Opinion El Paso

Trump está ayudando a Maduro y Ortega

No es sorprendente que Ortega dijera el 8 de noviembre que “respeta” las denuncias de Trump de un supuesto fraude electoral

Andrés oppenheimer / Miami Herald

sábado, 14 noviembre 2020 | 06:00

Miami— Un chiste que circula en círculos diplomáticos dice que el presidente Donald Trump tiene suerte de que no haya una embajada de Estados Unidos en Washington D.C.: si la hubiera, estaría denunciando su postura antidemocrática de no respetar el resultado de unas elecciones libres.

De hecho, la descabellada afirmación de Trump de que ganó las elecciones del 3 de noviembre es una bendición para el dictador venezolano Nicolás Maduro, el autócrata nicaragüense Daniel Ortega y los gobernantes autoritarios de todo el mundo.

No es sorprendente que Ortega dijera el 8 de noviembre que “respeta” las denuncias de Trump de un supuesto fraude electoral. Junto con Vladimir Putin de Rusia, Xi Jingping de China, Ortega es uno de los pocos presidentes que aún no han reconocido la victoria de Biden.

Los autócratas ahora pueden sentirse bien acompañados. Ya no son los únicos que no han respetado la voluntad del pueblo. El propio presidente de Estados Unidos lo ha hecho. Y la próxima vez que Estados Unidos los critique por sus ataques a la democracia, podrán decirle: “¿Y en casa cómo andamos?”.

Eso fue lo que me vino a la mente cuando leí un tuit del 9 de noviembre del secretario de Estado, Mike Pompeo, que anunciaba que el ex presidente nicaragüense Arnoldo Alemán será objeto de sanciones de Estados Unidos porque sus acciones “socavaron las instituciones democráticas en Nicaragua”.

Fue solo la última de muchas declaraciones similares que emite el Gobierno de los Estados Unidos criticando o anunciando sanciones contra Gobiernos autoritarios.

“Es una hipocresía que Pompeo diga esto, porque él mismo está siendo cómplice de algo parecido en Estados Unidos”, me dijo el ex jefe de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado, Arturo Valenzuela, refiriéndose a las sanciones contra Alemán.

Lo que es peor, Pompeo dijo el 10 de noviembre que habrá “una transición sin problemas a una segunda administración Trump”. Si Pompeo estaba bromeando, era una broma muy mala, que socava la tradición del Departamento de Estado posterior a la Guerra Fría de tratar de ser un líder mundial en la defensa de la democracia.

“Estados Unidos está perdiendo credibilidad”, me dijo el ex secretario de Comercio de Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, quien trabajó en la administración del presidente George W. Bush. “Después de lo que está haciendo Trump, ¿cómo podemos criticar a otro país por no respetar la voluntad del pueblo?”.

No me malinterpreten, Trump tiene derecho a investigar lo que quiera y a exigir recuentos de votos cuando la ley lo permite. Pero afirmar contra toda evidencia de que “gané esta elección, por mucho”, como lo ha hecho, es un ataque a la democracia como los que ocurren en repúblicas bananeras, pero hasta ahora no pasaba en Estados Unidos.

Al momento de escribir este artículo, más de una semana después de las elecciones estadounidenses, Trump y su aparato de desinformación no han mostrado una sola prueba de irregularidades que pudieran haber afectado los resultados electorales en ningún estado de los Estados Unidos.

Por el contrario, Biden ganó las elecciones por un margen mucho más amplio que Trump en el 2016. Biden ganó tanto el voto popular como el del Colegio Electoral, mientras que Trump solo ganó el Colegio Electoral en 2016. Además, Biden ha ganado en estados indecisos como Pensilvania, Michigan y Wisconsin por muchos más votos de los que obtuvo Trump en 2016.

Está claro que la negativa de Trump a reconocer su derrota es puro teatro político, para poder irse de la Casa Blanca como una presunta víctima, mantenerse como líder de su partido, y empezar a montar su campaña electoral para el 2024.

Pero el escandaloso comportamiento de Trump dañará la autoridad moral de Estados Unidos para criticar la falta de democracia en otros países, y ayudará a normalizar las acciones de los autócratas que no respeten resultados electorales adversos. Es por eso que Maduro, Ortega y sus amigos deben estar diciendo: “¡Gracias, Donald!”.