Opinión

Alegoría del buen y mal gobierno

Al inicio de semana se presentaron dos eventos noticiosos

Jorge Breceda
Analista

sábado, 08 febrero 2020 | 06:00

Al inicio de semana se presentaron dos eventos noticiosos: el primero, el anuncio de un número telefónico en el que se pueden reportar los baches de la ciudad; el segundo, el permiso de nuestro presidente municipal para ausentarse 15 días de sus funciones.

Lo anterior pudiera encontrar un punto de conexión con la obra del célebre pintor Ambrosio Lorenzetti, famosos frescos ubicados en la pared norte de la Sala dei Nove del Palacio Comunal de Siena (Italia), cabe mencionar que la obra es conocida como “Alegoría del buen gobierno”, en la cual se muestra la convivencia de la ciudadanía en un ambiente de eterna armonía.

Es así como el buen gobierno conlleva efectos positivos para sus gobernados, para ello es necesario seguir con lo que se plasma en la obra antes mencionada para Lorenzetti un buen gobierno conlleva el ejercicio de diversas virtudes, mismas que representa con personajes, como lo son la sabiduría, la prudencia, la fortaleza, la magnanimidad, la concordia y la templanza.

Justo decir que el autor no sólo retrata en el palacio público el buen gobierno, sino en la sala oeste del Sala dei Nove pintó el mal gobierno, mismo que se aprecia por un eje central valorado como la tiranía, la discordia, la guerra, el fraude, la traición y la crueldad, todas éstas se observan por medio de una pintura con los rasgos característicos de los vicios humanos.

Atendiendo a lo anterior se puede rescatar una situación de ambas ejemplificaciones artísticas: el gobierno no sólo se basa en normatividad y procedimientos, sino en utilización del alma y espíritu, es decir, los primeros motores que logran una construcción pública justa.  

No es fortuita la obra del artista, ya que la pintura tenía la finalidad de representar una convivencia social cuya base fundamental era la utilización primigenia del alma.

De esta manera –utilizando el alma y el espíritu–, se pueden eliminar los vicios de los gobernantes, las quejas contraen un sentido humanístico que es imposible articular un contra argumento; he aquí donde surgen de manera legitima las voces que solicitan la eliminación de la mentira, la corrupción o la negligencia gubernamental.

Resulta importante decir que, un reclamo de la sociedad fronteriza –al unísono– era la solución a los baches, es decir, se reclamaba una solución inmediata y eficiente al problema.

Atendiendo a dicha situación, el presidente municipal utilizando la concordia y la sabiduría –personajes de Lorenzetti– reunió la solicitud ciudadana a un quehacer público, situación que provocó la innovación del quehacer, es decir, ¡se puede solicitar directamente un acto de Gobierno al gobierno; con respuesta inmediata!

Todavía más, el canal de comunicación esta al alcance de la mayor parte de la población fronteriza, sin duda, dicha decisión gubernamental estaría en la pared norte de la sala del Palacio público de Siena: el buen gobierno.

En contraste a lo anterior, el alcalde anuncia –horas después– que solicitará permiso ante Cabildo para ausentarse del gobierno por algunos días, exponiendo causas personales, mismas que pudieran resultar legítimas.

A diferencia de una decisión positiva y llena de virtudes, como es la innovación en política pública, se plantea la ausencia del mandatario, es decir, el crédito por haber tenido la idea –sabiduría en el crear– se diluye con la imposibilidad temporal y material de implementar dicha idea.

Mirándolo de esta forma, se puede apreciar que la decisión –egítima o no– de ausentarse se encuentra carente de alma y espíritu, ya que éstos serían los motores que permiten no sólo la creación intelectual, sino la instauración material, es decir, la concretización realización y ejecución de la política publica.

Observar la gran obra multicitada, permite examinar que el quehacer de un buen gobierno no sólo consiste en la utilización de las más grandes virtudes a través de la utilización del alma y espíritu, sino en la tomar distancia a esa ala oeste, es decir, al ejercicio de los antivalores. En el caso concreto, seguramente se valorará de mejor manera la idea de los baches que la ausencia de un liderazgo en su implementación. Sin embargo, es indudable que Lorenzetti no hubiese pintado estos dos eventos en una sola área; ahí la profunda problemática de los buenos gobernantes.