Opinion El Paso

Tratando de ir más allá de hacer historia

.

Robin Givhan/The Washington Post

viernes, 11 junio 2021 | 06:00

Washington— En el escenario mundial, la historia de este país se coloca en una perspectiva más clara. Al mostrarse contra el telón de fondo de poblaciones cuyas historias y artefactos datan de un milenio, el techo de una recién construida democracia se ve modesto. Por lo que, cuando Kamala Harris llegó a un territorio extranjero por primera vez como vicepresidenta, el panorama fue trascendental y anti-climático.

Durante su primera parada en su recorrido por dos países, Harris estuvo de pie junto al presidente guatemalteco Alejandro Giammattei durante una conferencia de prensa y respondió preguntas sobre la migración, corrupción y el significado de su exitoso papel en la administración Biden.

La discusión sobre la historia provocó una sonrisa en su rostro mientras hablaba del orgullo de representar a su país en el extranjero y reiteró la importancia no sólo de abrir puertas, sino también de mantenerlas abiertas para que otras puedan caminar también hacia ellas.

“Me agrada mostrarle a cualquiera, sin importar cuál sea su raza o género, que ustedes también podrían ser los primeros en hacer algo, pero asegúrense de que no sean los últimos”, dijo Harris mientras estaba de pie ante el atril en la Ciudad de Guatemala bajo una carpa en el Patio de la Paz.

“Hay que allanar el camino para crear una oportunidad para que otros se conviertan en los primeros de su familia o de su comunidad en hacer esas cosas que tal vez otros ni siquiera pensaron que eran capaces de hacer, pero que Dios les dio esa capacidad para lograrlo y con un poco de ayuda, lo podrán conseguir”.

Su respuesta fue precisa y alentadora, pero también conocida. Así es, hacer historia es maravilloso, pero ése no es el objetivo final. Y debido a que hay muchos hombres y mujeres que han sido los primeros en llegar a una posición idealista, el simbolismo conlleva la consideración. Sin embargo, también hay un momento en que el cuello de alguien puede empezar a dolerle de ver hacia arriba con admiración pero llegó el momento de cambiar esa mirada de la gloria a la tierra.

Si hay un momento singular que habla del breve tiempo que pasó Harris en Guatemala, no fue su llegada cuando la primera vicepresidenta de este país fue recibida con una guardia de honor. Tampoco fue ver a esa mujer afroamericana e indígena americana participar en un saludo ceremonial desde un balcón del Palacio Nacional de la Cultura.

Tampoco fue el muy publicitado tiempo que pasó celebrando a empresarias en Guatemala —y posteriormente en México. Su acto público más contundente fue la manera en la que miró directamente a las cámaras y les advirtió a los que consideran realizar travesías ilegales a la frontera de Estados Unidos que no lo hagan.

“Quiero ser muy clara con las personas de esta región que están pensando realizar una peligrosa travesía a la frontera entre Estados Unidos y México. No lo hagan. No lo hagan”, dijo Harris.

“Estados Unidos seguirá aplicando nuestras leyes y asegurando nuestra frontera. Existen métodos legales a través de los cuales la migración puede y debe llevarse a cabo. Para nosotros, una de nuestras prioridades es desalentar la migración ilegal. Y creo que si ustedes vienen a nuestra frontera, los vamos a regresar”.

Eso no fue un simbolismo brillante, sino una descripción fría de la política fronteriza de la administración, una que está en medio de lo que parece ser un tema de migración sin solución, que ahora es parte del portafolio de problemas que tiene que solucionar Harris. La pregunta ha dado lugar a un lento esfuerzo a través de un problema que ha obstaculizado a múltiples administraciones.

Al ver a Harris en Guatemala y México, la historia de su presencia parece grande, así como la manera en que Estados Unidos es visto globalmente. Habla de las posibilidades para las futuras generaciones. Y aunque, en el momento —en las instancias perfectamente coreografiadas cuando el público logra un vistazo de ella en medio de otros dignatarios y encabezando la delegación estadounidense— eso significa estar en seguida de la nada.

Todo lo que importa son las políticas, la ayuda y los acuerdos. Eso es tanto el sueño como la realidad de estas históricas ocasiones. Son para siempre y son tremendamente importantes, y luego, cuando finalmente arriben nos quedaremos con poco más que una persona tratando de hacer su trabajo. Eso siempre ha sido y será cuando caiga otra barrera.

Al ver el brillo de Harris —esta política maravillosa— para quien fue difícil convertirse en la persona que es, aunque ha sido relativamente fácil ver lo que ella no es. Ella no es la co-estrella maternal en una administración encabezada por un presidente paternalista que muestra una inacabable paciencia con los berrinches y lágrimas de este país.

Ella no es un libro abierto de dichos favoritos, historias familiares, ensoñaciones en busca del alma y de un humor autocrítico. Ella no es la jefa de los sueños de un diseñador de moda de la Séptima Avenida —aunque ella podría muy bien ser la que envíe el mensaje a casa de que es difícil estar mal al usar simplemente un traje oscuro diariamente.

Sin embargo, este viaje ofreció un recordatorio de lo que ella inyectó en la conciencia nacional:  su voluntad para hablar en términos prácticos, con una dura mirada y un toque de impaciencia en su tono. Eso fue evidente cuando ella habló de una arraigada corrupción en Guatemala mientras el presidente del país la observaba.

“Yo les puedo decir, debido a que he trabajado en este tema desde hace años:  hay que darle seguimiento al dinero. La razón de fondo de lo mucho que estamos viendo, en términos de este nivel y el tipo de corrupción, todo se trata de las ganancias”, dijo Harris. “Se trata de las ganancias sin preocuparse por el daño que genera a la verdadera vida humana, a las familias, los niños y las comunidades”.

Harris no estaba sonriendo, ni saludando, ni escuchando cortésmente a las aspiraciones de ciudadanos locales cuidadosamente seleccionados. La histórica vicepresidenta mostró el brillo del simbolismo. Ellas es simplemente una mujer que tiene un trabajo nada envidiable que muchos hombres antes que ella no han podido resolver.