Amenazas que inquietan

Luego de mostrar su enojo y desacuerdo en la política de puertas abiertas que el Gobierno mexicano de López Obrador...

Francisco Ortiz Bello
Analista
domingo, 09 junio 2019 | 06:00

Luego de mostrar su enojo y desacuerdo en la política de puertas abiertas que el Gobierno mexicano de López Obrador implementó hacia los migrantes que quieren pasar por nuestro país para llegar a los Estados Unidos de Norteamérica, el presidente Donald Trump pasó de las emociones a los hechos y mediante cédula presidencial ordenó un incremento del 5 por ciento en los aranceles a todos los productos mexicanos que exportamos a ese país. El incremento sería gradual hasta llegar al 25 por ciento. 

El presidente norteamericano amenazó al Gobierno mexicano con iniciar estas medidas el lunes 10 de junio (mañana) si las correspondientes autoridades mexicanas no tomaban las medidas y acciones que bloquearan la frontera sur de México para impedir el paso de más migrantes hacia el país vecino. Una vil extorsión. Un chantaje internacional.

Medidas y acciones del Gobierno estadounidense que violan flagrantemente el actual TLCAN, que sigue vigente hasta en tanto no se apruebe por los tres países el nuevo T-MEC y que, por lo tanto, establece con claridad las reglas del comercio entre los tres países y prohíbe la aplicación de medidas unilaterales como las anunciadas por Donald Trump. Pero poco importó eso al singular mandatario norteamericano.

Pero para entender mejor este entuerto, y sin que hagamos aquí un tratado de comercio internacional, vayamos por partes definiendo algunos términos o conceptos. Primero, ¿qué es un arancel?

Un arancel es un tributo, pago, derecho o impuesto, pagado por el Estado, que es aplicado sobre los bienes que son objeto de importación o exportación (este último caso es el menos frecuente). También se pueden encontrar aranceles de tránsito, que son aquellos aplicados sobre los objetos o mercancías que entran en un país con destino a otro distinto. Entonces pues, se trata de un pago aplicado básicamente al comercio internacional, por el tránsito de mercancías de un país a otro y que lo recibe el Gobierno del país que lo aplica, pagándolo el importador (quien introduce dicho producto o mercancía).

Ahora bien, bajo esa definición, en el caso del arancel que pretendía aplicar Donald Trump a los productos y mercancías mexicanas, queda claro que quien recibiría ese dinero resultado de la sobretasa impositiva (arancel) sería el Gobierno norteamericano y quienes lo pagarían serían los importadores norteamericanos, ¿por qué entonces nos afectaría a los mexicanos?

Bueno, la respuesta es sencilla, porque se trata de un sobreprecio que el importador estadounidense repercutiría en el precio a sus consumidores finales, lo cual derivaría en una eventual disminución en la demanda de dichos productos o servicios, lo que a su vez derivaría en una disminución en la venta de dichos productos o servicios.

Resulta muy importante comprender bien este razonamiento porque era el tema central de la negociación de la delegación mexicana con las autoridades norteamericanas. Es decir, los que terminarían pagando una sobretasa arancelaria aplicada a las mercancías mexicanas iban a ser los propios consumidores norteamericanos. Sí, a México, a los productores y exportadores mexicanos les afectaría en sus ventas y por tanto en sus ingresos, pero al consumidor estadounidense, al ciudadano, le afectaría en sus bolsillos y eso, eventualmente, se volvería una crítica o señalamiento negativo contra el mismo Donald Trump.

Pero esa es precisamente la razón, también, por la que el daño o eventual afectación, de aplicarse los aranceles anunciados, hubiera afectado principalmente a nuestro estado, y particularmente a nuestra ciudad. Me explico.

Ayer se publicó en estas páginas, con origen en la publicación hermana El Diario de Chihuahua, la nota titulada “Chihuahua fue el mayor exportador a EU en 2018”, en la que con información oficial del Inegi, se da cuenta de varios indicadores sobresalientes pero inquietantes.

Por ejemplo, en 2018, dice la nota: “Chihuahua concentró 51 mil 944 millones 48 mil dólares en exportación de materiales de computación, equipo de transporte y otros productos de la industria manufacturera, coronándose como la entidad que más exportó hacia el vecino del norte, según cifras del Inegi. Esa cifra representa el 13.4 por ciento del total de exportaciones operadas ese año en todo el país, cuando hubo un registro de 387 mil 442 millones 789 dólares”.

Es decir, nuestro estado fue, en 2018, la entidad que más flujo de dinero tuvo por las exportaciones hacia Estados Unidos, de todo el país. Pero la cosa no para ahí. En 2017 el comportamiento fue similar. Ese año, nuestro estado concentró 46 mil millones 491 mil 550 dólares por exportaciones, lo que representó el 13.2 por ciento de las exportaciones de todo el país. También ocupamos en ese año el primer lugar en ese rubro.

En la nota mencionada, publicada ayer, se detalla lo siguiente: “La fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos, creó un flujo de 24 mil 450 millones 845 mil dólares en 2018. Este rubro representa el 47 por ciento del total anual”.

“El segundo sector más importante en Chihuahua es la fabricación de equipo de transporte, con 13 mil 062 millones 377 mil dólares, el cual equivale al 25.1 por ciento anual.”

“Productos exportados desde Chihuahua de otras industrias manufactureras generó la efectuación(sic) de 4 mil millones de dólares, mientras que la fabricación de accesorios, aparatos electrónicos y equipo de generación de energía eléctrica fue de 3 mil 627 millones 126 mil dólares”.

“El resto de productos con menor fuerza en el estado grande es la fabricación de maquinaria y productos metálicos, minería; la industria alimentaria, de plástico y del hule, entre otras”. Fin de la cita.

Y transcribo íntegros los párrafos anteriores precisamente por el valor de su contenido, y porque permite comprender en toda su dimensión el valor de nuestras exportaciones, tanto para México como para EU, pero también la composición de las mismas por sector productivo y/o económico. Esa es información estratégica que alguien debería estar considerando para efectos de un urgente rediseño o replanteamiento de nuestros mercados de exportación. 

Ahora, después de todo, la buena noticia es que lo de los aranceles no entrará en vigor según lo anunció el mismo presidente Trump a través de su cuenta de Twitter el viernes pasado, algo ya muy común entre los mandatarios actuales eso de utilizar sus redes sociales para dar a conocer información, posturas o simplemente planteamientos sobre temas específicos.

En dos tuits el mandatario de EU escribió: “Me complace informarle que los Estados Unidos de América han alcanzado un acuerdo firmado con México. Las tarifas programadas para ser implementadas por los EU el lunes, contra México, quedan suspendidas indefinidamente. México, a su vez, ha acordado tomar medidas enérgicas para detener la marea de la migración a través de México y hacia nuestra frontera sur. Esto se está haciendo para reducir o eliminar en gran medida la inmigración ilegal que viene de México a los Estados Unidos. Los detalles del acuerdo serán publicados en breve por el Departamento de Estado. ¡Gracias!”.

La pregunta ahora es ¿a qué se comprometió el Gobierno de López Obrador para lograr ese acuerdo? Pareciera que todos deberíamos estar contentos porque se conjuró el peligro de los aranceles. Pero… ¿a cambio de qué?

“México, a su vez, ha acordado tomar medidas enérgicas para detener la marea de la migración a través de México y hacia nuestra frontera sur. Esto se está haciendo para reducir o eliminar en gran medida la inmigración ilegal que viene de México a los Estados Unidos”. Estas palabras de Trump son las que dan… angustia. ¿Qué significa en realidad “tomar medidas enérgicas”? ¿Qué significa “reducir o eliminar en gran medida”?

Si como algunos analistas afirman, el acuerdo consistió en aceptar que México se convierta en el “tercer país seguro” (los otros dos son EU y Canadá) para asilar migrantes, es decir, en sustitución de Estados Unidos, la oleada de seres humanos provenientes de Centro y Sudamérica que se vecina sería de proporciones inimaginables, ¿y adivine usted dónde se quedarán en México? Acertó. En la frontera norte, principalmente en Ciudad Juárez.

Como ciudad más nos vale ir previendo dicha situación, porque la crisis humanitaria que se podría desatar en ese caso sería de dimensiones inimaginables en estos momentos.