Opinión

Ahora contra el INE

Ahora el objetivo es denostar y criticar al Instituto Nacional Electoral y particularmente al consejero presidente Lorenzo Córdoba y al consejero Ciro Murayama

César Jáuregui Robles
Abogado

lunes, 04 octubre 2021 | 06:00

Ciudad de México.- Luego de la fallida operación llamada ‘Consulta para el enjuiciamiento de los expresidentes’ y el fiasco con el encuentro de la CELAC, donde hubo reproches y señalamientos internacionales, y donde, desde luego no concretaron la petición presidencial de lograr apoyos y adherencias para eliminar la Organización de Estados Americanos (OEA), la postura de la Cuarta Transformación y su área de comunicación, se aprestan a librar nuevas batallas que hagan posible que no se cuestione la inseguridad campante que tanto se criticó en el pasado, o el déficit en el aprovisionamiento de medicinas para cumplir con los requerimientos del Sector Salud, con los resultados de la pandemia y su tratamiento más mediático y efectista que efectivo.

Ahora el objetivo es denostar y criticar al Instituto Nacional Electoral y particularmente al consejero presidente Lorenzo Córdoba y al consejero Ciro Murayama, que han sido dos valientes voces, osadas y atrevidas en cuestionar los dislates político-electorales, en que, en no pocas ocasiones, incurre el señor presidente de la República.

Pretextos y señalamientos han tenido muchos, pero ahora han encontrado uno, actualizado en el ejercicio de redistritación electoral en base al censo general de población que el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática entregó, como resultado de las entrevistas realizadas el año pasado y que producen como consecuencia la pérdida de distritos y de candidaturas electorales para algunos (6) estados y la ganancia consecuentemente para otros seis.

La decisión fue tomada por el Instituto Nacional Electoral desde el pasado mes de agosto, basándose exclusivamente en metodología transparente y  certera, pero no cobró relevancia sino hasta que la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y su crítica de que se estaba despojando a la capital de dos distritos y también perdían representación  algunos estados de Morena, fue retomada por la Presidencia de la República.

A partir de ahí se generó una andanada de señalamientos e insultos a la autoridad electoral, sin tomar en cuenta que los principales beneficiarios de ese cambio son también entidades gobernadas por el partido guinda. Esta actitud pública bastó para que el representante de Morena ante el organismo electoral expresará palabras de sesgo político y partidista a lo que es un ejercicio estrictamente matemático y en el que recibió contundente respuesta por parte de los consejeros arriba mencionados.

Cabe decir que el resto de los integrantes del organismo, incluso aquellos que fueron propuestos por el presidente López Obrador, también estuvieron de acuerdo con la redistritación electoral porque obedece única y exclusivamente a criterios poblacionales  y por lo tanto no hay cabida para la especulación respecto a los colores partidistas.

Sin embargo este hecho se inscribe en una más de las motivaciones que tiene el presidente de la República y con ello sus seguidores para continuar machacando en contra de las autoridades electorales cuando no les gusta su proceder, y eso que se asumen rabiosamente demócratas.

Por ello hay que vigilar que el INE siga cumpliendo las atribuciones y funciones que tiene encomendadas por la Constitución y la Ley Electoral con transparencia y claridad, porque cualquier pretexto será utilizado en su contra, aun y cuando pudiera haber errores sin mala fe, pero que pueden magnificarse a través del micrófono que se utiliza todas las mañanas para cuestionar todo aquello que no es afin o conveniente a los propósitos de cooptación y control del Ejecutivo federal.

Una cosa positiva tiene ese ejercicio, que permite advertir los apetitos y las asechanzas bajo las cuales hoy se encuentran las decisiones del instituto electoral; importante es entonces para el país conservar y consolidar lo que ha demostrado ser un organismo imparcial, objetivo, transparente y que por lo tanto debe seguir sirviendo a los fines y propósitos a que fue convocado.

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