¿Quién fue Beto O’Rourke?... Aun no lo sabemos

.

Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post
jueves, 07 noviembre 2019 | 06:00

San Diego— Bye, Bye, Beto, o como se dice utilizando una apropiación cultural universal, adiós.

La semana pasada, Robert Francis O’Rourke –quien fue entrevistado por Oprah Winfrey, apareció en un documental de HBO y en la portada de la revista Vanity Fair declarando que “nació” para postularse a la Casa Blanca– anunció que iba a abandonar la competencia para la nominación presidencial demócrata del 2020.

O’Rourke es la epítome de la apropiación cultural. No había sucedido desde que Elvis Presley pidió prestadas sus canciones y sus pasos de baile a artistas afroamericanos menos conocidos en los años 1950 –por ejemplo, “Hound Dog” de Big Mama Thornton, “Don’t be cruel” de Otis Blackwell, etc.– por  lo que los estadounidenses no habían visto tal atrevimiento con una diversidad derivada de un derecho.

Durante su corta campaña presidencial, que nunca logró despegar y nunca debió haberse lanzado, O’Rourke mostró esa extraña característica. En los debates, le gustaba responder preguntas en español –aun cuando el tema no tuviera nada qué ver con los latinos.

Qué absurdo. En un proceso de elecciones primarias en donde los estados con votaciones tempranas como Iowa y New Hampshire son abrumadoramente anglosajones, este texano estuvo hablando, aunque ¿a quién?

Esa peculiaridad acaparó la atención de Alexandria Ocasio Cortez, quien pensó que era “chistoso” que la respuesta en español usualmente no correspondía a la pregunta en inglés.

El lenguaje parecía falso, igual como O’Rourke.

En la letra de una de sus canciones, Bruce Springsteen se describió como “un hombre rico con una camisa de hombre pobre”.

Ése es Beto, quien obtuvo una licenciatura en Inglés en la Universidad Columbia y en algún tiempo formó parte de una banda de punk rock y trabajó como niñero para una familia del Upper West Side de Nueva York, O’Rourke tiene un suegro que es billonario, también tiene una fortuna personal de unos 10 millones de dólares.

La mitad de esa cantidad provino de unos inmuebles que heredó de su padre, Pat O’Rourke. En una ocasión, el empresario y político les dijo a los reporteros que le puso a su hijo ese apodo étnico porque pensó que le ayudaría si el niño quería entrar a la política en la ciudad de El Paso, que está poblada mayormente de méxicoamericanos.

Robert Francis O’Rourke también es un símbolo del privilegio que tienen los hombres caucásicos. Por supuesto, es bueno ser rey, pero es mejor ser parte de la demografía más favorecida de la sociedad.

En la carrera al Senado de Texas en el 2018, O’Rourke recaudó más de 70 millones de dólares para competir contra Ted Cruz, quien ocupaba un escaño y es uno de los políticos más impopulares de Estados Unidos.

Pero de todas maneras perdió, aunque no fue algo preocupante, ya que el demócrata es un maestro en los desplomes, y se valió de una derrota que a sus simpatizantes les pareció como una victoria.

Después de la elección, el ex congresista hizo lo que la mayoría de los latinos promedio hacen después de un revés: pasó unos meses sin trabajar, viajando por Estados Unidos para encontrarse a sí mismo.

Luego, aparentemente por un capricho, se unió al concurrido grupo de competidores a la presidencia, en donde disfrutó del apoyo de los anglosajones liberales que desean sentir como si votaran por un candidato mexicano sin realmente hacerlo.

En el menú de las opciones demócratas, fue como el chimichanga –un falso platillo mexicano que fue creado en Estados Unidos y que no es muy picante.

Mis amigos demócratas de Texas me dijeron que deje en paz a ese pobre hombre.  Pero, tengo curiosidad. Como un verdadero méxicoamericano ¿qué parte de la balada de Beto O’Rourke no debería ofenderme?

Además, he visto a mis amigos de la izquierda latina que se han doblegado por mucho menos. Ellos están acostumbrados a dejarles el paso libre a los demócratas.

Hay que hacer una autopsia. ¿Qué fue lo que mató la campaña de O’Rourke?  En una palabra: las armas. 

Su momento más destacado fue cuando dejó a un lado sus mítines de campaña y regresó a El Paso, después que un anglosajón perpetró una masacre al disparar contra mexicanos y méxicoamericanos, asesinando a 22 personas e hiriendo a otras 24.

O’Rourke estuvo en lo correcto al regañar a los medios de comunicación por rehusarse a conectar la violencia que arrasó con su ciudad natal con una fuerte crítica anti-latinos que salió de la Casa Blanca.

Sin embargo, se equivocó al amenazar con ir casa por casa para confiscar los rifles de alto poder, que representan una propiedad personal de la gente.

Ahora ya lo sabemos, en este juego está bien ponerse apodos y adoptar el idioma y cultura mexicanas. Pero no hay que tratar de confiscar el arma de guerra de un fanático de las armas. Eso no se debe hacer.

O’Rourke va a regresar a El Paso, pero dijo que no está interesado en volver a postularse para el Senado de Texas en el 2020 en contra del republicano John Cornyn.

Yo pronostico que este católico irlandés va a abandonar la política. Tal vez debería de quitarse el “Beto” y volver a ser “Robert Francis”.  Luego, para seguir con su sensación de derechos, apuesto a que va a convertirse en sacerdote y tratar de ser Papa.