Opinión

Adolescencia en llamas

Consternación, indignación y todo lo que se le parezca causo el crimen de Rosa Isabel Muñoz Campos,'Rosita'

César Juárez
Analista

martes, 12 octubre 2021 | 06:00

“Puede ser que los hijos adolescentes no presten atención, pero aprenden tanto como los futuros adultos que serán.”                

Consternación, indignación y todo lo que se le parezca causo el crimen de Rosa Isabel Muñoz Campos, “Rosita”. Se vuelve a repetir la historia donde le es arrebatada la vida a una joven a manos de otros adolescentes. Recordemos mediante fuentes informativas algunos casos como el de Edwin Juárez y el de Christopher, solo por mencionar algunos. En el primero el joven Palma Juárez pierde la vida en manos de otros jóvenes por supuesto rito satánico que llevaría a Edwin a convertirse en vampiro provocándole diversas heridas con objetos cortantes y diferentes golpes que le costaron la vida. 

Luego el caso Christopher, donde literalmente fue secuestrado por otros adolescentes, lo ataron de pies y manos comenzando la tortura que le costó la vida.  Hoy a Rosita le arrebatan la vida tres jóvenes supuestamente amigos de la víctima. Recurro a manifestar, que esto es solo por mencionar algunos, sin duda podría mencionar decenas, si no es que ya el 100 de casos donde niñas, niños y adolescentes pierden la vida en manos de otros adolescentes por supuestos juegos, retos, etc., y por el crimen organizado. 

Hay quienes son de la idea de que con penas más altas para él o la adolescente que cometa un crimen habrán de inhibir los delitos, sin darse cuenta de que esta población, este grupo dentro de los llamados vulnerables, cada día rebasa más al gobierno y a la sociedad. Porque se carece de una adecuada y auténtica política pública en cuanto a prevención, protección y restitución de derechos para este grupo y más aún en cuanto a la salud mental. Culpar a estos adolescentes que cometen tales barbaries a 50 años de prisión poco menos o más, no resolverá el problema mientras el Estado no haga la parte que le toca en prevenir, en la auténtica rehabilitación desde los centros de reinserción social y la restitución de cada derecho vulnerado. 

El eficaz seguimiento a estos jóvenes una vez que cumplen su pena dentro los Centro de Reinserción Social para Adolescentes Infractores (CERSAI) o los centros que designe el juez (albergues). De igual forma a consideración del que escribe el Estado debe revisar presupuesto y su política pública en cuanto a la salud mental. Juárez y el Estado en sí, tienen algunos años sumergidos en la violencia que sin duda pudiese ya estar mermando la salud mental de la población. Pero por supuesto que no todo es culpa y responsabilidad de la autoridad, como sociedad debemos asumir el rol de entrada, con la educación de nuestros hijos e hijas, pendientes de estos en todo momento, de igual forma el rol de colaborar con las autoridades. Pues pudiese asegurar, y sin justificar en ningún momento, estos jóvenes en conflicto con la ley, su situación personal y familiar está quebrantada, por lo consiguiente derechos vulnerados dice la norma nacional, tratados firmados y ratificados por el país, que cuando la familia carezca de lo mínimo indispensable para hacerse cargo de la niña, niño o adolescente es el Estado quien le habrá de garantizar la protección y restitución de derechos. Entonces si la familia no puede o no quiere el Estado deberá entrar al quite con la debida consecuencia legal a quien haya omitido tal responsabilidad. Pero si el Estado tampoco quiere, puede o sabe pues también cae en responsabilidades por la norma nacional e internacional que protege a niñas, niños y adolescentes.   

        

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