Opinion El Paso

Si los hombres necesitaran el aborto…

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Charles M. Blow/The New York Times

martes, 05 octubre 2021 | 06:00

El 30 de septiembre, tres mujeres de minorías (integrantes actuales del Congreso) testificaron ante el Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes; hablaron sobre abortos que les practicaron y, en algunos casos, describieron el estigma asociado con ellos.

En la audiencia, titulada “Un estado funesto: examen de la urgente necesidad de proteger y ampliar el derecho y el acceso al aborto en EU”, compartieron experiencias desgarradoras sobre las decisiones que enfrentaron.

La representante Cori Bush, demócrata de Misuri, explicó que tuvo que practicarse un aborto a los 17 años tras sobrevivir a una violación, con estas breves palabras: “Me violaron, quedé embarazada y decidí tener un aborto”.

Además, compartió que la terapia que recibió antes del procedimiento fue denigrante; recuerda que sintió que la miraban por encima del hombro y le “dijeron que, si procedía con este embarazo, mi bebé tendría ‘las de perder’ porque el feto ya estaba malnutrido y su peso no era adecuado. Me dijeron que, si tenía a mi bebé, terminaría dependiendo de la asistencia social y de vales para comida”.

Después, según informó The New York Times, la representante Pramila Jayapal, demócrata de Washington, relató su historia. Tuvo un aborto “cuando era una mamá joven que cuidaba de un hijo muy enfermo y tenía problemas para recuperarse de una depresión posparto tan grave que llegó a considerar suicidarse. Su médico le dijo que un segundo embarazo a término sería muy riesgoso, tanto para ella como para el bebé”.

Por último, la representante Bárbara Lee, demócrata de California, dijo haber tenido un aborto en un “lugar de mala muerte” en México cuando era adolescente, antes de que el aborto fuera legal en EU.

Estos testimonios se presentaron en relación con el debate en el Congreso sobre la codificación del caso Roe v. Wade, con la que se busca proteger esa resolución de cualquier ataque de los republicanos, pero para mí la fuerza de estos relatos se debe a otro motivo: enfatizan una vez más cuán difícil es para muchas mujeres tomar esta decisión y con cuánta libertad personas ajenas se sienten con el derecho de interferir en esas decisiones.

En particular los hombres, que nunca han enfrentado una disyuntiva así y nunca tendrán que tomar esa decisión. Es necesario escuchar estas historias para comprenderlo.

Por una parte, el aborto nos cimbra hasta lo más profundo, pues nos obliga a considerar en qué momento un óvulo fecundado se convierte en una persona.

Para quienes creen que ocurre desde el momento de la concepción, no hay ningún argumento, independientemente de quién lo presente, capaz de convencerlos de que está bien ponerle fin a un embarazo, porque para estas personas sólo se trata de matar bebés.

Sin embargo, hay que preguntarse si es posible decir que un montón de células es un niño. ¿Un feto es un niño? Estos debates de inmediato caen en terreno filosófico o religioso.

Desde 1973, la resolución de Roe vs. Wade ha protegido el derecho de la mujer a optar por un aborto antes de que el feto sea viable fuera del vientre materno, aproximadamente a las 24 semanas de embarazo.

Ahora, esta resolución también corre peligro.

Escuché el testimonio de estas mujeres con gran humildad, desde una perspectiva distinta y privilegiada, porque mi cuerpo no está hecho para cumplir este propósito. La capacidad de llevar una vida dentro de sí y ofrecerla al mundo es un poder tremendo y un inmenso regalo. No obstante, llevar a término un embarazo sencillamente no es lo mejor para muchas mujeres cuando descubren que están embarazadas.

En ese momento, su cuerpo se convierte en un campo de batalla. ¿Hasta qué etapa del embarazo siguen en control y a partir de cuándo deben rendirse ante la realidad de que son vasijas para otra “persona” que crece en su interior? ¿En qué momento se elimina la capacidad de elegir?

Por definición legal, cuando es viable, independientemente de las creencias de cada persona.

También debemos recordar la culpa que han expresado muchas mujeres que se han practicado abortos, aunque ahora puedan decir que ya la superaron. ¿Por qué debería una mujer sentir culpa por haber tomado una decisión difícil? Ya tienen mucho con qué lidiar para que, encima, el resto de la sociedad opine sobre sus elecciones.

En los primeros meses después de la concepción, cuando una mujer ya está segura de estar embarazada y antes de que el feto sea viable, es necesario que se sienta en libertad de tomar decisiones con respecto a su cuerpo, su salud y su futuro. Esta libertad no debería estar sujeta a aprobación comunitaria. No debería ser contraria a la ley.

La legislación aprobada en Texas que prohíbe la mayoría de los abortos después de seis semanas de embarazo, antes de que muchas mujeres siquiera se percaten de que están embarazadas, es indignante y ofensiva. Coloca al gobierno, e incluso a vigilantes ciudadanos con facultades delegadas, entre una mujer y su médico.

Parece que nos encontramos en un lugar muy peligroso en este país, al igual que la resolución del caso Roe vs. Wade se encuentra en un peligro no visto en épocas recientes. Se siente como estar en un precipicio en el que empujamos a las mujeres al pasado y a los callejones. Parece que de nuevo estamos al borde de criminalizar la capacidad de elegir.

Si los hombres se embarazaran, esto nunca habría pasado. Los hombres no lo tolerarían. Las mujeres tampoco deberían tolerarlo.

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