¿La caridad tiene límites?

Al momento de escribir esta nota van ya 90 personas fallecidas por causa de la explosión ocurrida en días pasados en las inmediaciones del poblado de Tlahuelilpan

Javier Cuéllar
Abogado
miércoles, 23 enero 2019 | 06:00

Al momento de escribir esta nota van ya 90 personas fallecidas por causa de la explosión ocurrida en días pasados en las inmediaciones del poblado de Tlahuelilpan en el estado de Hidalgo y lo cierto es que se esperan más decesos debido a las graves quemaduras que presentan muchos de los quemados en ese infausto evento. Y es que el pronóstico de un quemado de esa gravedad siempre es de reservado a malo.

En este punto hay que reflexionar que no se trató de un simple accidente, en realidad todos los huachicoleros que participaron en el robo de combustible tentaron al diablo y se sumergieron en los mares de combustible que emanaban de ese ducto que ellos mismos habían perforado con el fin de robarlo. Hombres, mujeres y niños, jóvenes y viejos fueron muchos los que participaron en ese festín de huachicol a pesar de las advertencias de algunos miembros del Ejército Mexicano que les urgían a retirarse del lugar. Nadie les hizo caso y el robo siguió alegremente hasta que por alguna causa el ducto explotó con los resultados que ya todos conocemos. En alguna forma, esos hombres buscaron su propio destino rascándole la barriga a la mala suerte. Contradijeron todas las leyes de Murphy.

En este punto hemos de recapitular que la atención a pacientes quemados es muy difícil y muy cara, de hecho no existen en el territorio nacional nosocomios que cuenten entre sus recursos de atención a la salud con sala de quemados. En consecuencia, la atención que se está proporcionando a esa inmensa gama de quemados es todo lo mejor que se puede pero tal vez no lo que se debe.

Pero algunas personas están reflexionando. Esa gran cantidad de quemados sufrieron sus percances porque andaban robando combustible propiedad del Estado mexicano. Luego entonces, si nos estaban robando, ¿les es legítimo exigir del Gobierno que se les proporcione atención médica? ¿Sería correcto que el Estado mexicano dejara a estas personas su atención a su suerte? ¿Desde cuándo la víctima tiene la obligación de cargar con las acciones de salud a favor del delincuente?

De acuerdo a las concepciones generalmente aceptadas, la caridad es una virtud teologal que radica en amar a Dios en la persona de uno mismo y en el prójimo y qué muestra más grande de amor al prójimo se puede dar de parte del Estado mexicano cuando proporciona una costosísima atención médica a un grupo de huachicoleros que le estaban robando combustible en una forma descarada. Pudiéramos pensar que el estallido de este ducto picado pudiera ser suficiente escarmiento para los huachicoleros pero todo indica que no, porque hace dos días se produjo el estallido de otro ducto en Querétaro y vaya usted a saber cuántos más explotarán. La gente no entiende y arriesga su vida por unos cuantos litros de gasolina, con el huachicol están jugando prácticamente con fuego y nosotros tenemos que pagar todas las consecuencias.

Ahora podemos preguntarnos válidamente ¿la caridad tiene límites? Este es un tema difícil de abordar sobre todo si lo hacemos desde la perspectiva de la madre Teresa de Calcuta que nos decía que en materia de caridad, “hay que da y dar hasta que te duela y si más duele, mejor”, lo cual me parece una forma exagerada de caridad porque atenta contra la propia persona y también con el sentido elemental de la justicia. Como quiera que sea nos va a resultar muy difícil encontrar personas en esta línea de sacrificio a menos que se trate de funcionarios públicos que ésten haciendo caravana con sombrero ajeno como tal parece que es el presente caso. Porque ningún funcionario está proporcionando atención médica a los heridos del estallido de Tlahuelilpan con su propio peculio, todas las cuentas se las están cargando al IMSS, al ISSSTE, al Sistema de Salud de la CDMX y a quien usted mande y guste pero nadie está haciendo caridad con su dinero. ¿Eso es caridad? La verdad tengo mis dudas.