Opinión

Abril, Ingrid, Fátima

La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ya no puede decir 'Ahorita no'...

Sergio Sarmiento

martes, 18 febrero 2020 | 06:00

Álamos, Sonora.- La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ya no puede decir “Ahorita no”, ni el presidente argumentar que es más importante la rifa del avión presidencial. La presumible violación, tortura y muerte de una niña de apenas siete años no lo permite.  

México vive una cruel oleada de violencia. En 2019 se registraron 34 mil 582 homicidios en el país, el nivel más alto desde que tenemos el actual sistema de estadísticas. España tuvo sólo 249 en los nueve primeros meses de 2019. El 90 por ciento de las víctimas en México son hombres, pero los homicidios de mujeres y niñas están lastimando de forma muy particular a la sociedad.  Varios casos han horrorizado a los mexicanos en los últimos tiempos. Uno fue el de Abril Pérez Sagaón, asesinada a balazos en noviembre de 2019 camino al aeropuerto de la Ciudad de México y previamente víctima de violencia extrema por su exmarido, Juan Carlos García. Ingrid Escamilla fue asesinada y descuartizada por su pareja, Eric Francisco Robledo Rosas. Este 15 de febrero se encontró el cuerpo desnudo, torturado y sin vida de Fátima, la niña de siete años que desapareció días antes al salir de una escuela en Xochimilco en la Ciudad de México.  

La sociedad está furiosa. No es el enojo de las manifestaciones de feministas, las que realizan actos vandálicos y promueven causas políticas o personales. Es el que surge de la impotencia y de los temores que afectan la vida y limitan las libertades de millones de mujeres y niñas.  

Abril, Ingrid y Fátima se han convertido en símbolos de la violencia contra las mujeres y niñas porque han escapado del anonimato de las estadísticas. Entre las decenas de víctimas de cada día, estas tres han dejado de ser simples cifras y se han convertido en rostros reconocibles con nombre e historia.  

La heroína que difundió las fotografías y la información de las golpizas que sufría Abril fue su hija, Ana Cecy, quien habló de la tragedia de “levantarse a ver la hermosa cara de tu madre ensangrentada gracias al criminal que una vez llamaste ‘papá’”. En el caso de Ingrid, las grotescas fotografías del cuerpo descuartizado, cuya difusión busca hoy castigar la fiscalía de la Ciudad de México, fueron las que permitieron visualizar la extrema crueldad del asesino. En el de Fátima, la clave fue la fotografía con la que se le buscó cuando desapareció.  

La principal responsabilidad del Estado es proteger a los ciudadanos de agresiones y robos. Las elevadas cifras de homicidios en nuestro país son expresión de un fracaso en esta tarea en todos los niveles de gobierno. Los seres más desprotegidos, como las mujeres y los niños, son los que el Estado tiene mayor obligación de proteger; por eso irritan tanto los feminicidios y los ataques a niñas.  

Un grupo plural de diputadas está considerando 23 iniciativas en materia de feminicidios, entre las que se incluye la del fiscal Alejandro Gertz Manero, que eliminaría la figura del feminicidio y utilizaría la de homicidio con agravantes en un intento por mejorar la eficacia de las acusaciones. Algunas propuestas proponen penas más altas o eliminan la prescripción de los delitos, pero no hay que perder de vista lo importante.  

Los delitos se cometen porque los criminales sienten la confianza de que no recibirán castigo. Por eso debe acabarse con la impunidad en todo tipo de violencia, pero especialmente en la que afecta a mujeres y niños.  

 

Modelo neoliberal

Los feminicidios son producto “de un proceso de degradación positivo que tuvo que ver con el modelo neoliberal”. Este es el diagnóstico del presidente López Obrador, pero es falso. Muchos países mantienen políticas liberales y no sufren las cifras de violencia que agobian a nuestro México.  

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