Opinión

Antes de irse, la pandemia quiere decirnos…

Tiene 20 meses con nosotros, pensábamos que cuando terminara el 2020 no solo despediríamos el año, con él se iría también la desesperanza y la tristeza que tantos momentos críticos arañaron dejando una profunda huella

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 06 octubre 2021 | 06:00

Tiene 20 meses con nosotros, pensábamos que cuando terminara el 2020 no solo despediríamos el año, con él se iría también la desesperanza y la tristeza que tantos momentos críticos arañaron dejando una profunda huella. La vida, pensábamos, reiniciaría tal como fantaseábamos durante el encierro. Mas los días, los meses, han pasado lento… 

Pero antes de irse del todo, lo cual esperamos que suceda lo antes posible, la pandemia ha dejado claros mensajes. Ha insistido en recordarnos que nunca debemos dejar de aprender de la historia. Altanera, como es, gira nuestra mirada para colocarla 100 años atrás y dejarnos ver que siempre ha estado al acecho, buscando la ocasión para regresar cuando se le venga en gana, para hacerse presente como en aquél entonces arrasando, como ahora, millones de vidas. 

No sé si antes había más cordura que ahora, pero no les fue difícil asumir que la solución para evitar contagios y muertes no solo era cuestión de salud, sino que mucho tenía que ver la manera como vivía la gente. Así, a causa de una crisis sanitaria y en medio de una pandemia, fue que surgieron los primeros reglamentos urbanos y lineamientos para edificación de viviendas, no por cuestiones de ordenamiento territorial, ni por motivos estéticos, sino por razones de sobrevivencia.

Ya en 1928 se hablaba de la necesidad de que las casas tuvieran iluminación y ventilación natural suficiente: una casa que no permite la entrada de luz solar es una casa enferma, decían, y en consecuencia enferma a sus moradores. Se habló de que cada persona necesitaba al menos de 18 metros cuadrados para realizar sus actividades al interior de su casa y evitar el hacinamiento; hoy se piensa que con solo nueve es suficiente, ¿por qué?... ¡oh! Creo que antes hablé de cordura.

A la par los urbanistas también hacían su trabajo: los llamados “Utopistas” proponían modelos de crecimiento como la “Ciudad Jardín”, privilegiando los espacios abiertos que no solo mejoraban la imagen urbana, sino también los niveles de salud. Hoy, el estándar internacional nos dice que cada ciudadano debe contar con al menos nueve metros cuadrados de áreas verdes… los juarenses tenemos poco más de cuatro, y mal distribuidos.

Son muchas las lecciones que ignoramos por arrogancia: las tenemos frente a nosotros y las despreciamos por sentirnos más avanzados y superiores. Hoy tuve la oportunidad de asistir de manera virtual a una serie de ponencias que tuvieron como eje el tema de la pandemia. Llamó mi atención una de ellas en las que se relacionaron el número de muertes por Covid con algunos indicadores de índole urbana en las diferentes demarcaciones de la Ciudad de México. Uno de los indicadores que resultó ser relevante fue el número y el tiempo de duración de viajes que se realizan para llevar a cabo diferentes actividades que tienen que ver con los bienes y servicios que ofrece la ciudad. Coincidía de manera significativa el número de fallecimientos con el alto número de viajes que los habitantes de ciertas zonas hacían y las largas distancias que recorrían en transporte público. Al término de su participación, la ponente señaló la ineficiencia del modelo urbano que practicamos en las ciudades mexicanas en las que se obliga a las personas a realizar largos recorridos para realizar toda clase de actividades y satisfacer sus necesidades básicas, cuando lo idóneo sería descentralizar y consolidar subcentros urbanos a lo largo de las zonas urbanas con la finalidad, precisamente, de evitar esos largos trayectos que, sea en pandemia o no, son fuente de contagio de cualquier enfermedad y tiempo perdido en detrimento de la calidad de vida.

Y sigo fantaseando… por eso he traído todo lo anterior a colación ya que tenemos en puerta la actualización del Plan de Desarrollo Urbano Sustentable para Ciudad Juárez por parte del IMIP. Este será el plan que debe diferenciarse respecto a los anteriores porque marca una coyuntura entre el antes, en medio y después de la pandemia. Los estándares mínimos que hasta hoy hemos admitido, ya lo vimos, no pueden sostenerse, pero quizá tampoco es posible deslizarlos de un solo tramo hasta donde sería lo deseable. La pregunta es: ¿hasta dónde puede oscilar el péndulo? Estamos ante la puerta de un instrumento que regirá el destino de nuestra ciudad; siendo optimistas y hasta utopistas ¿por qué no?, tomando lo que la pandemia nos ha enseñado, no nos queda otra que velar por tener una ciudad que nos dé salud, en todos sentidos, para que no se repitan en ella los errores que tanto nos han costado.

close
search