Opinion El Paso

Trump aprovecha la pandemia

El ataque a los migrantes por parte del gobierno del presidente Donald Trump no ha terminado

Maria Woltjen / The New York Times

viernes, 26 junio 2020 | 06:00

Nueva York— La decisión que tomó la Corte Suprema de Estados Unidos la semana pasada para proteger el pro-grama de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA)  fue  motivo  de  celebración,  pero  el  ataque  a  los migrantes por parte del gobierno del presidente Donald Trump no ha terminado. Trump ya anunció que planea seguir ejerciendo presión para poner fin al DACA. Pero, de manera más inmediata, con el pretexto de la pandemia, el gobierno de Trump está enviando de vuelta a los menores no acompañados que llegan a la frontera, lo cual es una violación a las leyes federales.En octubre de 2017, la Casa Blanca emitió una lista de políticas migratorias que quería implementar. El muro fronterizo era lo primero en la lista, seguido de deportar a los menores que viajaban solos. Eso está sucediendo ahora sin que nadie se entere, y el argumento para justificarlo es la salud pública.La semana pasada, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades ampliaron de manera indefi-nidauna orden que prohíbe el ingreso al país a los migrantes  que busquen protección en las fronteras terrestres, incluidos los niños. Esta orden, que se emitió por primera vez en marzo, infringe las leyes federales contra el tráfico de per-sonas que exige al gobierno que mantenga bajo custodia preventiva a los menores no acompañados y les permita comparecer ante un funcionario o juez de asilo.Hasta ahora, los agentes de la Patrulla Fronteriza, quienes no cuentan con capacitación para solicitar un tes-timonio ni para evaluarlo, les han negado el ingreso a más de 2000 niños, ya sea enviándolos de regreso a México por la garita o deportándolos a sus países de origen en vuelos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.Los  niños,  muchos  de  los  cuales  son  menores  de  13 años, llegan a Estados Unidos provenientes de todo el mundo en busca de seguridad. Nuestras leyes contra el tráfico de personas exigen que, tras su arresto por la Patrulla Fronteriza, los menores deben quedar bajo el cuidado y la custodia de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados y ser ubicados en un refugio donde puedan recuperarse lo suficiente para contar su historia, tengan la oportunidad de solicitar protección y se les coloque con familiares en Estados Unidos mientras realizan los procedimientos migratorios.Nuestro gobierno está enviando a los niños que están en  la  mira  de  las  pandillas  directamente  de  vuelta  a  sus victimarios, a los niños abusados con sus abusadores. He trabajado con menores no acompañados durante dieciséis  años. Se necesita tiempo para desentrañar las historias de estos  niños,  para  dilucidar  si  tienen  algún  lugar  adonde regresar.En una ocasión, a mi grupo se le asignó trabajar con una niña de 16 años originaria de Haití que estaba emba-razada. Nuestros voluntarios francófonos se reunieron con ella durante varios meses hasta que al fin se sintió cómoda para compartir su historia sobre la caminata de la escuela a la casa en la que una pandilla de hombres le vendó los ojos y la violó. Quedó embarazada tras la violación y se sentía tan avergonzada que le tomó meses hablar de ello con su abogado voluntario.En otro caso, un adolescente de Guatemala, quien hablaba una lengua indígena y entendía muy poco español,  fue  traído  a  Estados  Unidos  por  un  coyote.  Fue  coloca-do en custodia preventiva y se le asignó un defensor de menores.Pasó casi un año para que el defensor pudiera deter-minar que el muchacho había sido forzado a trabajar en los campos de maíz seis días a la semana de sol a sol. No se le permitía asistir a la escuela. Su defensor argumentó que enviarlo de regreso no sería benéfico para el adolescente. Le otorgaron asilo y ahora cursa la universidad comunitaria.Otra  prioridad  en  la  lista  de  deseos  del  gobierno  en 2017 era deshacerse del acuerdo resolutorio del caso Reno contra Flores, un decreto de consentimiento de 1997 que impide al Departamento de Seguridad Nacional mantener a menores en detención familiar durante más de veinte días. Aunque el gobierno de Trump ha tratado de evadir la sentencia Flores, los tribunales federales han frustrado sus intentos.Sin  embargo,  altos  funcionarios  de  la  agencia  han reinstaurado un plan llamado Decisión Binaria. El Depar-tamento de Seguridad Nacional dijo a los padres en deten-ción familiar que, si les preocupa el coronavirus, pueden firmar los documentos necesarios para que sus hijos sean liberados. Los padres se enfrentan a la “decisión” tortuosa de  mantener  a  sus  hijos  detenidos  indefinidamente  en condiciones que un tribunal federal describió como “caldos  de cultivo para el contagio” o separarse de ellos. Nos encon-tramos ante otra versión de la separación de familias.Durante la pandemia, todos hemos tenido que aceptar considerables limitantes a nuestra vida diaria para proteger-nos, para proteger a nuestras comunidades. Pero ese no es motivo para rechazar a los menores, en especial a los niños que desesperadamente necesitan protección.Como señalaron hace poco los expertos en salud públi-ca,  existen  medidas  que  podemos  adoptar  para  reducir los riesgos sanitarios para los menores migrantes que llegan a la frontera por su cuenta, sin dejar de proteger a los estadounidenses. Los refugios que dirige la Oficina de Reasentamiento de Refugiados perteneciente al Departa-mento de Salud y Servicios Humanos estáncasi vacíos, hay mucho espacio para poner en cuarentena a los menores durante catorce días.Las leyes para el bienestar infantil de los cincuenta estados exigen que antes de que un menor sea asignado a una familia o enviado de un estado a otro, un juez debe considerar si el menor estará seguro. Este requisito no desaparece  porque  haya  una  pandemia.  Es  lo  mínimo que se merecen los menores migrantes no acompañados; tenemos una obligación, conforme a las leyes federales e internacionales, de conocer sus historias y asegurarnos de que estarán seguros en el siguiente lugar al que lleguen.