Opinión

AMLO, malote, regrésame el chayote

México es un país con profundas diferencias sociales heredadas desde varios siglos atrás

Martín Chaparro Payán
Analista Político

viernes, 25 diciembre 2020 | 06:00

México es un país con profundas diferencias sociales heredadas desde varios siglos atrás. Para nadie es un secreto que las disyuntivas radican en la desigual distribución de la riqueza, las brechas en los ingresos, el color de piel y hasta el apellido o el origen familiar.

Vivimos en una nación en la que el “10 por ciento de los más ricos recibe el 36 por ciento del ingreso del país; en contraste, [con] el 50 por ciento de la población [que] se divide el 20 por ciento” (Merino, 2019).

Con esto en mente es claro que revertir un régimen de privilegios para pocos, y de miseria para muchos, es un reto y un compromiso histórico del Estado Mexicano con su pueblo. Por supuesto no es una lucha fácil, pues existe una amplia resistencia entre las clases otrora privilegiadas y el gobierno.

En las últimas semanas hemos sido testigos de dos casos bochornosos que exhiben la indolencia y la falta de vergüenza de políticos y periodistas exaltados en el período neoliberal.

En primer lugar está el caso del senador regiomontano Samuel García, un personaje político que está empeñado en ser gobernador de Nuevo León. Su camino político se basa en los mismos clichés del antiguo régimen: casarse con una mujer famosa, decir imprudencias para llamar la atención, y, ser insensible ante las necesidades del pueblo que dice representar.

Este senador de Movimiento Ciudadano que gana 2.25 millones de pesos al año, se burla del pueblo al señalar que conoce personas “que viven con un sueldito de 40 o 50 [mil pesos al mes] y son felices”. Comparsas de la simulación, medios nacionales celebran sus imprudencias y lo nombran “persona del 2020” (El Financiero, 2020).

En cambio, al presidente López Obrador, los medios lo critican por viajar en vuelos comerciales y por entregar los apoyos directamente a la población, sin hacer uso de organizaciones sociales o de asociaciones civiles.

En segundo lugar, están los “líderes de opinión” que se molestan al verse exhibidos ante el público al que dicen informar. Y es que de acuerdo al INAI tan solo entre 2012 y 2018, 12 periodistas recibieron más de 850 millones de pesos, a cambio de publicidad para el Gobierno federal.

Por ejemplo, Joaquín López-Dóriga, un ciudadano español -que obtuvo contratos por más de 290 millones de pesos en la administración de Peña Nieto (Forbes, 2020)- se vio ofendido por una caricatura que se presentó en una de las conferencias mañaneras de esta semana.

Desde luego, los reclamos y la reacción ofuscada del “reportero” no se hicieron esperar. Valga decir que los verdaderos ofendidos somos el pueblo de México. ¿Cómo creer que esos ingresos son producto de un trabajo ético y honesto?

Si deseamos acabar con las injusticias, es necesario denunciarlas. Estamos llamados a señalar públicamente a quienes -a cambio de un silencio cómplice- se sirvieron de las arcas públicas durante los últimos años.

Mientras millones de mexicanas y mexicanos deben levantarse temprano a buscar el sustento -aún en plena Navidad- vivales de la corrupción y el despilfarro se dividen entre hacer gala de sus excentricidades y hacerse los ofendidos porque se les señala públicamente.

En morena estamos trabajando para combatir las brechas de desigualdad, las injusticias, la corrupción y el enriquecimiento ilimitado de unos cuantos a costa del empobrecimiento del pueblo. La tarea no es sencilla, pero juntos saldremos adelante.

P.D. “No hay nada más noble y más bello que preocuparse por los demás y hacer algo por ellos, por mínimo que sea”. ¡Feliz Navidad!