PUBLICIDAD

Opinión

California Fashion VI

“Siéntense”, ordenó el profesor Zobek. Tonatiuh y yo obedecimos, usamos un par de botes de vacíos como sillas y nos pusimos en el rol de estudiantes, listos para escuchar el monólogo

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 19 junio 2022 | 06:00

PUBLICIDAD

“Siéntense”, ordenó el profesor Zobek. Tonatiuh y yo obedecimos, usamos un par de botes de vacíos como sillas y nos pusimos en el rol de estudiantes, listos para escuchar el monólogo. Al lado de nosotros, un luchador exótico cepilla con delicadeza su pelo pintado de un color rubio nórdico que contrasta con su color de piel cobriza, en su frente tiene cien cicatrices que parecen un código de barras, la sonrisa coqueta y sus ojos pispiretos parecen de una adolescente, las arrugas ocultas en el maquillaje barato hacen notar más los años, con la pierna cruzada mueve todo su cuerpo como un péndulo mientras nos ve con curiosidad. Zobek se convirtió en un maestro de la lucha libre, aquí se pudo camuflar sin problema, entre las máscaras y los personajes pasó desapercibido. En todos estos años, nunca extrañó el futuro, mucho menos el pasado. El profesor encendió un cigarro Pall Mall y aspiró lentamente hasta quedar satisfecho. Aquello era un infierno seco. “Andan ‘miando’ fuera de la olla”, el profesor aventó una gran bocanada de humo y siguió hablando mientras seguía saliendo el vaho del tabaco de su nariz y boca. “Ya me hablaron de todos lados y no entiendo por qué los traen del tingo al tango y ni saben lo que quieren -hizo una pausa-, vamos a ver, lo que ustedes andan peleando es el acta original de la fundación de estas tierras; pero lo están haciendo en el lugar equivocado, porque no es la iglesia católica quien lo tiene, el documento, si es que existe, lo tienen los auténticos fundadores: el pueblo N’dee/N’nee/Ndé”. Histriónico, volvió al recurso de la pausa dramática, mientras el luchador exótico se pinta las uñas de color violeta. El cansancio de dos días sin dormir comienza a pasarnos la factura. “Vamos a la historia oficial primero. Fray García de San Francisco llega y construye la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de Mansos del Paso del Río Norte en 1659, esto fue verdad en parte. Lo que se ha ocultado todo este tiempo es que, mucho antes, para ser exacto en el año de 1598, Juan de Oñate pasó un reporte a la Corona Española donde afirma que hay una pequeña comunidad N’dee/N’nee/Ndé asentada al lado del Río Bravo y en esa carta pide que este lugar sea la capital de la nueva provincia de Nuevo México y afirma que está en negociaciones con la tribu para compartir el lugar. Sin embargo, la carta nunca llegó a su destino y comenzaron una serie de conflictos armados entre los pueblos originarios de estas tierras y los invasores que terminó en una tragedia. La sangre llegó al río. Al pueblo N’dee/N’nee/Ndé después se les llamó Apaches y se convirtieron en el símbolo de la resistencia contra los conquistadores en el norte de la Nueva España, nunca pudieron dominarlos completamente. Desde entonces, hasta la fecha, siguen aquí”. La clase de historia se había convertido en una epopeya, el profesor Zobek tenía nuestra atención absoluta, mientras el luchador exótico limpiaba sus botas con una pequeña brocha que hundía en jabón de calabaza para luego restregarla en la piel. “Entonces -continuó el relator-, aquí hay dos puntos, el primero es que la propiedad original de estas tierras es de la comunidad N’dee/N’nee/Ndé, eso de que el padrecito franciscano llegó y encontró aquí a los supuestos indios mansos es una tremenda mamada; mi hipótesis es que a esos indios mansos los trajeron de otro lado, allá del sur probablemente y los pusieron a trabajar aquí a la brava, en pocas palabras eran esclavos”, dijo mientas señalaba con los dos índices hacía el suelo como si clavara un aguijón en la piel de un cordero. “Segundo punto -retomó el monólogo-, en todo caso, quien vio el potencial de esta zona fue don Juan de Oñate y tuvo la intención de que aquí fuera el centro político y económico de Nuevo México; esto demuestra que Paso del Norte era muy lejano a la Nueva Vizcaya que tenía su centro en Durango. Por eso, este asunto es simple geografía, Juárez no tiene nada que ver con el resto de Chihuahua, ni con Durango, ni con el resto de los estados del norte”. De nuevo la parsimonia del silencio. Entonces ¿qué estamos buscando? -pensé a mis adentros-, mientras que Tonatiuh se rascaba la cabeza esperando que una idea germinara para salvar el plan original. El luchador exótico comenzó a ponerse unas medias de red usando las palmas de la mano para desenrollar el tejido. El profesor Zobek tiró la colilla del cigarro en una lata de Tecate y rompió el descanso diciendo “Cada diez o quince años se revive esta misión de separar a Juárez de Chihuahua, pero luego se apaga la mecha y nadie lo vuelve a mencionar. En 1965, Armando González Soto trajo a un equipo de historiadores para presentar pruebas de que Ciudad Juárez tenía otra historia distinta a la fantasía que le inventaron, de ahí salieron la mayor parte de estos datos, pero nunca encontraron un documento, fueron solamente testimonios y deducciones. González Soto quiso ser gobernador en 1968, por poco lo logra, pero el grupo de los ricos de Chihuahua capital se enteró que quería separar a Juárez y lo bloquearon hasta que lo sacaron de la jugada, se lo chingaron a pesar de ser muy amigo de Gustavo Díaz Ordaz, por cierto, ambos fueron informantes de la CIA. Es lo más cerca que hemos estado de liberarnos, en aquel tiempo, los gringos veían con agrado que Juárez fuera separado, eso le daría más impulso a la industria; fíjense bien, desde entonces los gringos pensaron en crear una zona franca, era todo un modelo de vanguardia de comercio exterior, una cápsula industrial sin nacionalidades, el paraíso del capitalismo y la globalización, Juárez sería una isla en la frontera; el proyecto estaba supervisado por la CIA, tenía el nombre clave de ‘California Fashion’ y se operó con éxito, pero no les alcanzó el tiempo, comenzaron las crisis políticas en el centro del país y tuvieron que dejarlo pendiente, los que siguieron en el gobierno pensaron en una alternativa moderada que llamaron el modelo maquilador”. El luchador exótico, esperó a que terminara su discurso el profesor Zobek y luego dijo con el hilito de voz que a propósito fingía para representar su personaje “ya había escuchado esa historia, un soldado de Fort Bliss me la platicó hace veinte años, pero dijo que los Tiguas en San Elizario tenían un archivo donde estaban todas esas cartas antiguas”. Hasta el profesor Zobek se sorprendió de aquella revelación y contestó con voz de dandy “pues llévanos muñeca”. 

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Notas de Interés

ENLACES PATROCINADOS

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

close
search