Opinión

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Aprovechar el cerillazo para revisar desigualdad

Alcanzó su clímax esta semana la inesperada discusión acerca del Impuesto Sobre Nómina y la posibilidad de ayudar con sus ingresos a las quebradas finanzas del Gobierno estatal

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 10 octubre 2021 | 06:00

Alcanzó su clímax esta semana la inesperada discusión acerca del Impuesto Sobre Nómina y la posibilidad de ayudar con sus ingresos a las quebradas finanzas del Gobierno estatal.

Arrancó la controversia cuando la iniciativa privada de la ciudad de Chihuahua ofreció aumentar la sobretasa. Estalló cuando desde Juárez surgió una contrapropuesta bastante audaz e igual de polémica:

Que los principales beneficiarios del ISN, la Fundación del Empresariado Chihuahuense (Fechac) y el Fideicomiso para la Competitividad y Seguridad Ciudadana (Ficosec) transfirieran los recursos justo al estado para el mismo objetivo.

“Esos no se tocan”, respondió sin señal de dudas el presidente del Consejo Coordinador Empresarial de la capital del estado, Francisco “Paco” Santini.

Una revisión somera a los números ha encontrado que permanece una gran disparidad entre los recursos invertidos en Juárez producto del ISN y los que son dejados en la ciudad de Chihuahua y/o el resto del estado. Surge de aquí nuevo motivo de reflexión.

La rispidez sobre el tema no es casual ni gratuita. Tiene como chispa de inicio justo una propuesta que en principio fue bien acogida, hasta que se empezaron a desmenuzar las cifras, y las principales cargas del aumento a la tasa impositiva. La crispación entonces es consecuencia natural.

Apenitas hablaron los empresarios de Chihuahua de un aumento inocente en un punto porcentual, algo así como mil 500 millones más para el 2022; y 750 millones, medio punto, para el 2023, para cuando ya estaba revirando la clase empresarial de Juárez con natural reproche.

De aprobarse, una empresa con 800 empleados pasaría a pagar casi 75 mil dólares anuales con la sobretasa ofrecida, más de millón y medio de pesos, en plena crisis de post pandemia y calentamiento del mercado por la incapacidad para suministrar chips y componentes por proveeduría internacional colapsada.

Esa condición ha provocado hasta paros técnicos de días, que acumulados son semanas al año, para enfrentar la crisis de desabasto de insumos, con consecuencias naturales en los ingresos y gastos.

Con un dato más. Los recursos del Fideicomiso del Empresariado Chihuahuense han sido distribuidos a lo largo y ancho del territorio estatal, sin ningún criterio de proporcionalidad. Ha sido maltratado Juárez una y otra vez los últimos años. O más bien dicho, desde siempre, haciéndolo a un lado, como si la entidad girara en torno únicamente a la capital del estado.

En lugar de adoptarse un principio que les regrese a los juarenses los recursos que aportan al mencionado fideicomiso, la mayor cantidad se concentra en Chihuahua capital y el resto se va a los municipios, que poco o nada aportan, en una política de distribución subsidiaria que podría tener lógica, si Juárez no tuviera una severa carencia de inversión en desarrollo urbano, calidad de vida y empleo…y por supuesto, la condición de inseguridad que sigue golpeando impune los hogares y las empresas.

Pocos han levantado la voz al respecto durante casi tres décadas… Es lógico que ahora surge el espinoso asunto.

Esa es la base del reclamo de Índex Juárez y Canacintra (menos directo pero sí claramente entendible) que de inmediato pegaron el grito en el cielo con justeza, porque las decisiones se toman en la capital y son las empresas juarenses las que hacen el mayor esfuerzo económico.

No se quita ni un solo punto positivo a las acciones emprendidas por ambos fideicomisos, el de seguridad y el de acciones sociales del empresariado. Se reconoce la loable labor arrancada allá por los 90 en la necesidad de reconstruir la bonita ciudad de Chihuahua tras se azotada por una tromba, y establecer indicadores que evalúen la eficiencia en materia de incidencia delictiva, que es punta de lanza a nivel nacional.

Lo que se cuestiona es que ahora se quiera resolver con una sobretasa adicional, con cargo a los empresarios, una catástrofe de mayores magnitudes que la de aquel entonces; esto es, el paso del torbellino llamado Corral y su desfalco terrible sobre el manejo de las finanzas, que dejó en la lona cualquier posibilidad viable de salir adelante al menos en los próximos dos o tres años, todo por un desaseado y caprichoso manejo, descarado y vil, más todos los adjetivos habidos y por haber.

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El análisis de los números es frío y dice todo. De 1994 al 2017, en datos del mismo Fideicomiso del Empresariado Chihuahuense, se invirtió en Chihuahua capital una cifra cercana a la misma que en Juárez, 610 millones contra 694, cuando la problemática de ambas ciudades, lo sabemos, es diametralmente distinta, empezando por el tamaño de la población juarense y su condición de frontera, con todo lo que ello significa. Millón y medio de habitantes en Juárez, arribita de 930 mil en Chihuahua en términos muy redondos.

En esos 23 años, ni siquiera llega al 50 por ciento el recurso enviado a Juárez, cuando los empresarios de esta ciudad aportan mucho más que ese porcentaje a la recaudación del Impuesto Sobre Nómina y la sobretasa para Ficosec y Fechac.

Para no irnos tan lejos, durante los últimos cuatro años, 2017, 2018, 2019 y 2020, se nota esa ausencia de proporcionalidad. En el primero de dichos años se invirtieron en Chihuahua capital 78 millones y para Juárez solo se destinaron 49 millones. Al año siguiente igual, 82 millones para la capital, 61 millones para Juárez. Igual en 2019, 111 millones para Chihuahua, 94 millones para Juárez. En 2020 creció el recurso para esta frontera, fueron 146 millones contra 129 millones para la capital.

Este es con seguridad uno de los mayores reclamos, la disparidad, carente de cualquier principio lógico, en la distribución de los recursos, que ha sido tolerado durante 27 años… pero que encendió necesariamente la discusión por el cerillazo lanzado con la propuesta del incremento al Impuesto Sobre Nómina y sus consecuencias inmediatas ante una crisis que no aminora y que mantiene nubes negras sobre el cielo juarense por la inflación y el crecimiento ralentizado del 2021, y una pandemia que mantiene cerradas las fronteras.

Por eso el revire. Que los 385 millones de Fechac en el 2021 y los 192 millones de Ficosec, vayan directamente a reintegrarse a las finanzas públicas, para paliar en algo el déficit y la deuda millonaria a proveedores y contratistas, en lugar de plantear un incremento anual al ISN, cuyo punto porcentual alcanza casi los mil 500 millones, con cargo en su mayor parte a los empresarios juarense.

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Hay una defensa categórica a la actividad realizada por los fideicomisos. No es ese el punto de discusión, sino la necesidad de profundizar en la reflexión, ya ni siquiera pensando en la desaparición de ambos, sino en una revisión a los criterios de distribución y transparencia de estos. Es la insistencia de un segmento empresarial importante de Juárez.

Debe ser motivo de análisis por parte del sector privado y el mismo sector social organizado responsable de materializar las acciones de beneficio, que en Juárez se siente golpeado, discriminado y desplazado, por otros proyectos probablemente también necesarios, pero que aquí se muestran de urgente atención.

Lejos de una polarización que es innecesaria en estos momentos, por más que se sientan lastimados los empresarios de Chihuahua, por las verdades lanzadas en declaraciones periodísticas por los líderes juarenses, es indispensable una revisión, que permita relanzar ambos fideicomisos, de cara a una profunda crisis económica y financiera.

No es ni mucho menos responsabilidad de los empresarios dicha condición severa de ausencia de recursos para pagar mínimo los sueldos de la burocracia y que se sigan prestando los servicios públicos tan necesarios como la educación, la salud o la seguridad.

Al contrario, son ellos quienes de inmediato pusieron el pecho desde los 90 hasta la fecha actual. Es tiempo de aprovechar esta reacción y reflexión provocada en torno al Impuesto Sobre Nómina, para afianzar acciones que posibiliten hacer frente al desastre corralista de las finanzas.

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