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Opinión

Amigos, amigos, ¡amigos!

Como antecedente a la presente opinión, es dable señalar, que quien suscribe se encuentra a poco tiempo de cumplir 40 años, ese cuarto piso que, entre otras cosas, me obliga a observar el pasado con cierta melancolía, en una frase 'los tiempos de ayer eran mejores'

Jorge Breceda
Académico

sábado, 21 enero 2023 | 06:00

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Como antecedente a la presente opinión, es dable señalar, que quien suscribe se encuentra a poco tiempo de cumplir 40 años, ese cuarto piso que, entre otras cosas, me obliga a observar el pasado con cierta melancolía, en una frase “los tiempos de ayer eran mejores”. 

Desde la nostalgia recuerdo con alta idealización el final del siglo pasado e inicios del presente, en el que el clima, la economía, la política, la interacción social, los valores sociales, las relaciones interpersonales eran mejores que las actuales, dicho lo anterior, léase la presente opinión.

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A inicios de los 90 en la calle albaricoque del Infonavit Aeropuerto convivíamos de lunes a sábado -ocasionalmente domingos- todas las tardes-noches más de 10 niños, la convivencia se debía a la práctica deportiva de temporada, es así como, desde beisbol hasta basquetbol, pasando por el clásico “bote pateado”, las “escondidillas” o la rayuela, se jugaban en esa calle.

Era una época en la que se podía practicar deporte en calles de las colonias, sin peligro alguno, tanto así, que no existía una supervisión directa del padre o madre, ya que confiaban en la existencia de códigos sociales: nadie podía pasar en un coche a alta velocidad por esa calle, los niños creaban sus reglas de juego y las respetaban. 

Es así como, el señor Jaime Trejo -vecino de la referida- a finales de los 90 convoca a realizar un equipo de futbol, la mayoría de éste vivíamos en la calle Albaricoque, con algunos refuerzos de la zona, todos conectados por pertenecer a la comunidad de la parroquia Mater Dolorosa. 

En esos años, el gobernador Patricio Martínez -haciendo justicia a los y las juarenses- inaugura un parque bellísimo, al que se le nombró “Parque Central”, instalaciones que no las he vuelto a ver, lleno de pasto, árboles, tres canchas de futbol rápido, un campo de futbol, piscina con toboganes, una pista para correr de arcilla roja que contrastaba con el verde del ambiente, entre otras maravillas -bien hechas-.

Ignoro quién lo hizo, pero alguien organizó una liga de futbol rápido en las instalaciones del Parque Central, es ahí que nuestro equipo llamado “Amigos” participó por más de 10 años, un grupo de futbolistas de la calle Albaricoque que, entre las victorias y derrotas, mostraba sábado a sábado hermandad, lealtad, probidad y altos grados de pertenencia, elementos que, sin temor al equívoco, puedo decir con seguridad que hicieron que mi camino adolescente se viera beneficiado por la formación del carácter en valores.  

El equipo Amigos tenía una característica, como ritual antes de iniciar cada juego elevamos un grito al unísono que era: amigos, amigos, ¡amigos!, exclamación que se escuchó durante la vida del Parque Central, cada sábado hubiera liga o no, ese grupo de futbolistas en ciernes vimos las instalaciones del parque desde el día uno, hasta el último. 

Tal situación me permitió ser víctima de decisiones políticas, esto porque seguramente -suposición- alguien desde Palacio de Gobierno determinó que el costo para mantener en óptimas condiciones al Parque Central se debía trasladar a diversa partida presupuestal. 

Es entonces que el Parque Central de ser un orgullo para los y las juarenses se transformó en un espacio que las familias no acudían por la ausencia de condiciones dignas, hasta convertirlo en una obra abandonada, un espacio que por años perdió su esencia, tanto que usaron gran parte de predio para un pozo de absorción. 

Por ello, desde el último día que asistí a practicar futbol hasta el martes de la presente semana, el observar al Parque Central me provocaba un sentimiento de pena por la ausencia de lo que fue y una fuerte animadversión a los gobiernos que permitieron su muerte. 

Sin embargo, hace tres días nuestra gobernadora presidió la instalación del Órgano Público Descentralizado del Parque Central de Ciudad Juárez, ente de gobierno que velará por los intereses de este espacio público. En este sentido, la historia señala que, cuando las personas que gobiernan no desean que algo se realice, crean comisiones y organismos, ese no sucedió en este caso concreto.

Nuestra gobernadora, no solo instaló un organismo público descentralizado, sino que comprometió 50 millones de pesos que servirán para reacondicionar ese espacio público, con ello, Gobierno del Estado permitirá que una persona de la calle Albaricoque -simbólicamente- pueda emocionarse al anotar o detener un gol y con ello, no solo llenarse los bolsillos de victorias -autoestima-, sino alejarlo de malas prácticas sociales.  

Por lo anterior, desde este espacio, todo mi reconocimiento a nuestra gobernadora y al grupo de servidores públicos que le acompañaron a visibilizar la importancia del Parque Central, sin duda, me permite reflexionar que, si bien el pasado fue bueno, el futuro tiene potencial de mejorar el presente. 

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