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Opinion El Paso

¿Qué clase de marido se comporta como Donald Trump?

¿El jurado se creerá la imagen que el ex presidente y sus aliados quieren vender?

Jessica Bennett / The New York Times

domingo, 12 mayo 2024 | 06:00

Donald Trump permaneció en silencio, con el rostro impasible y la mirada al frente mientras escuchaba los detalles íntimos del testimonio de Stormy Daniels el martes, por momentos cerraba los ojos en un intento evidente de mantener la compostura.

Pero hubo un momento en el que la perdió, cuando Daniels relató haberle preguntado a Trump por su esposa, Melania Trump, y recordó que él le dijo que ellos “ni siquiera dormían en la misma habitación”. Desde la mesa de la defensa, Trump sacudió la cabeza con disgusto y murmuró “mentira” con el volumen suficiente como para provocar una reprimenda del juez, que calificó sus acciones de “desacato”.

Trump tiene mucha experiencia enviando mensajes específicos a su público, ya sea en televisión, en mítines, a través de las redes sociales o en el Despacho Oval. El martes y durante todo el juicio, su audiencia objetivo es el jurado. Y ya sea que su emoción en ese momento fuera auténtica o estratégica, el mensaje al jurado parecía bastante claro: ¿Cómo se atreve a hablar de mi familia?

La familia. La defensa de Trump ha repetido esta palabra una y otra vez, mientras intenta convencer a los miembros del jurado de que sus acciones, cualesquiera que hayan sido, no fueron para infringir la ley o influir en unas elecciones, sino para proteger a su familia. A lo largo del juicio, que se espera que se reanude el jueves con la continuación del testimonio de Daniels, el equipo de Trump ha tratado de pintar al ex presidente como un esposo y padre amoroso. Al hacerlo, están tratando de convencer a los miembros del jurado de que Trump se preocupa por su esposa e hijos más que por cualquier otra cosa, incluyendo su dinero o su reputación. La idea de “Donald Trump, hombre de familia” es algo que los miembros del jurado tienen que creerse... o no.

Sin duda, su equipo está haciendo el intento. “No sólo se trata de nuestro ex presidente”, argumentó su abogado durante los argumentos iniciales del juicio. “Es un marido. Es un padre. Y es una persona como ustedes y como yo” (Trump ha negado los cargos y dice que no tuvo relaciones sexuales con Daniels).

Pero yo me diría… escéptica.

La capacidad de Trump de tener cualquier relación más allá de la transaccional es uno de los grandes misterios sobre él y la evidencia actual sobre el asunto es ambivalente. Ha habido momentos en el juicio que han puesto de relieve que Trump piensa y actúa como un hombre de familia o, al menos, que todo queda en familia y él es el jefe de ella. Hope Hicks, su ex directora de comunicaciones, detalló la semana pasada cómo la Organización Trump se gestionaba “como una pequeña empresa familiar” y cómo, después de que un artículo de 2016 en The Wall Street Journal detalló una supuesta aventura con la ex modelo de Playboy, Karen McDougal, Trump estaba más preocupado por su esposa y le pidió a Hicks que le ocultara los periódicos (¿qué puede haber más honorable que un marido haciendo todo lo posible para ocultar su aventura?).

Mientras tanto, Trump ha hecho de la asistencia a la graduación de bachillerato en Florida de su hijo menor, Barron, un punto de especial fricción, pues despotricó en Truth Social: “¿Quién le explicará por mí, a mi maravilloso hijo, Barron, un GRAN estudiante en una fantástica escuela, que lo más seguro es que su papá no pueda asistir a su ceremonia de graduación?” (desde entonces, el juez le dio el día libre. Por supuesto, se dice que también aprovechará ese día para incluir un evento de recaudación de fondos, en Minnesota).

Y, sin embargo, la verdadera familia de Trump ha brillado por su ausencia en la corte, a pesar de que le deseó a Melania Trump un “muy feliz cumpleaños” desde el pasillo donde habla con la prensa. El martes, el hijo de Trump, Eric, asistió al juicio, sentado en primera fila mientras jugueteaba con su corbata y miraba las pruebas en las pantallas de la sala mientras Daniels testificaba.

Y mientras Daniels explicaba cómo Trump le decía “cariño” cuando la llamaba por teléfono y le decía que la echaba de menos, me pregunté: ¿Es este un hombre capaz de echar de menos a alguien? ¿Tenemos pruebas de ello, pruebas de que este hombre que no parece tener amigos íntimos duraderos o una familia que esté a su lado en sus momentos más bajos, es creíble como una persona que antepone a sus seres queridos (por no hablar del país) a sus propios intereses?

Lo que hemos aprendido en este caso es que Trump salió con Stormy Daniels y McDougal en 2006 y 2007, que no fue mucho después de que él y Melania Trump se casaron y mientras ella estaba en casa con su hijo recién nacido. También nos enteramos de que a veces este énfasis en ser “paternal” tenía un toque repulsivo, como cuando Daniels declaró que Trump le dijo que le recordaba a su hija mayor, Ivanka (rubia, guapa e inteligente, y a menudo subestimada), todo ello antes de desnudarse hasta quedar en ropa interior mientras ella se encontraba en el baño.

¿Cómo se comporta un hombre de familia? Es un poco chocante conciliar los testimonios de Trump sobre el amor por su esposa con la forma en que trata a las mujeres que no son ella. El testimonio sobre el encuentro sexual de Daniels con Trump –en el que ella recurrió a descripciones que incluyeron: “La habitación daba vueltas en cámara lenta”; “Miraba el techo fijamente”; “Me sentí avergonzada”– recordará a muchas mujeres no a hombres de familia, sino a historias sobre encuentros no deseados pero quizá no del todo no consentidos que muchas de nosotras llevamos en la memoria. Me di cuenta de que, en ciertos momentos, el lenguaje se asemejaba al de E. Jean Carroll, de cuya acusación de abuso sexual Trump fue declarado culpable en un tribunal civil.

Aun así, sacar a relucir a la familia de esa manera es una táctica común que los políticos usan para justificar mentiras y encubrimientos o excusar malos comportamientos. Tuvimos un presidente, Bill Clinton, sometido a un juicio político después de un escándalo sexual. Ha habido un sinfín de políticos que engañaron a sus cónyuges y luego trataron de ocultarlo, incluso en apariciones públicas que dieron lugar al tropo de la buena esposa. Y ahora tenemos a Trump, procesado por cargos penales, utilizando de nuevo a su familia, y a su esposa, como escudo o, peor aún, como elemento de utilería.

En este caso, no me preocupa tanto Trump, sino más bien cómo sus acciones y el juicio son un referendo ya conocido sobre las profundidades de su misoginia, desde el uso de apodos (como: “Cara de caballo”, que es el mote que él le puso a Daniels) hasta acusaciones más serias de agresiones. La manera en la que Trump trata a las mujeres no está sometida a juicio y, sin embargo, la decisión del jurado podría depender en parte de si están dispuestos a dejarse convencer de ese argumento de hombre de familia, o de todas las pruebas de lo contrario.

Eso incluye si le creen a Daniels. Durante su testimonio del martes, que duró cerca de cinco horas, y en el que por instantes se alteró, pero también se le vio segura y serena en todo momento. La única vez que se le quebró la voz fue cuando habló de su hija y de querer protegerla del circo en el que se había metido. En ese momento, se puso sentimental al hablar de su familia. Era imposible no preguntarse: ¿Hay alguna posibilidad de que a Donald Trump le ocurra lo mismo?

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