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Opinión

Bartlett, el cabo suelto

La captura de Rafael Caro Quintero, exlíder del Cártel de Guadalajara, desencadenó desde el viernes un esfuerzo importante en las redes sociales asociadas al presidente

Raymundo Riva Palacio
Periodista

miércoles, 20 julio 2022 | 06:00

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Ciudad de México.- La captura de Rafael Caro Quintero, exlíder del Cártel de Guadalajara, desencadenó desde el viernes un esfuerzo importante en las redes sociales asociadas al presidente Andrés Manuel López Obrador, para impedir que la detención del narcotraficante tuviera como segunda víctima a Manuel Bartlett, el director de la CFE. Cuando asesinaron en 1985 al agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar, Bartlett era el secretario de Gobernación y su nombre se asocia con ese crimen. Pero la forma como lo defendieron, arrojó inopinadamente más lodo sobre el funcionario al abrirse otra potencial línea de discusión, el capítulo mexicano del Irán-Contras.

En el intento por quitarle responsabilidad a Bartlett, Jenaro Villamil, presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, y uno de los principales voceros del presidente López Obrador, publicó un hilo en Twitter en donde recuerda que “declaraciones y revelaciones de exagentes de la CIA apuntan a que fue esta ‘compañía’ la que ordenó el crimen de ‘Kiki’ Camarena porque descubrió los nexos de la CIA con el Cártel de Guadalajara y la DFS para financiar a la contra sandinista en Nicaragua”.

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Esta es una versión alimentada no sólo por Phil Jordan, a quien Villamil identifica erróneamente como exagente de la CIA, cuando en realidad era director del Centro de Inteligencia en El Paso, donde se recopila toda la información de inteligencia de la frontera de México y Estados Unidos, sino también por Héctor Berrellez, exagente de la DEA, que participó muy activamente en la investigación sobre los asesinos de Camarena Salazar, quienes identificaron como actor central del crimen a Félix Ismael Rodríguez, un afamado agente de la CIA que participó en la Invasión de Bahía de Cochinos, en la búsqueda de Ernesto Che Guevara en Bolivia que culminó con su muerte, y en el episodio del Irán-Contras, la guerra secreta del gobierno de Ronald Reagan para derrocar el gobierno sandinista en Nicaragua.

De todas las defensas de Bartlett en las redes sociales, la importante es la de Villamil, pues en su calidad de alto funcionario del gobierno, plantear, aunque sea como contexto, la presunta participación de la CIA en el asesinato de Camarena, presume una posición oficial con respecto al caso. Esa hipótesis es favorable a Bartlett, señalado por Lawrence Víctor Harrison, que fue asistente de Ernesto Fonseca, condenado también por el asesinato del agente de la DEA, como presunto participante activo en el crimen y en el asesinato de Manuel Buendía, el periodista político más influyente de los últimos 50 años. El contexto, sin embargo, es lo que no tomaron en cuenta.

El asesinato de Camarena Salazar ha estado vinculado desde un principio al caso Irán-Contras, donde el gobierno de Reagan trianguló una operación de armas por dinero fuera del ojo del Congreso, que había aprobado la Enmienda Boland que específicamente prohibía ayuda militar a la contra antisandinista. A través del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca, el teniente coronel Oliver North facilitó la venta de armas a Irán por más de 47 millones de dólares, que fueron transferidos en armas a la Contra, un ejército clandestino organizado por John D. Negroponte, desde la Embajada estadounidense en Honduras.

Poco antes de ser asesinado, Buendía me comentó que había encontrado la pista del contrabando de armas desde Texas, que entraban por Tamaulipas, seguían a Guadalajara, y de ahí a la Ciudad de México antes de enviarlas a Honduras, por vía de Guatemala. Buendía tenía identificado por nombre a una persona que era la que operaba el envío desde la capital federal. Tras su asesinato, investigaciones periodísticas arrojaron que el Cártel de Guadalajara participaba en la operación, enviando drogas escondidas en pipas de Pemex que entraban por la frontera tamaulipeca, a cambio de dinero y de colaboración en el transporte de armas, donde participaban varios comandantes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS).

Los hallazgos de Buendía y posteriores investigaciones periodísticas mostraban la colusión de los gobiernos de México y Estados Unidos con el Cártel de Guadalajara, pero el capítulo mexicano del Irán-Contras sigue lleno de hoyos negros. Es un episodio complejo y delicado. La guerra antisandinista había sido operada por la CIA y el Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, y la “compañía” trabajaba con la Secretaría de Gobernación y la DFS, que coloca a Bartlett en el centro de la tormenta desatada por la captura de Caro Quintero. De aplicarse el método de López Obrador, la Fiscalía General debería reabrir la investigación del asesinato de Camarena Salazar, pero no sucederá. Bartlett está blindado.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

twitter: @rivapa

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