Opinión

7 pasos para administrar el caos social (modelo para armar)

Gobernar en la abundancia y la paz es fácil

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 29 marzo 2020 | 06:00

Gobernar en la abundancia y la paz es fácil. Administrar el caos social es más complejo, pero no imposible. Es por eso que le propongo estos sencillos pasos para mantener el control de la situación. El modelo también funciona en casa.

Los siete pasos llevan una secuencia lógica, por lo que se recomienda seguir rigurosamente la metodología, de lo contrario puede ser contraproducente y el caos puede llegar a resolverse antes de tiempo, lo que provocaría resultados impredecibles.

El primer paso es ponerle ritmo al caos. Ya sabemos que una crisis provoca ansiedad y la ansiedad provoca miedo. Es irónico, pero la sensación de incertidumbre nos vuelve locos, cuando en realidad la vida entera es incierta. En el caos, tenemos miedo del futuro, nos preguntamos qué pasará mañana, se nos olvida que nunca lo hemos sabido. En general, la sociedad puede soportar que no le den algo que quiere, pero la gente enloquece cuando le quitan algo que ya tenía (eso lo aprendí de mi amigo Sergio Acosta).

La sociedad tiene una percepción de seguridad porque tiene un plan, pero cuando el plan se arruina, entonces llega la ansiedad. De pronto se diluye el futuro que la gente imaginó, entonces, hay que regresarle a la gente lo que perdió, hay que darle un plan.

Por eso hicieron un nuevo monopoly mundial con la pandemia. La Organización Mundial de la Salud nos ha impuesto una nueva tarea, vivir la hiperrealidad de la tragedia, estamos condicionados a seguir el avance del coronavirus en el mundo desde el celular. Lo mismo hacemos en México, vemos cómo avanza la pandemia en tiempo real con los reportes de López Gatell y eso nos da un respiro, porque ya tenemos la certeza de los números que se traducen en etapas.

Entonces viene lo bueno, hay que hacer un plan, para eso sirve la campaña nacional de sana distancia, la promoción de lavarse las manos y el aislamiento con la frase quédate en casa, eso nos da otra dosis de certidumbre porque ya sabemos que hacer.

En realidad, el mundo siempre pende de un hilo –no sólo la vida social–, pero los seres humanos actuamos como niños pequeños, somos egoístas y pensamos que el mundo gira a nuestro alrededor, cuando en realidad somos parte de un ecosistema. Una parte pequeña por cierto.

El segundo paso es más sencillo, si no puede resolver el problema hágalo más grande. Esto servirá para mantener ocupados a todos los que no quieran contar muertitos en el internet. Entonces, hay que provocar la histeria política. Con el coronavirus aceptamos por fin que una gran parte de lo que hacemos no tiene sentido. La escuela, por ejemplo, bien puede ser a distancia; las oficinas administrativas se pueden trasladar a las casas y ser eficientes; la burocracia se detiene sin ninguna repercusión; la cárcel, no es tan buena idea si lo vemos como un foco de infección, hay que liberar a los delincuentes de poca monta. Así, aceptamos que son pocas las actividades prioritarias, la gran mayoría no hacemos gran cosa por la humanidad.

El tercer paso es jugar con la ambigüedad del lenguaje. El problema no se va a resolver en los hospitales, se resolverá en los discursos. Busque un punto gris, nunca un negro o un blanco, el gris es donde todo puede ser o no puede ser al mismo tiempo. Como el ejercicio mental del gato de Schrödinderg que está vivo y muerto al mismo tiempo. Esto produce una sensación de que dos circunstancias –o más– pueden estar pasando al mismo tiempo. Ahora le llaman multiverso.

De pronto todo gira en torno al coronavirus, pero esto produce el efecto contrario a la larga, porque la gente se cansa y terminarán por negar el coronavirus. Hoy nos dicen que es el gran reto de la humanidad, mañana nos dirán que lo hemos superado, todo es cuestión de un discurso y listo cambian las cosas con pura retórica.

Así, el IMSS lanza un comunicado y dice que el muro que nos separa es la causa por la que  no hay tantos casos de Covid en Juárez en comparación con el Paso; después sale el alcalde Cabada para explicar que en El Paso hay hospitales privados que pueden hacer la prueba y aquí no; más tarde el Gobierno estatal dice que se están ocultando las cifras del Covid y lo hacen pasar como neumonía atípica, pero como no tenemos una memoria de las epidemias anteriores, pues no sabemos si es normal o no. No debemos preocuparnos, todo es verdad al mismo tiempo. Eso es lo grandioso del lenguaje ambiguo.

Para el cuarto paso, tenga presente que en una crisis alguien va a ganar, como lo explica la Doctrina del Shock de Naomi Klein, el miedo produce en la sociedad un efecto de ceguera, entonces el caos es el momento ideal para hacer cambios drásticos, en Chile, durante el golpe de Pinochet, aprovecharon para privatizar los servicios públicos o aprobar reformas.

Es la coyuntura ideal para hacer cambios, como sucedió esta semana en Delicias, Meoqui y Camargo, con los agricultores que se dieron cuenta de que la Comisión Nacional del Agua abrió de más la presa para distribuir agua en Nuevo León y Tamaulipas.

Para el Gobierno federal, el cálculo era correcto ¿quién se iba a fijar si todos están atentos al coronavirus? Los funcionarios de la Conagua olvidaron un detalle, que la pandemia está en el imaginario colectivo de las grandes ciudades y en la clase media. En el campo y en las zonas más pobres el coronavirus es una cumbia. Si no me cree, busque el video del Rhino, el vehículo blindado más equipado de la policía, jalado por un tractor. Es un poema. “Susana Distancia”, la heroína del momento no llegó a Delicias. Esto nos enseña que, si la gente se vuelve loca, no hay policía, ni estampita que pueda sofocar a la turba.

El quinto paso, es crear un lenguaje nuevo para hacer parecer técnico lo obvio. Entonces, conceptos como impacto diferencial, caracterizar la región o pulmonía atípica, no son otra cosa que “a cada quien le pega distinto”, “cada región es diferente” y “se murió de una gripe mal tratada”. Lo mismo que dicen las abuelas puesto en palabras de tecnócratas se escucha mejor. Aunque al final todos se van a encomendar más a Dios que al gobierno.

Y las abuelas, sin estudios en el extranjero, ni veinte años de engrosar la burocracia de la salud, pueden explicar mejor la pandemia que López Gatell, si me apuran, seguramente las señoras tendrán un mejor plan que los epidemiólogos de gabinete.

El sexto paso es idealizar el caos, un discurso alentador, algo que diga que “la crisis nos hace más fuertes como sociedad”, “vamos a salir adelante”, mensajes que hagan una profunda reflexión en la posibilidad de un paraíso hipster con ayahuasca y toda la cosa, una visión que detone en la importancia de los saberes tradicionales y de la sabiduría popular, que promueva la economía solidaria, el autocultivo o algo así.

Ya hay quienes hablan de la caída del capitalismo y de una nueva era para la humanidad. No es para tanto, pero está bien, porque eso mantendrá a muchos entretenidos durante la cuarentena.

El séptimo paso es centralizar las decisiones y provocar el distanciamiento social. En lugar de hacer comunidad, hay que apelar por la segregación. Que todos cierren las puertas como signo de solidaridad ¿sólo a mi me parece absurdo esto? Bueno, increíble pero funciona.

Como también es absurda la hipótesis de que, los cuarenta días, servirán para evitar la pandemia. En realidad no lo saben. En cuatro semanas vamos a regresar a la calle a contagiarnos ¿nadie lo ve? El discurso es falso, pero está centralizado, solamente una persona decide y es un epidemiólogo asustado por la crisis mundial. Mejor deberíamos preguntarle qué hacer a doña Toña. Según el Estado, la solidaridad de la gente se traduce en “no me infectas y no te infecto”, esa es la nueva etiqueta higiénica. Pero no hago nada por los demás.

Para concluir, debo decir que en Ciudad Juárez tenemos más pandemias, la violencia, las adicciones, los empleos mal pagados, la injusticia fiscal, esas pandemias no se acaban en cuarenta días. Esta primera semana solamente nos han hecho reflexionar sobre la catástrofe sanitaria, pero si lo vemos bien, es la tormenta perfecta.

Aun así, decía mi tía Avelina “todo tiempo futuro es mejor”, estoy seguro que las pandemias nos harán lo que el viento a Juárez. ¿Qué le hizo el viento a Juárez? Le tumbó el sombrero y le campaneó las muelas.