Opinion El Paso

Soy fotoperiodista y me prohíben ingresar a las instalaciones fronterizas

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John Moore / The Washington Post

miércoles, 24 marzo 2021 | 06:00

Washington— En las últimas cuatro administraciones presidenciales, he acompañado a agentes de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y he fotografiado sus encuentros con los migrantes mientras aplican las leyes de inmigración. Pero eso ya no es así. La semana pasada, cuando documenté las detenciones de migrantes en El Paso, Texas. Tuve que hacerlo desde el lado mexicano de la frontera, tomando fotos desde lejos. Hasta ahora, los periodistas no habíamos tenido que estar en otro país para cubrir lo que está sucediendo en Estados Unidos.

La mayoría de las personas que buscan asilo cruzan el Río Grande para ingresar al sur de Texas, a un territorio controlado por agentes federales. Durante décadas, el Gobierno de Estados Unidos había permitido que los periodistas acompañaran a los agentes de la Patrulla Fronteriza y a otros oficiales mientras vigilaban esa zona. Pero desde que cambió la administración, esos agentes han estado bloqueando físicamente a los periodistas desde la orilla del río. 

Por ejemplo, después de haber sido anulado el acceso oficial en un viaje del mes de febrero, seguí en mi propio vehículo el autobús de la Patrulla Fronteriza hacia donde los agentes estaban deteniendo a los migrantes. Me detuvieron antes de que me acercara lo suficiente para tomar fotos. Le llamaron a su supervisor y me ordenaron que me alejara inmediatamente de allí.

Hemos pasado de la política de “Cero Tolerancia” de Trump hacia los inmigrantes a la política de “Cero Acceso” de Biden para los periodistas que cubren la inmigración. Este suceso no tiene precedentes en la historia moderna. Aunque la administración Trump redujo un poco el acceso desde que empezó la pandemia, por razones defendibles de seguridad, la administración Biden ha ido mucho más lejos y la eliminó.

Esta prohibición se extiende a los centros de detención en la frontera que albergan temporalmente a los migrantes –instalaciones que son la fuente de una considerable controversia. Han estado tan abarrotadas que la semana pasado un vigilante designado por la corte catalogó la situación como “no sostenible”. El Departamento de Salud y Servicios Humanos reportó el viernes pasado que hay 9 mil 800 menores no acompañados en los albergues, y muchos más están en camino.

La Casa Blanca afirmó que la situación en la frontera no era “una crisis”, el lenguaje que ellos prefieren usar es el de “un desafío”. Me fascinaría decir que ése es el caso. Asumo que también les gustaría eso a mis colegias y otras organizaciones de los medios de comunicación, quienes al igual que yo, hemos sido rechazados mientras intentamos proporcionarle al público un vistazo sobre la aprehensión y detención de migrantes.

La actual administración inició con el compromiso de hacer que la política de inmigración de Estados Unidos fuera más humana y transparente. Pero no está logrando ese objetivo, que hace que sea difícil juzgar en comparación a cómo se hacía anteriormente: nosotros los periodistas no tenemos manera de verificar si las condiciones han mejorado para los migrantes.

La versión oficial es que no es seguro que se otorgue acceso a esas áreas durante la pandemia. En los primeros días del Covid-19, entendí por qué no era seguro acompañar a los agentes de la Patrulla Fronteriza cuando detenían a la gente, y eso parecía una precaución razonable. Pero ahora, sabemos mejor cómo se propaga el virus: el usar mascarilla y mantener abiertas las ventanillas de los vehículos disminuye ese peligro. Aunque ahora, el acceso ha sido eliminado por completo.

Sin embargo, las restricciones no son aplicadas de manera uniforme. Delegaciones del Congreso han sido invitadas para recorrer las instalaciones federales temporales que albergan a los niños y para evaluar las operaciones mientras se aplican las precauciones contra el coronavirus, tales como usar mascarillas y practicar la distancia social. Si esos recorridos son posibles para los políticos, también deben serlo para los periodistas.

He tenido una significativa experiencia personal sobre la manera en que el acceso de los periodistas a esas áreas puede cambiar la percepción de lo que está sucediendo allí. En el verano del 2018, mientras hacía un recorrido oficial, tomé una foto de una niña que estaba llorando mientras su madre era registrada por los agentes antes de ser tomada bajo custodia. La fotografía fue vista por millones de personas en todo el mundo, esa pequeña se convirtió por un tiempo en el rostro de la política cero tolerancia de inmigración. 

Esa madre y su hija no fueron separadas en el centro de detención pero el terror psicológico de esa posibilidad resonó en muchas de las personas que la vieron. La imagen causó una crisis de relaciones públicas para la administración Trump, y de todas maneras, los oficiales no me negaron el acceso en los subsiguientes viajes a la frontera.

El poderoso fotoperiodismo ocurre cuando los fotógrafos están en medio de una situación tensa, captando la emoción humana y proporcionando un contexto. El mostrar el difícil e importante trabajo de Aduanas y Protección Fronteriza en el campo mientras se fotografía a los inmigrantes de una manera digna no es una tarea exclusiva. De hecho, esos proyectos se complementan uno al otro.  Actualmente los periodistas siguen contando historias importantes sin la ayuda de la Patrulla Fronteriza –aunque deben esperar y observar desde partes de la orilla del río que es accesible al público o desde otras áreas que usualmente son menos utilizadas por los migrantes.

Sé de primera mano que muchos agentes están ansiosos de que yo y otros fotógrafos documenten su trabajo– justo mientras los migrantes quieren contar sus historias. De acuerdo a la información de la Patrulla Fronteriza, los agentes realizaron más de 10 mil aprehensiones en el Valle del Río Grande en Texas, tan sólo durante la semana pasada. Aunque es una de las semanas más ajetreadas que han experimentado en los últimos años, pasaron sin ser del conocimiento público.

Ya sea que se considere la situación en la frontera como una “crisis” o un “desafío”, simplemente es una de las historias noticiosas más importantes del año –y el mundo merece verlas. Para que eso suceda, los periodistas tienen que tener acceso a los operativos de la Patrulla Fronteriza. La administración Biden debería terminar con esa política injustificada de restringirnos el acceso.