Opinión

¡Cada loco con su rojo!

Javier Corral se tira a la milonga en Cancún mientras que Juárez llega a una cifra récord de 73 muertes por Covid en las últimas horas

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 22 noviembre 2020 | 06:00

Javier Corral se tira a la milonga en Cancún mientras que Juárez llega a una cifra récord de 73 muertes por Covid en las últimas horas. No hay ninguna justificación para que el gobernador se distraiga en la grilla nacional, porque su responsabilidad está aquí, en los hospitales, atendiendo la emergencia sanitaria.

Los chihuahuenses sufren las de Caín, cientos hacen fila para recibir atención médica, miles se esconden del virus debajo de las sábanas para criticar en Facebook a la gente que sale a ganarse la vida y cientos de miles torean el Covid-19 en la rutera o en el trabajo.

La única respuesta del Gobierno estatal es jugar con un semáforo rojo imaginario; que no existe al menos para tres grupos sociales: los ricos que se pueden aislar herméticamente porque tienen empleados para que se arriesguen por ellos; el crimen organizado que le vale sombrilla cualquier ley; y los más pobres que sufren de otra pandemia permanente, la miseria.

En este escenario caótico hay muchas víctimas. En Chihuahua los afectados más visibles son los muertos y sus familias, lamentablemente la cifra aumenta a pesar del toque de queda que a todas luces fue absurdo e ineficaz; las otras víctimas son los médicos y el personal hospitalario que están en el mayor riesgo de contagio, sin equipo, sin medicamentos, sin material y sin el bono que les prometieron.

Pero ellos no son los únicos afectados. También los empresarios y empleados de comercios, sobre todo los negocios pequeños, son víctimas del toque de queda. Las grandes cadenas pueden aguantar cualquier cierre temporal, pero las empresas locales están en agonía, cada semana cierran sus puertas decenas de comercios ante la mirada indolente del gobierno y de la misma sociedad que se ha envenenado con la falacia del gobierno que dice “el contagio se da en los comercios” y bajó ese argumento ha cerrado los que considera establecimientos de negocios “no esenciales”. 

Se nos olvidó muy rápido el problema de fondo. La cuestión es que el Covid puede ser mortal dependiendo de la persona y de la clase social. Una familia de clase alta tiene menor riesgo de contagiarse que una familia de clase media o baja, puesto que pueden encerrarse a piedra y lodo, reduciendo el riesgo de contagio al mínimo. 

Por el contrario, una familia de un trabajador promedio o de un jornalero, necesita trasladarse de un lugar a otro en camión, hacer fila para subirse a la rutera, hacer la fila para el banco, también hacer fila para entrar al supermercado y para hacer un trámite ante el gobierno. Entonces el riesgo es más alto.

También hay una gran diferencia cuando alguien se contagia. No es lo mismo ser atendido en un hospital privado y tener aparatos de alta tecnología, medicamentos y especialistas para la atención temprana, que ir a hacer fila a un hospital público donde no hay ni para una aspirina. Dos personas con las mismas características y las mismas posibilidades idénticas de salvarse -con el tratamiento adecuado-, tendrán distintas expectativas de sobrevivir si uno acude a un hospital privado y otro a un hospital público. Evidentemente la alta tasa de mortalidad en Juárez tiene relación con la pobre infraestructura hospitalaria.

Eso sí, si la situación de una persona es altamente vulnerable, así vaya al IMSS, a Houston o a Manchester, al que le pega el Covid y no responde al tratamiento se muere. En ese sentido, el virus cuando es mortal también es democrático, no distingue estatus económico, ni político, ni religión; si te toca, te toca.

Son tantas y tan diversas las probabilidades que hay frente la pandemia, que cada caso es distinto. Por eso, imponer reglas generales es absurdo. No se puede acabar con la pandemia con un decreto del gobernador. 

Conocí de primera mano un ejemplo. Recién que entró en vigor la orden del gobernador -de que nadie podía estar fuera después de las 7:00 p.m.-, una empleada de un Oxxo, al salir de su turno a las 9:00 p.m. fue detenida y multada por un agente vial. Su queja era que la multa de mil 500 pesos es cinco veces su salario. Evidentemente, la ley siempre será superada por la realidad que tiene variables infinitas. 

Ese mismo fin de semana, mientras los policías y las células Covid atendían denuncias de fiestas en casas particulares en la periferia de la ciudad, en los fraccionamientos cerrados de la zona dorada se hacían fiestas sin que la policía pudiera siquiera asomarse. Para los más privilegiados el semáforo rojo solamente está en las esquinas.

Y, mientras la policía perseguía fiestas-covid, el crimen organizado no se detuvo, en noviembre llevamos 68 homicidios dolosos, con todo y el toque de queda, lo que demuestra que el único rojo que conocen los sicarios es el de la sangre que se derrama todos los días por nuestras calles.

A pesar de que el gobierno intenta convencernos de que la estrategia de aislamiento extremo funciona, la realidad es que las cifras dicen lo contrario; la emergencia tiene una interpretación a modo, que le sirve a los burócratas de la salud para justificar el error de cerrar todos los comercios “no esenciales”. Sin embargo, el cierre está sostenido con argumentos débiles, con simples corazonadas sin datos científicos. 

Para muestra, la falacia del contagio fronterizo. Es falso que el aumento en los contagios es provocado por los visitantes de El Paso, porque Chihuahua capital también tuvo un repunte igual al de Juárez y ellos no están en la frontera. 

Una de las grandes reflexiones sobre esto, es que El Paso y Juárez tuvieron un repunte pero con restricciones de movilidad completamente distintas (y con una tasa mucho menor de mortalidad porque allá sí tienen buen sistema de salud). Dos efectos iguales con causas distintas. En El Paso, la discusión de cierre de comercios y restaurantes fue polémica, pero al final no hubo razones suficientes para cerrar los negocios y ahorcar la economía. Aquí ganó la sinrazón y la indolencia del gobernador Javier Corral. La respuesta nunca fue el cierre, la respuesta es bajar el aforo.

Es evidente que la política de salud frente a la pandemia no ha funcionado en Ciudad Juárez. Recién se anunció que Chiapas se une a Campeche en el semáforo verde, mientras que el gobernador de Chihuahua sigue culpando a los chihuahuenses de los contagios y hace grilla contra el Gobierno federal en las playas de Cancún. La salida fácil de la demagogia.

El problema del colapso hospitalario se ha confundido con el riesgo de contagio. El Gobierno estatal no distingue entre preñadas y paridas (como dicen en el rancho). Una cosa es el problema de falta de infraestructura hospitalaria (responsabilidad del Estado) y otra muy distinta el riesgo de contagio (que es responsabilidad ciudadana).

Si se quiere prevenir un riesgo, primero se necesita hacer un diagnóstico. Le pondré un ejemplo, usted sale de su casa todos los días y tiene el riesgo de ser víctima de un accidente automovilístico. Si usted no cruza una calle con precaución, entonces el riesgo aumenta.

En la pandemia, el riesgo es el contagio. Usted sale todos los días y las instrucciones son muy claras y lo dice la Organización Mundial de la Salud: use cubrebocas, practique el distanciamiento físico, lávese las manos constantemente y no se toque la cara. Así es como se disminuye el riesgo de contagio. Puede seguir estas instrucciones y entrar a un restaurante, comprar ropa o ir a un centro comercial y la reducción del aforo servirá para evitar las aglomeraciones, porque de todas formas la mayoría están asistiendo a su trabajo habitualmente y se trasladan en camión ¿cuál es la diferencia? 

En conclusión, es absurdo cerrar los restaurantes completamente, si la gente puede comprar comida para llevar y el mayor riesgo está en la preparación. Es ingenuo pensar que se evita el contagio cerrando una tienda de ropa local cuando la gente puede comprar por internet, lo empacan y lo llevan hasta su casa manipulando también la ropa. Para intentar equilibrar, el gobierno debe revisar todas las aristas y no perjudicar a los más vulnerables.