Opinion El Paso

Remover las estatuas y cercos nos ayuda a seguir adelante

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Petula Dvorak / The Washington Post

miércoles, 14 julio 2021 | 06:00

Las rachas de viento que ustedes sintieron durante el fin de semana, fueron exhalaciones de 10 a 15 nudos.

Desde Charlottesville, Virginia, hasta el Capitolio, todos esperaban lo peor —los trabajadores y residentes que vivieron la violencia y el derramamiento de sangre— se tensaron y esperaron las metálicas manifestaciones al remover gran parte del odio estadounidense.

En Washington, los enormes cercos metálicos que rodeaban el Capítolio del país después del motín del 6 de enero fueron removidos, panel tras panel.

Y en Charlottesville, las estatuas de bronce que fueron puntos de reunión para la letal marcha denominada Unir a la Derecha que se llevó a cabo en el 2017 fueron retiradas de sus pedestales por unas grúas.

Las dos escenas fueron totalmente diferentes.

“Los terrenos del Capitolio se usan como un parque, un lugar para pasear y disfrutar al aire libre, ya queríamos volver a usarlos de esa manera”, comentó la demócrata Eleanor Holmes Norton, al alentar su remoción.

Eso fue un boletín de prensa pero también un boletín de alerta. La gente vino desde los suburbios para ver cómo se retiraba el cerco —el estado de ánimo fue parecido al del 4 de Julio—. Los residentes del Capitolio y sus perros regresaron a sus rutinas y ejercicios. Los manteles de picnic fueron extendidos. No hubo ninguna señal de insurrección.

“Me emocioné un poco mientras corría por la plaza llena de gente y los terrenos del Capitolio”, comentó Jill Cashen.

Esta residente del Capitolio desde hace dos décadas tuvo que dejar de correr para ayudar a las familias a tomarse fotos frente al icónico domo al que no pudieron acercarse durante seis meses.

Los trabajadores que retiraron el cerco fueron tratados como estrellas de rock, si es que esos personajes usan lentes para el sol y chalecos amarillos para la seguridad. Los transeúntes aclamaron cada panel que iba siendo apilado.

Pero eso fue diferente en Charlottesville.

La lucha sobre qué hacer con la estatua del general Robert E. Lee —que fue erigida hace 97 años— tomó años. Involucró batallas en la corte, debate público y un notorio fin de semana de violencia, cuando unos supremacistas blancos envalentonados acudieron a la ciudad.

En cierto momento, la ciudad colocó una enorme lona sobre la estatua, creando una ridícula figura amorfa sobre un pedestal que no resolvió nada. Uno no puede ocultar la sangrienta historia de Estados Unidos que estaba debajo de esa lona.

Charlottesville no optó por hacer lo que sucedió en Baltimore en el 2017, cuando unos trabajadores removieron las controvertidas estatuas en medio de la noche con pocas fanfarrias o rechazo.

El 7 de julio, el Consejo de la Ciudad autorizó 1 millón de dólares para remover las tres estatuas. El financiamiento de emergencia fue utilizado para contratar a Team Henry Enterprises LLC, la empresa que removió las controvertidas estatuas en Richmond el verano pasado.

La fecha en que iba a ser retirada la estatua de Charlottesville fue mantenida oculta. Luego, este viernes, funcionarios de la ciudad finalmente anunciaron que la remoción sería el sábado.

Nadie quería dar mucho tiempo a la gente para que planeara algo.

Fue una tensa mañana de sábado. Los camiones y grúas que arribaron a las históricas calles de Charlottesville para hacer ese trabajo cubrieron los logos, números y nombres con cinta adhesiva y cartulinas.

“Yo recibí amenazas de los fetichistas confederados durante el transcurso de los años”, comentó Kristopher Goad, residente de Richmond y activistas que llegó a Charlottesville para esta ocasión. Él habló con algunos trabajadores de la construcción que le dijeron que estaban nerviosos. “Me puedo imaginar cuánto odio podría recibir una persona que va a hacer el trabajo de remoción”.

Los chalecos usados en Charlottesville eran a prueba de balas, y se los proporcionó la policía para protegerlos. El dueño de la empresa que era la encargada de hacer el trabajo, Devon Henry, recibió muchas amenazas de muerte cuando la empresa llevó a cabo el retiro de la estatua en Richmond el año pasado, y le comentó a The Associated Press que también empezó a usar uno de esos chalecos.

La cuadrilla de trabajadores de Henry es buena en lo que hacen. En cuestión de horas, bajaron a Lee y Stonewall Jackson de sus pedestales y los subieron a trailers. Luego, salieron de la ciudad para guardarlas mientras recibían aclamaciones y saludos.

Al día siguiente, removieron la estatua de los exploradores Lewis, Clark y Sacagawea que estaban cerca de la corte situada en el centro de la ciudad y la estatua del general George Rogers Clark de la Guerra Revolucionaria que montaba un caballo y lo dirigía hacia tres indígenas americanos desarmados, que se encontraba en el campus de la Universidad de Virginia.

La ciudad se relajó, aunque algunos que objetaron esa acción publicaron sus tristes y antiguos argumentos acerca de que se va a borrar la historia y cultura. Como si los maestros, libros, museos, sitios históricos, documentos y documentales no existieran, y esa estatua llena de heces, rodeada de arbustos y bolsas de papel de las personas que se sientan en las bancas fuera el único depósito de toda la información sobre la Guerra Civil.

El estado de ánimo en Washington fue complicado.

Tanto los liberales como los simpatizantes de Trump criticaron el cerco y apoyaron su remoción, un grupo temía la militarización de la sociedad y otro insistía en que los manifestantes del 6 de enero no eran tan malos.

Por lo menos un simpatizante de Trump comentó en un tweet lo que pareció un indicio de que regresarían a Washington “Patriotas, llegó el momento de tener otra fiesta. Ya casi terminan de quitar el cerco del Capitolio”.

“Es demasiado pronto”, se preocuparon otros, señalando las afirmaciones falsas de que Trump será reinstalado como presidente en el mes de agosto y el hecho de que el Congreso no haya podido financiar a la policía del Capitolio.

Yo digo que eso no es suficientemente pronto.

Los cercos —como lo hemos escuchado en otro context— pueden aumentar. La seguridad y libertad no son una consecuencia del cautiverio y eso no forma parte de la democracia. Al igual como las estatuas no son la historia.

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