Opinión

Antonia, una mujer juarense que sobrevive al ‘quédate en casa’

Antonia es una mujer que desde muy temprana edad atravesó dificultades económicas que no le permitieron continuar su educación a nivel secundaria

Mayra Chávez /
Abogada

martes, 31 marzo 2020 | 06:00

Antonia es una mujer que desde muy temprana edad atravesó dificultades económicas que no le permitieron continuar su educación a nivel secundaria. Debió trabajar tiempo completo desde los 12 años, desarrollando diferentes actividades hasta llegar al piso de producción de una maquiladora, puesto en el que por fin sintió estabilidad laboral a sus escasos 16 años.

Fue en esa época en la que conoció a Miguel, un hombre 10 años mayor que ella que la acosaba constantemente –aunque ella, envuelta como muchas personas a su edad, en los estereotipos socialmente impuestos, no identificaba sus actitudes como acoso sino como demostraciones de interés– y que culminó su labor de hostigamiento el día que decidió violarla. Resultado de esta violación quedó embarazada. Miguel decidió que era momento de que vivieran juntos, los padres de Antonia estuvieron de acuerdo y fue así que siendo aún menor de edad y sin pleno entendimiento de la situación, cambió su lugar de residencia al domicilio de Miguel, en el que también vivía la madre, sus dos hermanos mayores, la esposa de uno de los hermanos y un hijo de ese matrimonio. 

El embarazo de Antonia estuvo repleto de complicaciones, que nunca le impidieron cumplir con su jornada laboral en la maquiladora, así como tampoco realizar la otra jornada (que le fue impuesta con actividades de limpieza, cocina, etc.) al llegar a la vivienda, continuar siendo víctima de violación por parte de Miguel y, en una ocasión en la que el hermano casado llegó bajo los efectos del alcohol, ser violada también por el hermano. 

A los escasos 30 días de la llegada del primer hijo, Antonia quedó nuevamente embarazada. El hermano de Miguel –que no estaba casado– decidió irse a vivir a Estados Unidos y luego de unas cuantas semanas, la madre de Miguel se fue con él. Antonia sintió un poco de alivio, pues finalmente el reducido espacio en el que anteriormente habitaban ocho personas, se vería un poco menos colapsado. Este alivio se redujo considerablemente al enfrentarse a un nuevo problema: ¿quién cuidaría de su hijo de apenas un año de edad mientras que ella trabajaba?

A los pocos días de que naciera su segundo hijo, Miguel perdió su trabajo en la maquiladora como resultado de una pelea en la que se involucró. Antonia no había cumplido 40 días desde su parto cuando decidió regresar a su puesto en la línea de producción, temerosa de que la fueran a despedir; situación que lamentablemente ocurrió debido a su posterior ausentismo motivado por una mala recuperación postparto, las lesiones que Miguel le causaba y la falta de atención médica a estas problemáticas por la vergüenza que le generaba a Antonia, ya no acudir al médico, siquiera hablar del tema.

Por fortuna, Antonia encontró trabajo limpiando la casa de una conocida de su vecina, quien además es la persona que cuida de sus hijos, de los del hermano de Miguel y de los de algunas madres trabajadoras de la colonia. Miguel seguía sin encontrar trabajo, para ese tiempo el trabajo de mecánico del hermano de Miguel disminuyó y su esposa se embarazó.

El panorama fue mejorando para Antonia. El buen trabajo que había iniciado con la limpieza de una casa fue recomendándose de boca en boca, logrando así que ya no fuese una casa un día a la semana, sino que pudiera ocuparse de lunes a sábado en diferentes viviendas; su ingreso aumento, el tiempo que podía pasar con sus hijos también y, aunque la situación laboral de las demás personas que habitaban en su casa no mejoraba, los gastos salían con el ingreso de Antonia.

Empieza el mes de marzo y Antonia pierde un día de trabajo de la semana, pues quien pagaba por sus servicios empieza a preocuparse. A medidos de marzo, Antonia ya solamente trabajaba tres días de la semana, su ingreso disminuyo a la mitad; Miguel batallaba cada vez más para conseguir trabajo, no así para alcoholizarse y violentarla. La vecina que cuida de los niños de la colonia les mandó a sus casas temerosa del contagio entre los niños y para ella y su familia.

El sábado Antonia recibe las llamadas de sus últimas tres empleadoras pidiéndole que ya no se presente pues todas y todos deben permanecer en sus casas, solamente una de ellas se ofrece a pagarle, el día que laboraba con ella, durante todo el mes. 

La realidad de Antonia ha cambiado drásticamente. Hoy, ella habita en una vivienda de interés social con seis personas más de las cuales tres son niños y una es una mujer embarazada; permanece en su casa siendo víctima de violencia diariamente; su ingreso se vio disminuido a una sexta parte de lo que regularmente ganaba y no tiene donde dejar a sus hijos para salir a buscar alguna otra entrada de dinero. Antonia no visualiza cuál será la primera actividad que realizará cuando el aislamiento termine, Antonia solamente se pregunta ¿podré sobrevivir esta cuarentena?