Opinion El Paso

Somos una nación de maltratadores de niños

La pregunta no es si podemos costear la ayuda a los niños, sino si podemos permitirnos no hacerlo

Nicholas Kristof / The New York Times

domingo, 07 febrero 2021 | 06:00

Nueva York— Imagina que tienes unos vecinos que viven en una mansión al final de la calle y que consienten a un hijo con una tarjeta de crédito, la mejor escuela privada y un Tesla.

Esos vecinos tratan a la mayoría de sus otros hijos de manera decente pero sin lujos. Sin embargo, descubres que esa familia tiene encerrada a una hija en una habitación sin calefacción e infestada de alimañas en el sótano, que le niega el cuidado dental y a menudo la deja sin comer.

Llamarías al 911 para denunciar ese abuso infantil. Dirías que los responsables deberían estar en la cárcel. Estarías indignado ante lo viles que deben ser esos adultos para permitir que una niña sufra de esa manera.

Pero esos somos nosotros. Ese hogar es una representación de Estados Unidos y nuestra mancha moral de pobreza infantil.

Algunos niños estadounidenses acuden a guarderías que cuestan 70 mil dólares al año, pero 12 millones de niños viven en hogares donde no hay comida. Estados Unidos ha tenido durante mucho tiempo una de las tasas más altas de pobreza infantil en el mundo desarrollado, y luego llegó la pandemia del coronavirus para agravar el sufrimiento.

En la actualidad podríamos tener un avance emocionante: el presidente Joe Biden ha incluido una propuesta en su Plan de Rescate Estadounidense de 1.9 billones de dólares que, según un estudio, podría reducir la pobreza infantil a la mitad. En los medios de comunicación nos hemos enfocado en los pagos directos a individuos, pero el elemento verdaderamente histórico del plan de Biden es su esfuerzo por asestar un buen golpe a la pobreza infantil.

“El Plan de Rescate Estadounidense es la propuesta más ambiciosa para reducir la pobreza infantil que ha presentado un presidente estadounidense”, me dijo Jason Furman, un economista de Harvard.

Dentro de un par de décadas, Estados Unidos será más o menos el mismo país si los pagos directos terminan siendo de 1 mil o 1 mil 400 dólares. Pero esta será una nación transformada si somos capaces de disminuir la pobreza infantil ahora.

Es por esto que la parte más alarmante de la contrapropuesta de 10 senadores republicanos a Biden fue su decisión de eliminar el plan para frenar la pobreza infantil. Por favor, señor presidente, no ceda en este punto.

Y, senadores, ¿en qué están pensando? ¿El partido supuestamente “profamilia” está luchando para preservar la pobreza infantil?

“Muchos de ellos hablan sobre religión, Jesús y los niños”, me dijo la representante demócrata por Connecticut Rosa DeLauro, quien desde hace mucho tiempo ha presionado para lograr la puesta en marcha de estas medidas contra la pobreza. “¿Cómo se puede abandonar a millones de niños y a sus familias que viven en la pobreza?”.

Quizás algunos tomaron de manera muy literal una traducción antigua del Evangelio de Mateo. En ella, Jesús dice (19:14): “Suffer little children, and forbid them not, to come unto me”, pero en esa oración “suffer” se está utilizando con el significado de “permitir” del inglés antiguo, no de “sufrir”, como queda claro en la traducción al español: “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis”. En absoluto recomienda dejar que los niños sufran.

A su favor, algunos senadores republicanos, como Mike Lee de Utah y Marco Rubio de Florida, han hablado positivamente de elementos en el plan de Biden para atacar la pobreza infantil. Pero, en general, lo que sorprende es que un programa tan importante para el futuro de Estados Unidos haya recibido tan poca atención.

“En mi opinión es el tema más transformador que está en discusión, y nadie está hablando de eso”, afirmó Luke Shaefer, experto en pobreza de la Universidad de Míchigan.

La pieza central del plan contra la pobreza infantil es una ampliación del crédito tributario por hijos de hasta 3600 dólares al año por cada niño menor de 6 años. Esto costaría hasta 120 mil millones de dólares al año y sería un pago mensual crucial para las familias que ganan muy poco como para pagar impuestos. Incluso una suma tan modesta como 3600 dólares es transformadora para muchas familias de bajos ingresos.

Una razón para pensar que esto tendría gran éxito es que muchos otros países han implementado estrategias similares para reducir la pobreza infantil en amplios márgenes. Una estrategia similar de Canadá redujo la pobreza infantil entre un 20 y un 30 por ciento, según la fuente, y el Reino Unido bajo el mandato de Tony Blair disminuyó la pobreza infantil a la mitad.

Nada de esto es sencillo, y los subsidios mensuales no resuelven todos los problemas. Uno de cada ocho niños vive con un padre que tiene problemas de abuso de sustancias. Aunque he visto a muchos padres de familia esforzarse por hacer lo mejor para sus hijos pese a ser explotados en empleos con bajos salarios, una vez visité un hogar en Arkansas en el que un niño tenía tres televisores en su habitación, pero no había comida en la casa. El amor y la disfunción pueden coexistir.

Así que seamos honestos: el crédito tributario por hijos ayudaría enormemente, pero también necesitamos programas de visitas domiciliarias, preescolares de alta calidad, reducción de plomo, tratamiento contra las adicciones y otros tipos de apoyo para madres y padres, iniciativas serias para combatir la carencia de viviendas familiares y planes para ayudar a los padres a obtener mejores trabajos, de manera que ellos y sus hijos puedan salir de la pobreza.

¿Crees que tal vez esto no pueda costearse? Un cálculo importante sugiere que la pobreza infantil le cuesta a Estados Unidos cerca de 1 billón de dólares al año en productividad reducida de los adultos, aumento de la delincuencia y costos de atención médica más elevados. Entonces, la pregunta no es si podemos costear la ayuda a los niños, sino si podemos permitirnos no hacerlo.

Sí, todo esto es complicado, pero otros países desarrollados han sido más efectivos que nosotros ayudando a los niños porque esos países lo han convertido en prioridad.

Ahora nosotros también podemos convertir en nuestra prioridad ayudar a los niños y a nuestro país al mismo tiempo. Como dice Furman: “Las inversiones en los niños no son una mera limosna, sino una mano amiga”. Empoderemos a los niños de nuestra nación y dejemos de maltratarlos.