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Opinión

Cultura de la paz para el buen vivir

Artivismo: el arte de alzar la voz

Ante las violencias hay quienes se van de la ciudad, algunos se encierran, algunos salen a protestar y marchan

Gizéh Beltrán del Río
Doctora en Ciencias Sociales

lunes, 02 mayo 2022 | 06:00

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Ante las violencias hay quienes se van de la ciudad, algunos se encierran, algunos salen a protestar y marchan; otros cantan, componen, leen poemas o cuentos, llenan de colores las paredes, bailan, representan la realidad u otras realidades soñadas. Varios podremos coincidir en que ‘a través del arte evitamos ceder al miedo’, en que ‘ése es el instrumento con el que luchamos para no dejar morir a nuestra ciudad’.

Artivismo. Conocí esta combinación de vocablos en trabajos académicos de 2016 acerca de Juárez. Me pareció una unión maravillosa de palabras para expresar el poder que tiene el arte para transformar, para alzar la voz y para ser un contrapeso a situaciones de violencia. Como parte de mi investigación académica, pero también gracias a la experiencia personal que me permite convivir en el ámbito a través del teatro, he tenido la oportunidad de explorar los alcances del arte, tanto para quienes nos expresamos a través de él como para los espacios y personas a las que llega. 

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La expresión artística ha estado siempre presente en la ciudad, incluso en las etapas de crecimiento exponencial de violencias. Para algunos, este tipo de períodos constituye precisamente un impulso, una fuente de motivación e inspiración para reafirmar la fuerza de lo que amamos hacer. 

Desde el marco de la paz podemos identificar varias de las contribuciones de múltiples artistas juarenses (desde aquellos del ámbito urbano y de colectivos, hasta aquellos de constitución más formal). Para evitar la imprudencia de olvidar nombrar a algunos, y dado que la lista es larga, me centraré en las aportaciones generalizadas, visibles desde numerosas disciplinas, entre las que destacan el hip-hop, el grafiti o arte mural, el teatro, la literatura, la música, el performance, la fotografía, el cine. 

¿Qué ha permitido aquí el arte? Por un lado, mostrar otra cara de Juárez. No porque no se toque el asunto de las violencias, sino porque, más allá de plasmar imágenes de horror como veríamos en un periódico o página amarillista, se suele hablar desde una sensibilidad que busca denunciar los efectos que éstas provocan: dolor, trauma, miedo, odio. Ha sido una herramienta para oponerse al olvido, para alzar la voz por quienes no son escuchados o ya no están, humanizando a las víctimas y desafiando la tendencia a criminalizar o revictimizar a muchas de ellas. 

Varios podemos asegurar su poder sanador; el refugio que puede ser ante momentos difíciles, tanto para el artista como para el espectador. Para los que nos ha tocado hacer intervención en colonias o barrios, testificamos la vida que brinda a los espacios. Es un acceso a otras posibilidades de vida. Hemos sido testigos de niñas, niños y jóvenes que abandonan su lugar en la pandilla para ocuparlo en los escenarios. Hablar de arte es también hablar de espacios de convivencia y colaboración. Contribuye a la construcción de lo que Galtung describe como la paz positiva, la cual requiere de una transformación de nuestra cultura, nuestras relaciones y estructuras para basarlas en la cooperación, la empatía, la participación, el diálogo, la armonía, la no-violencia, la creatividad. 

Me gusta ligar el arte a la alegría. No porque siempre se haga desde un lugar o estado feliz, sino porque, entendiéndola como lo hacen Spinoza y Deleuze, la alegría es un estado donde logramos estar al máximo de nuestra potencia o capacidad generadora. Desafía los afectos tristes que implican la negación del potencial propio y nos separan de nuestro poder de acción. Para ellos, la alegría es un motor para actuar, para la creación, algo que es imprescindible en la actividad artística. Por lo tanto, la alegría y el arte son un acto de resistencia. 

Los testimonios ahí están. ¿Cuánto más hay que probar para que se apueste al arte y a su efecto transformador?

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Cultura para la Paz es un proyecto de El Diario de Juárez en alianza con el Tecnológico Nacional de México, campus Juárez, el Comité de Pacificación y Bienestar Social (Copabis) y el Centro Familiar para la integración y Crecimiento A. C. (CFIC).

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