Opinión

Bye, bye al PIB

Los mexicanos hemos tenido que confinarnos, con esto le pusimos pausa a nuestra vida como la conocimos y nos preparamos para una que, cuando salgamos, sea lo más parecida a la que extrañamos

Yuriria Sierra
Analista

sábado, 23 mayo 2020 | 06:00

Ciudad de México.- Los mexicanos y ciudadanos en todo el mundo hemos tenido que confinarnos, con esto le pusimos pausa a nuestra vida como la conocimos y nos preparamos para una que, cuando salgamos del encierro, sea lo más parecida a la que extrañamos. Sin embargo, las consecuencias de esto ya las sentimos todos. Desde un nivel macro hasta en el más personal. Al menos uno de cada cinco mexicanos la está pasando emocionalmente mal, un dato de la encuesta publicada el jueves en El Financiero. Las razones son varias, se han subrayado previamente: el miedo por un contagio, la ansiedad por el futuro, el distanciamiento con los seres queridos, la incertidumbre. El Covid-19 ha mermado el ánimo de muchas personas; por ello la salud mental ha sido señalada ya por la OMS como una arista más de esta emergencia que debe ser atendida. 

Y bajo este contexto, qué mal tino (otra vez) el del presidente. No era una ocurrencia. Y si lo fue, si acaso fue una respuesta fácil y a bote pronto ante los cuestionamientos por el momento económico del país, resultado de decisiones previas a la pandemia y que se agudizarán tras ésta, ya quedó zanjado que Andrés Manuel López Obrador irá más allá, ya busca crear su propia medición del contexto nacional. Bye, bye al PIB, la unidad utilizada en todo el mundo para medir el crecimiento. El jueves, en Palacio Nacional, confirmó que ya trabaja en el proyecto: “Lo voy a presentar, un nuevo parámetro, que va a medir, sí crecimiento, pero, también bienestar, también grados de desigualdad social, se va a aceptar si hay crecimiento y hay menos desigualdad, y otro ingrediente en este nuevo parámetro, en este nuevo paradigma, la felicidad del pueblo...”, dijo a reporteros. 

¿Sonrisas en lugar de sueldos? Hay antecedentes sobre este tipo de mediciones. Cuando el presidente expresó que el PIB era un término que debía dejarse atrás para comenzar a medir el crecimiento junto al bienestar, ocuparnos más de lo espiritual, cobraron relevancia casos como el de Nueva Zelanda, que a decir de paso, ha sido uno de los países que mejor manejo tuvo frente al coronavirus, hoy, incluso, se dan el chance de proponer como medida de distanciamiento social, que la semana laboral sea sólo de cuatro días. Sin embargo, la enorme pregunta es: ¿cómo haría México para medir el progreso social, más allá del crecimiento económico bajo su propio contexto? 

Las proyecciones son terribles. BBVA estima que si la contracción de la economía nacional para este año queda en siete por ciento, el país terminará el 2020 con 12 millones de mexicanos viviendo en pobreza extrema; si la caída es de 12 por ciento, el saldo sería de 18 millones. En días previos, el Coneval advirtió estimaciones similares; hace un par de días, incluso, reveló que durante el primer trimestre de este año, 35.7 por ciento de la población total del país se ubicó en “pobreza laboral”, cuando hay trabajo, pero el salario no alcanza ni para productos de la canasta básica. En todos los casos son las condiciones económicas las que precisan más sobre bienestar y desarrollo que cualquier otra variable. Aunque López Obrador afirme que para su nuevo índice se asesorará de cronometristas, matemáticos, economistas, sociólogos, antropólogos, sicólogos y más especialistas, ¿cuál es la verdadera razón para esto? 

“El pueblo está feliz, feliz, feliz...”, es ya es una de sus máximas como presidente. La ha utilizado en más de una ocasión, siempre para descalificar índices o contextos poco o nada favorables. Ahora quiere hacer de esta frase un índice que disfrace la realidad, que convierta esas malas proyecciones en condiciones que, aunque de pobreza extrema, muestren a un pueblo contento con lo que tiene. Porque eso es. Con el nivel de desigualdad que existe en nuestro país, México no está en condiciones de medir bienestar, como sea que lo entienda el presidente. Y, para mejorar la vida de las personas es necesario que ese PIB que desdeña, crezca. Desaparecerlo sólo sería un acto de engaño.