Opinión

Ahora contra la ONU

El presidente de la República acudió a la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York para presidir el Consejo de Seguridad

César Jáuregui Robles
Abogado

lunes, 15 noviembre 2021 | 06:00

Ciudad de México— Contrario a su desinterés por lo internacional y el contraste con la intensidad y pasión que dedica a lo local, el presidente de la República acudió a la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York para presidir el Consejo de Seguridad, que por turno corresponde ahora encabezar a México.

Inició su discurso con mucha propiedad y las frases comunes que aspiran a la paz universal y la tranquilidad de los pueblos en todos los confines de la tierra y llenó de de buenas intenciones su lectura; hablando sobre un deber ser y una utopía fraternal que siempre ha estado presente en el argumento que traspasa a las naciones, sobre todo cuando se procura no alentar divisiones ni alterar de forma artificial el equilibrio que las regiones sostienen en estos tiempos de pandemia, pero también en cumplimiento de los objetivos del milenio, que cada día empiezan a ser olvidados.

Donde fue cuestionado es en la parte en que intentó, sin éxito, dar recetas para el combate a la pobreza, estableciendo una propuesta que busca fincar contribuciones voluntarias a cargo de los ricos de este planeta, las corporaciones más lujosas, y un porcentaje de los países que integran el G20; o sea, los más avanzados y poderosos económica e industrialmente. Y es que olvidó el presidente que se encontraba conduciendo un foro sobre seguridad al que le es ajena la solución de problemas endémicos distintos, tal y como se lo hicieron saber las representaciones diplomáticas de Rusia y China.

Más aún: fiel a su característica de fajador, no podía irse sin echar puyas a algo o alguien, y en esta ocasión tocó el turno a la Organización de las Naciones Unidas, por considerar que es por completo deficiente en el combate a la pobreza, y desde luego en su fallida propuesta del mecanismo Covax, que procura vacunas para países en subdesarrollo. Totalmente desinformado y en la típica actitud de que si él no participa, todo lo demás ha sido infructuoso o deficiente, sus comentarios injustos quedan en verdad ridiculizados y exhiben la pobreza de nuestros liderazgos. Le fue igual que a las demagógicas actuaciones que en su oportunidad plantearon José López Portillo y Luis Echeverría Álvarez en el pasado; con ocurrencias y queriendo trascender como líderes mundiales, pero logrando sólo exhibirse a sí mismo, sin poder siquiera contrastar con éxito sus políticas públicas de combate a la pobreza en nuestro propio país, pues no hay que olvidar que los índices de marginalidad aquí se han incrementado.

Con certeza, el canciller Marcelo Ebrard y el embajador Juan Ramón de La Fuente habrán resentido las expresiones de desaprobación que se pueden observar en la presentación del discurso, y también habrán sentido la indiferencia con que la prensa internacional acogió las palabras temporales y en desuso de nuestro presidente. Quizá por ello se hizo un esfuerzo en los medios de comunicación locales para tratar de presentar como visionaria una propuesta populista y de buenos deseos, más propia de un concurso de belleza que de una presentación ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas.

Es muy fácil trasladar culpas a organismos internacionales cuando las políticas internas son contradictorias e inconsistentes, como es la reciente votación de la organización de los Estados Americanos que reprueba, por una inmensa mayoría, la farsa electoral por la que se reelige el dictador Daniel Ortega y respecto al que México se abstuvo, a pesar de que países con ideología afines, como Perú, Argentina y Venezuela se sumaron a la reprobación por la gravedad y contundencia de los hechos. Esto sólo exhibe que el problema no está en los organismos internacionales sino en la forma como se conduce, hoy en día, nuestra política exterior.

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