bien pagados para los nacionales y andamos ofreciendo empleos a los extranjeros. 

En términos generales, los gobiernos, tanto en aquellos que generan la migración, como los que reciben migrantes, se muestran incapaces de proporcionar asistencia y protección a las personas vulnerables; eso es lo que está aconteciendo hoy en México, pero concluiremos hablando específicamente de Ciudad Juárez.

De ninguna manera puede recurrirse a actos xenofóbicos, ni violaciones a los derechos humanos de quienes están en situación de movilidad forzada, pero los gobiernos, según sus competencias y facultades, deben gestionar esta situación antes de que la bomba de tiempo nos estalle en las manos.

El ir y venir de declaraciones entre el gobernador de Texas, el presidente López Obrador, el canciller mexicano y demás autoridades, puede desembocar en situaciones nada convenientes y quien pierde más siempre es México. Injusto o no, las autoridades texanas están en su derecho de controlar el ingreso a su territorio (el cómo lo hagan, es materia de otro análisis) y si las autoridades mexicanas no tomaron las medidas primero, para controlar el ingreso de migrantes y después, para contener su desplazamiento hacia esta frontera, Texas no tiene por qué venir a hacernos la tarea.

La permisividad que se está teniendo respecto al asentamiento de campamentos de venezolanos a la orilla del Río Bravo, puede propiciar real hostilidad en las relaciones oficiales entre ambas ciudades fronterizas, con las notorias incomodidades que esto provocará a los sectores que tienen intercambio de actividad comercial y a los juarenses cuya vida cotidiana transcurre en ambos lados de la frontera. 

Pero también puede transformarse de una crisis migratoria, a una crisis humanitaria (desde mi particular convicción ya lo es), cuando el clima hostil de nuestra región y las condiciones en que los venezolanos han decidido estar ahí asentados, propicie severos problemas de salud, principalmente en los niños, que son los más vulnerables. Y si llega a haber consecuencias fatídicas, que no lo deseamos, se incriminará a los gobiernos locales de dichas consecuencias. Actuar con riguroso apego a la ley y hacer valer el estado de derecho, es una responsabilidad que parecen estar omitiendo nuestras autoridades, y como lo dice la trillada frase, por acción u omisión, serán responsables.

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