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Opinión

California Fashion X

Nos iba guiando una luna rojiza por la profundidad del desierto

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 24 julio 2022 | 06:00

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Nos iba guiando una luna rojiza por la profundidad del desierto. En el cielo, miles de estrellas se confundían unas con otras, pero el trópico de Cáncer resaltaba como si Urano estuviera dibujando con un pincel de luz, el vértice de la y-griega del signo zodiacal que domina la astrología en el mes de julio. Cruzamos las dunas de Samalayuca de madrugada rumbo al sur. Al lado izquierdo se veían las brechas llenas de forajidos que atraviesan por las faldas de la sierra donde descansa el dragón. Del otro lado, a lo lejos, la carretera muestra la larga fila de autos que intentan llegar a Ciudad Juárez. 

El convoy de razers se resbala por los médanos en una formación militar; un razer al frente abre la brecha por los bancos de arena que se forman desde tiempo inmemorial, cuatro vehículos en línea le siguen y uno más cubre la retaguardia, en total somos seis. Las llantas almendradas de estos ‘todoterreno’ son como dos cuchillos que van cortando el fardo con rayas de charamel. Era fácil ubicarse en el espacio geográfico por las luces que nos rodeaban. 

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Pero de pronto todo oscureció y luego atravesamos una cordillera por un pequeño desfiladero. En ese momento perdí la brújula interior. Tras unos veinte o treinta minutos de camino a ninguna parte, llegamos a un lugar amurallado que parecía una bóveda de luz a la distancia. Cruzamos desde el Valle de Juárez hasta un lugar por Samalayuca durnte unas tres horas. Si mis cálculos eran verdad, estábamos en las inmediaciones de Villa Ahumada, muy cerca de la línea geográfica que separa a Juárez del resto del estado, al resto del país y al resto del continente. Nos abrieron las puertas que parecían la entrada de los titanes. Detrás de las murallas de piedra nos esperaba un pequeño pueblo con arquitectura de principios del siglo, muy al estilo de las casonas del Siglo XIX, con diseños europeos de fachadas y las calles empedradas al estilo colonial. 

Casi en el centro de aquel lugar, el convoy se detuvo, el alumbrado público era perfecto, parecía de día y en cada esquina había varias cámaras, aquello era como el Big Brother. Todos bajamos y nos reunimos en torno a Omega Once, la mujer tenía ese halo que se nota en la gente del poder. El profesor Zobek tenía un color pálido y su mirada desorientada, entonces la mujer ordenó “llévenlo a la enfermería, seguramente necesita su dosis de insulina”. Lo dijo con tanta naturalidad que parecía conocerlo más que nosotros -lo que no era mucho, considerando que tenía apenas dos días de amistad que parecían dos décadas-. Babe Sharon pidió un poco de agua y Tonatiuh aprovechó para secundar. 

A cada uno le entregaron un bote de plástico lleno con agua fresca. Luego comenzó un tour por aquel lugar. “Vamos a dar un paseo -dijo Omega Once-, este lugar fue construido el año de 1990, en aquel tiempo, un grupo de empresarios de Ciudad Juárez, de todos los giros, eligieron esta tierra, apartada de toda la civilización, para tener donde reunirse en secreto; el plan original era tener un campo de golf y helipuerto, se trataba de un exclusivo centro de negocios en medio de la nada; las cuatro familias más ricas de Juárez le entraron al proyecto, pero también el naciente Cartel de la Frontera se quiso sumar, entonces comenzaron la construcción con dinero que provenía de todos lados…lamentablemente, con la caída de las principales cabezas y el inicio de la guerra todo se vino abajo…recordarán que mataron en Cancún a Rigo Almanza en 1993 y después vino la devaluación de 1995, nadie quería seguir con el proyecto, los empresarios comenzaron a sacar sus inversiones para llevarlas a Estados Unidos, este lugar se quedó a la mitad y no había dueños, nadie quería ser vinculado con el crimen, así que decidieron sepultarlo, como le hacen los ricos cuando algo sale mal. Entonces, mi esposo y yo decidimos continuar, fuimos seleccionando a familias para continuar el proyecto, el compromiso era que tendrían que ayudar a construir lo que faltaba y vivir conforme a nuevas reglas; inspirados en el experimento anarquista de Robert Owen, decidimos tener nuestros propios principios comunitarios, mi esposo era el encargado de la obra, un arquitecto de izquierda que vivió en España en el barrio Okupa de Madrid, el último resquicio de la resistencia contra el capitalismo -se detuvo para tomar un poco de agua de una cantimplora-; y pues esto se convirtió en un lunar perdido en el desierto para hacer comunidad; ustedes lo van a ver en unas horas más, aquí los niños pueden pasar la tarde en las calles jugando y no les pasa absolutamente nada, nuestra regla principal es cuidar a los más pequeños y los más ancianos. 

Aquí hay cincuenta y tres familias en diez comunas, cada una separada, en cada comuna tienen espacios compartidos y cada seis meses se van rotando las familias en las casonas, así que tenemos que cuidar las construcciones porque todo es de todos y llevarnos bien porque tarde o temprano viviremos juntos; cada casona mide tres mil metros cuadrados, aquí lo que sobra es espacio, en medio de cada comuna hay un gran patio y alrededor del patio están las habitaciones, incluyendo una gran cocina comunitaria, comedores y habitaciones, en cada una de estas casonas viven cinco familias; nuestra escuela está en todos lados, cada adulto enseña lo que sabe hacer a los más pequeños, una vez a la semana hacemos reuniones culturales y deportivas, tenemos maestros de todo, aprovechamos el recurso humano al máximo”. 

Omega Once lucía cansada después de dar esa primera explicación, un acompañante le tendió su mano para tratar de sostenerla pero ella lo rechazó con un ademán y continuó “verán, todo esto no sería posible sin dinero, así que decidimos vender un servicio bastante raro a quienes lo puedan pagar, aquel edificio que ven al final es nuestra fuente de ingresos, retomamos la idea del centro de negocios, así que tenemos una casa segura para quien quiera venir a un lugar a negociar cualquier cosa, un consulado de paz, aquí hemos recibido a líderes de todos los grupos, del crimen organizado, así como de gobernantes, empresarios, hasta artistas, todos los asuntos más importantes de la región se han discutido en este lugar, en un absoluto secreto, lo que vendemos es seguridad y nuestro silencio, descubrimos que, después de la impunidad, es lo más valioso en este mundo alocado, allá afuera se matan pero aquí pueden hablar; y, el segundo negocio, es una zona franca, a un lado del edificio principal pueden ver una gran nave de bodegas, aquí pueden ustedes guardar lo que quieran sin que nadie se entere, todo eso funciona gracias a la gente que vive aquí, este lugar lo bautizamos como la Nueva Chaveña”.

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