Trump está planeando darle un cruel giro a la política fronteriza

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Taylor Levy / The Washington Post
miércoles, 22 mayo 2019 | 06:00

A pesar de que el presidente Donald Trump dio marcha atrás públicamente a su amenaza de reiniciar su política de separación de familias, que fue ampliamente condenada, reportes revelan que la administración ha aprobado unos planes para renovar esa práctica –renombrándola de manera eufemística como la “opción binaria”.

En realidad, este insulso término oculta un cruel ultimátum para los padres en la frontera: o son separados de sus hijos de manera indefinida o renuncian a los derechos que tienen sus hijos para que puedan ser enviados a la cárcel junto con ellos.

La opción entre la separación de las familias y la detención de las mismas no es una opción del todo.  Tan cruel como es la separación, los niños simplemente no deben estar en una prisión.

Una serie de asociaciones pediátricas están de acuerdo en que los efectos de la detención, incluyendo la detención familiar, son traumáticos de manera única para los niños y puede causar un daño irreparable durante toda su vida.

El récord que tiene la administración Trump en cuanto a la separación de familias da una pista sobre cómo será en la práctica la “opción binaria”: los padres serán forzados a tomar decisiones en cuestión de segundos bajo condiciones coercitivas y sin asesoría legal –probablemente después de pasar varios días en unas polvorientas tiendas de campaña o en algunas celdas con una temperatura congelante.

He trabajado con refugiados en El Paso durante casi una década –he conocido a miles de familias y he escuchado incontables historias de violación, tortura y homicidio que los han forzado a huir de sus países de origen.

Este trabajo hace que uno se familiarice con la tragedia.

Sin embargo, el trauma que ha causado la política de separación de familias de la administración Trump no se parece a nada que haya experimentado. Ésa es la razón por la que es incomprensible que –en el primer aniversario de la orden ejecutiva de Trump, que supuestamente dio por terminadas las separaciones de familias– la misma administración esté considerando eludir la voluntad de las cortes e ignorar la voluntad de la gente al re-implementar esa horrible práctica.

El verano pasado, después que las cortes ordenaron dar por terminada la política de la separación de familias, vi más de 300 madres y padres que se reunieron con sus hijos en el albergue en donde trabajé. Muchos de ellos eran niños pequeños que veían a sus padres con cautela e incertidumbre en lugar de reconocimiento y alivio.

Yo esperaba que hubiera un tono más brillante, pero la realidad fue más que sombría; los niños y los padres, por igual, parecieron conmocionados mientras trataban de adaptarse a su nueva vida normal.

Escuche cómo una niña de 5 años, que coloreaba furiosamente, me dijo con una voz con sonsonete que su “papi” la había dejado sola porque ella pensaba que no la quería lo suficiente.

Algunos niños melancólicos no veían a sus padres a los ojos, ya que estaban enojados y los culpaban de una separación que estuvo más allá del control de sus progenitores.

Otros niños se colgaban de las piernas de sus padres, rehusándose a perderlos de vista.

Después que estas horribles imágenes de niños separados empezaron a inundar el país el verano pasado, provocaron un impacto y coraje a nivel nacional, al principio, la detención de familias parecía ser una mejor alternativa que la separación de las mismas.

Sin embargo, la realidad eso parece más un campo de concentración que un lugar seguro.

Actualmente, la detención de familias existe de manera limitada. Sin embargo, el permitir que la administración Trump implemente la “opción binaria” como política podría ampliar enormemente esa práctica colocando a más niños en los campos de detención, probablemente por períodos más largos.

En un campamento de detención familiar en Nuevo México, conocí a una niña suicida de 4 años, cuyo rostro estaba cubierto con sangre por los rasguños que se auto-infringía. Cada vez que ella y su madre caminaban por una acequia de desagüe a lo largo del cerco de alambre de púas que las rodeaba –esta pequeña niña le rogaba a su madre  que se metieran al agua. Ella no quería nadar, quería que los “cocodrilos” se las comieran para que pudieran irse al cielo y escapar de ese lugar.

Otro niño pequeño tenía que ser sujetado por su madre porque corría a toda velocidad y se estrellaba contra unos casilleros metálicos. Estaba cubierto de moretones.

He visto numerosas madres desconsoladas llorando en los campamentos de detención familiar y darse por vencidas respecto a su petición de asilo, a pesar de saber que serían deportadas de nuevo al peligro.

No podían soportar pasar otro día u otros meses y ver a sus hijos sujetos a una tortura psicológica por la detención familiar.

Este es el destino de la “opción binaria” que podría forzar a niños y familias vulnerables a una brutal separación o a una prisión traumática.

El año pasado, al trabajar junto a voluntarios y abogados que no cobran por sus servicios, mis colegas y yo hemos hecho lo mejor que hemos podido para asesorar a los padres que han sido separados sobre esas “opciones”. 

Sin embargo, bajo esta administración, no existe un buen consejo, no hay respuestas verdaderas ni opciones honestas.

Los padres se siguen culpando a sí mismos, diciendo que tal vez hubieran sido reunidos con sus hijos si hubieran firmado el formato de la manera “correcta”. ¿Podrán ellos cambiar sus respuestas?  ¿Nosotros podremos ayudarles?

También existen otras preguntas menos legalistas: ¿Podrán sus hijos entender que tomaron esa “opción” para protegerlos, no porque no los amaran? ¿Sus hijos dejarán de culparlos?¿Podrán alguna vez dejar de preocuparse porque tomaron la decisión equivocada?

La verdad es que no existe  una decisión correcta cuando las opciones están colocando a sus hijos en una prisión junto con ellos o el dar su consentimiento y firmar para entregarles a sus hijos a extraños de manera indefinida.

La detención de familias a través de la “opción binaria” es un giro siniestro e irónico que únicamente amplía los horrores de la separación de sus hijos en lugar de terminar con ellos.

Como estadounidenses –y como madres, hijas, padres e hijos– no podemos permitir que esos horrores se repitan.

 Taylor Levy es un abogado de inmigración y coordinador legal de la Casa Anunciación en El Paso, Texas