Opinión

Autoridad desempoderada

Grave es porque se trata de la máxima autoridad, democráticamente electo y que en teoría representa al Estado mexicano

César Jáuregui Robles
Abogado

lunes, 06 septiembre 2021 | 06:00

El hecho ominoso de que la disidencia magisterial enquistada en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación con sede en el estado de Chiapas haya retenido al presidente de la República y su comitiva por más de dos horas a la entrada de un cuartel militar es prueba indubitable de que el poder, concebido como está, es totalmente ineficaz e inoperante. Grave es porque se trata de la máxima autoridad, democráticamente electo y que en teoría representa al Estado mexicano, mandando una señal inequívoca de que la fuerza, el uso de la violencia o la justicia por su propia mano han suplantado ya al Estado de Derecho, a la ley y al respeto institucional. También es muestra de que estamos a unos cuantos pasos de la anarquía y de lo que la voz popular denomina territorios sin ley.

Si tenemos un presidente que disfraza de ‘protesta ante los protestantes’, su claudicación del ejercicio de autoridad, es claro que existirán multiplicados estos hechos, no sólo en la figura del presidente, sino en cualquier funcionario que hoy no pueda dar respuesta a la masa popular, corriendo el riesgo de ser insultado, vilipendiado e incluso retenido o secuestrado, tal cual estamos observando ya.

Generar una cultura de convivencia social y de respuesta institucional que ayude al crecimiento personal y colectivo de quienes integran una comunidad, región o nación, es el objeto primario de quien se asuma como autoridad. No hay que olvidar que en su acepción primaria el concepto viene de “augere”, que en griego significa: el que promueve el auge, el desarrollo.

Cabría preguntarse, si dejando de lado la retórica presidencial, que es capaz de vendernos la idea de que es algo noble la parálisis del presidente en medio de una turba porque no se dejó chantajear, sirve en algo para acreditar el carácter de autoridad que es tan necesario con el fin de lograr la unidad y aceptación de propósitos conjuntos de gobernante y gobernados.

Qué pueden esperar los miles y millones de mexicanos que día con día sufren y resienten las amenazas de organizaciones y grupos criminales, que con facilidad extorsionan, delinquen u obstruyen la actividad cotidiana que realizan los ciudadanos en aras de ganarse el sustento.

Contrastante fue el hecho de que en los mismos días que el presidente tuvo agenda por el sureño estado se haya presentado la violencia de la autoridad hacia los migrantes que buscan cruzar hacia el vecino país del norte, por parte de efectivos del Instituto Nacional de Migración, quienes sin sensibilidad y respeto por los derechos humanos, agredieron a personas que sólo buscan mejorar su condición de vida y de sus familias.

Ese actuar incongruente e inconsistente con el discurso es el que debe cambiar, pues ya el presidente debe darse cuenta que la campaña permanente que inició hace ya varias décadas terminó y hoy debe dedicarse a ejercer el poder constitucional que recibió y asumirse como autoridad. 

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