Opinion El Paso

Votar es la mejor manera de honrar a las mujeres que allanaron mi camino

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Kamala Harris/Especial para The Washington Post

domingo, 06 septiembre 2020 | 06:00

Washington— Hace 100 años se adoptó formalmente la Decimonovena Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos. Las valientes estadounidenses llevaban siete décadas organizándose y protestando para que se les tratara con equidad en nuestra democracia, y al final, su arduo trabajo dio frutos. Después de los votos de ratificación de 36 estados, nuestra Constitución consagró para siempre el derecho al voto de las mujeres estadounidenses.

Claro, siempre que no fueran mujeres afroamericanas. O latinas. O asiáticas. O indígenas.

No podemos celebrar ese día, ahora conocido como el Día de la Igualdad de la Mujer, sin recordar a todas las estadounidenses a quienes hace un siglo se les excluyó de esa victoria del derecho al voto. En su labor para garantizar el voto, activistas afroamericanas como Ida B. Wells se enfrentaron a la discriminación y al rechazo de las sufragistas blancas. Y cuando al fin se ratificó la Decimonovena Enmienda, las mujeres afroamericanas volvieron a quedar rezagadas: impuestos electorales, exámenes de alfabetización y otras tácticas de supresión de votantes de la ley Jim Crow prohibieron en la práctica el voto de la mayoría de las personas afroamericanas.

De hecho, si yo hubiera vivido en 1920 me habrían prohibido votar junto a las mujeres blancas. Tampoco lo haría mi madre, una inmigrante india, quien fue la primera en enseñarme lo sagrado que es nuestro voto. Pasaron otros 45 años hasta que la Ley de Derecho al Voto protegiera el derecho a votar de millones de personas afroamericanas, y otros 10 años hasta que ya no se obligara a las mujeres latinas e indígenas a presentar exámenes de alfabetización.

Así que, aunque el centenario de la Decimonovena Enmienda nos recuerda que el progreso extraordinario es posible, también nos recuerda que jamás ha existido un verdadero sufragio universal en Estados Unidos.

Sabemos lo que debemos hacer para cumplir la promesa de la Decimonovena Enmienda: aprobar la Ley de Derechos Electorales de John Lewis, apoyar el registro electoral automático y el mismo día de las elecciones, así como ayudar a financiar sistemas electorales estatales que sean seguros. Eso haremos el candidato demócrata a presidente, Joe Biden, y yo al llegar a la Casa Blanca.

Pero el cambio no puede esperar hasta entonces. Una vez más, los republicanos están haciendo todo lo posible para suprimir y atacar el derecho al voto de la población afroamericana. Están recurriendo a leyes discriminatorias de identificación de electores, manipulación racial, purgas en las listas de votación, cierre de precintos, y están reduciendo los días de voto anticipado, un conjunto de medidas que perjudica directamente a las comunidades afroamericanas desde que, en 2013, la Corte Suprema disolvió la Ley de Derecho al Voto.

Y este año, los republicanos están gastando millones de dólares en todo tipo de tácticas para provocar miedo. Las más notorias: tratan de sacar el mayor provecho a una pandemia que el presidente Donald Trump no puede o no quiere controlar. Difunden información falsa sobre el voto por correo, una opción de voto segura, además se les sorprendió intentando politizar el Servicio Postal de los Estados Unidos. Mientras tanto, este mismo año, el propio presidente solicitó una boleta de votación por correo postal y animó a sus seguidores a hacer lo mismo en los lugares donde necesita ventaja política para ganar. Esta doble moral es incorrecta e insostenible.

Por otro lado, nuestra campaña destina todos los recursos necesarios para combatir la supresión electoral. Tenemos que garantizar que todos los que son elegibles para votar puedan hacerlo y que su voto cuente.

Estamos trabajando con funcionarios electorales de todo el país para incrementar los lugares de votación anticipada. También estamos proporcionando, en donde sea posible, formularios de solicitud de voto en ausencia con estampilla prepagada, así como seguimiento de las solicitudes para confirmar que se presentaron en conformidad con las leyes estatales. Y cuando sea necesario iremos a los tribunales para proteger el derecho universal al acceso de las urnas y emitir el voto de forma segura, ya sea en persona o por correo postal.

Dicho esto, se requiere un esfuerzo colectivo. En 1920, las mujeres afroamericanas establecieron "escuelas de sufragio" para aprender entre todas cómo pagar el impuesto electoral o aprobar el examen de alfabetización que los funcionarios electorales locales impusieron a las personas afroamericanas en Estados Unidos. Así que con esa intención, esto es lo que ustedes, como votantes, deben hacer: primero, comprueben que están registrados para votar en iwillvote.com. Después, voten de forma anticipada si es posible, ya sea de manera presencial con cubrebocas en su casilla electoral o soliciten una boleta de votación por correo postal, la cual pueden regresar por correo, depositar en buzones o entregarla en su Junta Electoral local.

Si hacemos eso, y si votamos en cifras no vistas antes, podemos demostrar que estos últimos cuatro años no representan lo que somos o lo que aspiramos ser. Y así terminar el trabajo que se inició hace mucho tiempo al aportar más voces a nuestra democracia.

A fin de cuentas, cuando la Decimonovena Enmienda se ratificó hace 100 años, habría sido inimaginable que una mujer afroamericana fuera aspirante para la vicepresidencia de los Estados Unidos.

Así que este otoño recuerden las luchas y los sacrificios que lo hicieron posible. Porque la mejor manera de honrar a las generaciones de mujeres que allanaron mi camino, el camino de todos nosotros, es votar y continuar su lucha para que todos los estadounidenses puedan hacer lo mismo sin importar su género, raza, edad, capacidad o código postal.