Opinión

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Se llama Ana Estrada. A los 12 años fue diagnosticada con polimiositis, una enfermedad crónico-degenerativa que ataca a todos sus músculos. Hoy tiene 44 años y su nombre se anota ya en la historia del Perú

Yuriria Sierra
Analista

viernes, 05 marzo 2021 | 06:00

“La eutanasia, como otros temas cuya naturaleza es justo la misma, la libertad, seguirá ocurriendo con o sin leyes”

Ciudad de México.- Se llama Ana Estrada. A los 12 años fue diagnosticada con polimiositis, una enfermedad crónico-degenerativa que ataca a todos sus músculos. Hoy tiene 44 años y su nombre se anota ya en la historia del Perú. Es la primera persona en su país con la libertad de decidir cuándo desea morir. El Estado peruano le ha dado llave para la puerta de la eutanasia y no es que tenga una fecha clara de cuándo desea abrirla, lo que sí, es que su caso sienta un precedente en términos de libertades en toda América Latina, donde sólo Colombia se ha atrevido a debatir y reglamentar. Fueron cinco años de batalla legal que concluyó con una resolución que obliga a las autoridades de seguridad social a acatar la solicitud de Ana apenas sea recibida. Han fijado plazos para analizar los procedimientos, pero la máxima institución de sanidad de ese país no puede hacer caso omiso. No puede y, al parecer, no quiere. Pues no apelarán lo decidido por la Corte.

“Va a llegar un momento en que ya no pueda ni siquiera escribir o manifestarme. Así que, mientras aún podía, tenía que empezar. Mi cuerpo me falla, pero mi mente y mi espíritu está feliz. Quiero que el último momento de mi vida siga siendo así, en libertad…”, dijo a la agencia Reuters. Y su semblante, a pesar de estar postrada en cama, era de tranquilidad. Ana quiso tener la posibilidad de morir dignamente, aún no sabe cuándo, pero luchó por conseguirla. Podrá poner fin a su vida con el visto bueno de la justicia. Todos los seres humanos, en todos los países, deberíamos tener también éste último derecho. Si decidimos irnos, porque quedarnos es demasiado doloroso, deberíamos tener esta opción avalada por las leyes.

La eutanasia, como otros temas cuya naturaleza es justo la misma, la libertad, seguirá ocurriendo con o sin leyes. Ahí está el aborto, ahí también las tantas familias diversas, por poner solo unos ejemplos. Lo mínimo que se le puede exigir a un Estado es que abrace todas esas posibilidades que nacen con la toma de una decisión personalísima. 

En México, a pesar del gobierno de “izquierda”, seguimos esperando que la agenda progresista aparezca en los pendientes del Legislativo, al menos. Aunque no todo está perdido. Michoacán se convirtió ya en la primera entidad del país en aprobar la Ley de Menstruación Digna. Niñas, adolescentes y mujeres adultas podrán acceder a insumos de higiene sanitaria de forma totalmente gratuita en instituciones educativas. Medidas como ésta ya han sido aprobadas en países de avanzada como Nueva Zelanda. El fondo es simple: con esto se busca cerrar la brecha de género y social. Mujeres de todas las edades que optan por suspender sus actividades por no poder pagar una toalla sanitaria o un tampón, más aún cuando son adolescentes. Además, esta ley obliga a las autoridades a instruir sobre salud reproductiva. Dejar de hacer tabú temas inherentes a la naturaleza del ser humano. Ojalá pronto haya aquí un precedente como el de Ana Estrada, por lo pronto, qué bien por los legisladores de Michoacán.