Opinion El Paso

Un contradecálogo para López Obrador

El país no deja de sumar enfermos y muertos mientras el presidente publica como mensaje oficial de salida del coronavirus diez puntos de generalidades

Diego Fonseca / The New York Times

viernes, 26 junio 2020 | 06:00

Nueva York— Cuando México esperaba  un  plan,  tuvo  un púlpito.  Cuando  necesitaba un estadista, llegó un mesías con un decálogo.El  presidente  de  México,  Andrés Manuel López Obrador, parece cada vez más empeñado en crearse un mundo a medida  sin  relación  dialéctica  con  los dramas nacionales. El país no deja de sumar enfermos y muertos mientras el presidente publica como mensaje oficial de salida del coronavirus diez puntos de generalidades,  moralina,  pseudoeco-logismo banal y desopilante cantinela new age. O en el Gobierno de México no hay estrategias claras o el cinismo es rampante. Ninguna de las dos opciones es buena.¿Qué está mal con el decálogo pre-sidencial?  Todo.  ¿Qué  sería  correc-to  hacer?  Sin  agotar  opciones,  acá vamos:1. Mantengámonos informados de las disposiciones sanitarias. Mantener bien informada a la sociedad es respon-sabilidad  de  las  autoridades,  no  de  la gente. Y cuanto mejor es esa informa-ción, más fácil es convencer a los ciuda-danos. Pero el Gobierno de México no ha tenido ni coherencia ni consistencia en  sus  mensajes  y  sus  actos.  La  con-tradicción ha sido norma y su máxima figura simbólica (AMLO) ha pasado del desdén a la burla, el desafío, el sarcasmo y una desubicada propaganda.¿Qué  debiera  hacer  México? Claridad  y  brevedad,  en  lugar  de  las Mañaneras y las conferencias de Hugo López-Gatell,  el  vocero  en  la  crisis, donde abundan monólogos, retórica y poca información creíble. No hay que inventar  el  hilo  negro:  pueden  apren-der  de  la  primera  ministra  de  Nueva Zelanda,  Jacinda  Ardern:  mensajes precisos y enfocados y mucho tiempo abierto  a  preguntas  específicas  de  la prensa profesional, sin propagandistas ni aduladores.2. Actuemos con optimismo. Opti-mista es quien confía, pues sabe a qué atenerse.  Pero  la  confianza  se  obtiene con un plan claro. México no tiene ese plan. No hay razón para el optimismo: nadie sabe bien cómo aparecerán los dos millones de empleos que ha prometido AMLO ni cómo reactivará la economía sin un programa de estímulos profundo y prolongado.En  lugar  de  apostar  por  el  opti-mismo vago, puede hacer algo que ya está probado: la canciller de Alemania, Angela Merkel, se dirigió a los ciudada-nos para decirles que no hay solución mágica y trazar una hoja de ruta formal y creíble. La confianza ganada permite un cauto optimismo.3.  Demos  la  espalda  al  egoísmo  y al  individualismo  y  seamos  solidarios y humanos. “Si me cuido, te cuido” es el  acuerdo  social  tácito  que  mejor  ha funcionado  en  las  cuarentenas  en  el mundo: no tomar riesgos ni provocar-los. Pero cuando un Gobierno anuncia la apertura de la economía mientras el país sigue en alerta roja, no hay solidaridad: decide la voluntad presidencial más allá del consejo especializado.¿Qué hacer? Los ciudadanos acatan y aceptan restricciones si entienden que es  para  el  bien  común;  su  confianza crece  si  perciben  que  las  autoridades saben  qué  hacer.  No  ayuda,  como  ha pasado en México, cuando los políticos menosprecian  el  esfuerzo  solidario  y contradicen a los especialistas.4. No nos dejemos envolver por lo material. Alejémonos del consumismo. El  regreso  a  la  vida  en  sociedad  tiene una razón económica que contradice el deseo  presidencial:  reactivar  requiere consumo.  Una  economía  genera  bie-nes y servicios, no vive de un ommmm santurrón  ajeno  al  presidente  de  la segunda nación más poblada de Amé-rica Latina.Más  bien,  el  Gobierno  de  México debe perseguir la equidad tributaria y la inclusión y hallar el modo de exigir a las empresas que paguen mejores salarios. Hay decenas de ejemplos en proceso. Entre  sus  vecinos,  Estados  Unidos  y hasta la inestable Argentina han lanzado ayudas directas a las familias. La Unión Europea  dispuso  incentivos  multimi-llonarios  para  Gobiernos  y  empresas. México, en cambio, mantiene su plan de  ajuste  y  lanzó  un  programa  fiscal “tímido”.5. La mejor medicina es la preven-ción.  Ya  la  Organización  Mundial  de la Salud hizo saber que el Gobierno de México  no  actúa  bien.  Realiza  pocas pruebas, confinó tarde, desescala tem-prano y López-Gatell diezmó su credi-bilidad inicial con reiterados anuncios fallidos de picos de contagio.¿Qué hacer? Las naciones que más pronto  y  más  tests  realizan  controlan mejor  la  pandemia;  la  reapertura  no debe anticiparse sin planes de contin-gencia; un mensaje consistente ayuda a  transmitir  la  urgencia.  No  hay  que inventar nada: Taiwán y Corea del Sur son ejemplos exitosos, y también una exhibición de los nuevos riesgos.6. Defendamos el derecho a gozar del  cielo,  del  sol,  del  aire  puro,  de  la flora  y  la  fauna.  En  la  fantástica  pelí-cula  Desde  el  jardín,  un  limitado  jar-dinero, Chauncey Gardiner, confunde a  los  poderosos  con  sus  referencias  al crecimiento: todos ven metáforas de la economía cuando solo habla de plantas. En México, el presidente se convierte en el jardinero nacional: el decálogo de AMLO es falso ambientalismo. No cree lo que pide.Señor  presidente,  si  llama  a  dis-frutar  de  la  naturaleza,  no  desprecie las  energías  renovables  ni  profundice la  explotación  de  petróleo,  no  monte un  fastuoso  tren  a  través  de  reservas ecológicas ni construya una refinería y un mega aeropuerto sin considerar su impacto ambiental.7.  Alimentémonos  bien.  Optemos por lo natural, fresco y nutritivo. Méxi-co es la segunda nación del mundo en obesidad de adultos y tiene uno de los mayores  índices  de  obesidad  infantil. Una gran porción de esas personas, con elevado perfil de riesgo para el corona-virus, no tiene recursos para pagar por productos frescos y naturales, más caros y menos accesibles.Si  el  presidente  quiere  buena  ali-mentación, ¿qué tal implementar meca-nismos  de  reconversión  productiva y  ayudar  a  la  economía  informal?  O campañas de educación y seguimiento intensivas y prolongadas cercanas a las familias. O incrementar los impuestos sobre productos nocivos para la salud y subsidiar el consumo de agua o alimen-tos más nutritivos. Pero estos cambios toman tiempo; reclamarlos ahora suena a culpar a la mitad del país por no ali-mentarse como un vegano noruego.8. Hagamos ejercicio. De acuerdo, una vida sana es necesaria, pero primero es necesario tener una vida. Ergo, no es razonable tentar a la población a volver a las calles con un virus activo y agresivo en ciudades superpobladas.¿Qué hacer, si sigue el plan? Serán necesarios espacios seguros, pero nadie en el Palacio Nacional ha de haber nota-do  la  crisis  de  seguridad,  los  riesgos para las mujeres, los niveles de conta-minación de sus principales ciudades. Si quiere que los mexicanos se ejerciten en público en un país en pintado de rojo, señor presidente, se debe invertir mejor en seguridad ciudadana y en salud.9. Eliminemos las actitudes racistas, clasistas, sexistas y discriminatorias en general. Cuando las mujeres protestaron por los feminicidios, el Gobierno mexi-cano respondió con desinterés. Cuando el  organismo  oficial  para  combatir  la discriminación  programó  un  debate sobre  racismo  con  un  humorista  con-troversial,  la  reunión  acabó  cancelada tras  las  críticas  de  la  esposa  del  presi-dente. Cuando AMLO debió respaldar al organismo, dijo que no sabía de su existencia y dejó caer a la directora que él mismo nombró.Señor presidente: la doble moral es peligrosa.  No  se  combate  la  discrimi-nación negando entidad al organismo responsable. Peor, usted es hoy el poder, parte de una élite: discrimina, privilegia, cuando desoye la crítica social.10. Busca un camino de espiritua-lidad,  un  ideal,  una  utopía,  un  sueño, un propósito en la vida. Sí, es necesario trabajar por un anhelo. Aquí uno: los ciudadanos de México, y muchos paí-ses, pueden elegir un ideal, una utopía, un sueño y un propósito: tener buenos Gobiernos, serios, capaces, ocupados y profesionales.Esta es la receta del médico para una democracia:  organizar  una  sociedad civil  capaz  de  producir  liderazgos  que reemplacen a la decadente clase política de un país. Namasté.