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Opinión

OPINIÓN

Armaron los castillos literalmente en el aire

El exgobernador y sus entonces subordinados, con altos cargos, secretario privado, secretario de Educación, subsecretaria de la misma dependencia, jefe de escoltas, respectivamente, hicieron ese viaje bajo el pretexto de funciones oficiales

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 12 junio 2022 | 06:00

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La gritoneada en tono de regaño, pero sin consecuencias mayores fue a muchos pies de altura y en confortable, extra lujoso, helicóptero Bell 429.

Quedó registrado el episodio con fecha 19 de marzo del 2021 en la bitácora oficial de vuelos del 429 -matrícula XC-LOP, número de serie 57296-.

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Fue un viaje de Chihuahua rumbo a Parral, ida y vuelta. Aparte de los pilotos iban Javier Corral, Francisco “La Coty” Muñoz, Carlos Herrera González; la regañada, Liliana Rojero, y “el Capi” Juan Manuel Escamilla, jefe de escoltas durante el corralato.

El exgobernador y sus entonces subordinados, con altos cargos, secretario privado, secretario de Educación, subsecretaria de la misma dependencia, jefe de escoltas, respectivamente, hicieron ese viaje bajo el pretexto de funciones oficiales.

En realidad, de lo que se trataba era de “jalar las orejas” a Liliana Rojero, quien participó en la guerra sucia contra Maru desde la precampaña electoral hacia el interior del PAN, ejerciendo el poder público –auténtico abuso- con los subordinados panistas, para tratar de inclinar la balanza en favor del alfil Gustavo Madero.

Lo hizo de manera tan torpe que fue grabada por una dama blanquizul y quedó constancia de su absurdo manejo en un audio luego difundido por El Diario y otros medios.

Ahí quedó en evidencia la abierta intervención corralista para denostar y descarrilar a la “güerita exitosa, alta, llamativa”, Maru Campos, como fue definida por Rojero.

“¿Desde cuándo está afiliada al PAN?”, le preguntó Liliana a la electora panista, en un tono amabilísimo, como si no estuvieran curtidos los militantes albiazules en esas llamadas e intervenciones desde el poder. De inmediato fue divulgado el contenido de la “invitación”.

Se comunicó Liliana con la empleada magisterial porque en el directorio que le pasaron con los panistas a promover, se encontraba ella, como integrante de la secretaría, oh casualidad, curiosamente subordinada suya en alguna escuela.

Jamás imaginó Rojero que la estaban grabando, y que ahí quedó constancia de la negativa fulminante para apoyar a Madero, pese a la amenaza velada de que Maru no pasaría ni en la interna, menos en la constitucional.

Quedó en lo evidente la conducta delictiva tipificada en que incurrió la entonces subsecretaria, quien acompañaba a Corral, a su jefe el secretario Carlos González y al resto de la comitiva, a bordo del helicóptero casi nuevecito.

Dos meses y unos días después del bochornoso audio fue trepada al helicóptero para ser amonestada y buscar la manera de salir del atolladero a esas alturas insalvable.

Casi igual ocurrió cuando fue entregada la nómina secreta a la directora de El Heraldo, Georgina Morett, en aquel viaje a Guachochi, del cual tuvieron la ocurrencia hasta de enviar boletín oficial con foto y toda la cosa. También usaron el Bell 429.

No es de extrañar que unos días después del viaje a la sierra del exgobernador con la directora de El Heraldo apareciera en las páginas de ese periódico la razón del viaje, con publicaciones de supuestas copias certificadas de nómina secreta, que después de un largo procedimiento cayeron por su propio peso.

El exgobernador Javier Corral andaba más entretenido en eso y en el “viva viva” de su dorada vida burócrata, que en atender incluso asuntos que para él entendemos eran de suma prioridad, como es el caso de la persecución contra César Duarte.

Todo el aparato del estado contra Duarte; un equipo especial de ministerios públicos, ministeriales, peritos, personal costosísimo, para que al final prevaleciera la ausencia de cuidado. Lo que hizo con Liliana y El Heraldo lo hizo con todo el tema de la “operación justicia para Chihuahua”.

La verdad dolorosa es que el exgobernador jamás atendió realmente ni esa que era o debía ser su principal preocupación, dado todo el tiempo dedicado al “corruptor”.

Ahora anda llorando lo que no defendió en su momento, un descuido imperdonable atribuible a su holgazanería y debilidad protagónica, sobre la cual no puede echar la culpa a nadie más.

Está tratando de enmendar sus fallas corriendo ridículo a Palacio Nacional y aventando pronunciamientos en redes, para aumentar el número de expedientes por los que pueda ser procesado Duarte.

Lo vemos exigiendo ahora a los gobiernos estatal y federal lo que no hizo él ayer, cuando era su responsabilidad como cabeza del Ejecutivo estatal y tenía a su disposición a la Fiscalía General del Estado, la Fiscalía Anticorrupción y hasta a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) con su amigo Santiago Nieto, y todo lo que ello significa en personal y posibilidades de persecución.

***

El jueves de la semana pasada antes de mediodía, fue anunciado que el exgobernador César Duarte tendría que comparecer ante las autoridades judiciales mexicanas, después de un largo proceso en Miami.

Pisó suelo mexicano el exgobernador en el mismo avión en que “El Chapo” Guzmán y otros delincuentes han sido entregados a las autoridades americanas. Llegó a la Ciudad de México, para los reconocimientos obligados de carácter médico y el papeleo ministerial.

Por la tarde-noche finalmente llegó el exmandatario a estas tierras norteñas. Del aeropuerto internacional “General Roberto Fierro”, en la ciudad de Chihuahua, fue trasladado de inmediato al penal de Aquiles Serdán, donde permanece. Cerquísima el aeropuerto al penal.

Descargó el Ministerio Público, como ya hemos sabido, todos los testimonios en su contra, incluyendo a los testigos protegidos, a quienes les fueron arrancadas sus declaraciones supuestamente bajo tortura, que el juez de la causa ya ordenó investigar.

La defensa expuso todos sus elementos en el sentido de cuestionar la calidad con la que testificaron dichos testigos, en maratónicas sesiones abiertas a la prensa, donde finalmente se dictó vinculación a proceso, a la vista de todos.

Ahora dice el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que le pedirán al gobierno de Estados Unidos una excepción al principio de especialidad, porque resulta que Duarte solo fue extraditado de manera oficial por dos delitos, únicamente dos, cuando se suponía que había decenas de carpetas por conductas delictuosas que representan la recuperación de cientos si no es que miles de millones de pesos.

Para colmo de Corral, esa solicitud de incorporar las demás carpetas provino del gobierno de Maru Campos, quien de manera inmediata que llegó Duarte se puso a la disposición incluso para una eventual atracción federal.

Es en ese contexto en que Corral corrió a Palacio Nacional a decirles “aquí tengo la información, que se entregó a Peña para la extradición”. Lo que no recuerda el nacido en El Paso es que ya fue en tiempos de AMLO donde fue recompuesta la carpeta para solicitar la extradición, con los elementos insuficientes aportados por su Fiscalía.

Fue AMLO quien le enmendó el entuerto, y hoy de nueva cuenta es a quien acude en busca de auxilio.

***

A estas alturas resulta imposible por razones técnicas, objetivas de derecho, y por supuesto de naturaleza política, que pretenda recomponer ese expediente y el proceso en general.

Si nos vamos a la parte técnica hay demasiadas aristas espinosas, y si nos vamos a la política peor, porque quien llegó a Palacio estatal no tiene ninguna afinidad con Corral, porque ella misma fue sujeta de la integración de expedientes con los mismitos ministerios públicos que le armaron el paquete a Duarte y a los duartistas.

Pese a ello, ha quedado claro con el encarcelamiento y vinculación a proceso que hay disposición de ir a donde tope en la persecución de los delitos atribuidos a Duarte, sin embargo, son demasiadas las fallas que irán saliendo poco a poco.

Para empezar, solo va la Fiscalía por dos delitos en lo que cuaja la petición del Gobierno federal al gobierno norteamericano.

Con toda la pena del mundo, pero la conclusión es que Duarte podrá estar un tiempecito en la cárcel, vendrán los amparos federales y seguramente modificarán la medida cautelar y volverá a su casa.

No por culpa de Maru, ni del Poder Judicial, ni de AMLO, sino únicamente del mismo que lo trato de aniquilar, mediante conductas ineptas.

Veremos cuál es la respuesta de Joe Biden con tanta bronca y elecciones enfrente, la inflación galopante, igualito que en México con la sucesión en puerta, el altísimo precio de la gasolina, miles de broncas.

No vemos por dónde Biden y el mismo AMLO tendrán cabeza para retomar una responsabilidad que el exgobernador flojo no asumió en su momento, pese a ser la madre de todas sus batallas, casi su única razón de existir.

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