Opinion El Paso

Protejamos a nuestros policías: para que puedan protegernos 

Siendo alguien a quien le importa la justicia social, y en alguna ocasión aspiró a ser un abogado especializado en derechos civiles, me fascina la idea de que debemos confrontar los problemas sistémicos

Ruben Navarrete Jr. / The Washington Post

jueves, 17 septiembre 2020 | 06:00

San Diego— Una amiga, que también es una compañera escritora, recientemente me hizo un elogio adecuado para estos tiempos apocalípticos.

“Amigo, eres una persona tranquila”.

Que me disculpe Kipling, pero si alguien puede mantenerse tranquilo cuando todos los demás no lo están, es que probablemente trabaja en los medios de comunicación.

En momentos en que hay problemas, los periodistas somos, como todos los demás, definidos por nuestra identidad, recuerdos y experiencias.

Como hijo de un policía retirado que pasó 37 años en ese trabajo, en un momento en que los oficiales son asesinados debido al color de su uniforme, incluyendo a dos ayudantes novatos de la Oficina del Sheriff del Condado de Los Ángeles que recientemente fueron asesinados en su patrulla, me sentí inundado por el dolor, compasión y enojo. Mayormente por la ira.

Siendo alguien a quien le importa la justicia social, y en alguna ocasión aspiró a ser un abogado especializado en derechos civiles, me fascina la idea de que debemos confrontar los problemas sistémicos de la violencia, corrupción y racismo que han ayudado a envenenar la relación entre los oficiales de la policía y la comunidad a la que juraron proteger y servir.

Y como un católico no practicante, quien en este momento no está hablando en términos acordes a la Madre Iglesia debido a que no ha podido solucionar un tipo de comportamiento escandaloso, reconozco la sabiduría del consejo que el Papa Paulo VI compartió con sus feligreses en 1972 durante la Celebración del Día de la Paz: “Si ustedes quieren tener paz, trabajen por la justicia”.

Yo quiero desesperadamente que haya paz entre la policía y los que desean reformarla. Y debido a que el asesinato, o incluso el intento de homicidio, de oficiales de la policía ha llegado hasta cerca de mi casa, también quiero venganza.

Los ayudantes del sheriff que fueron lesionados en Los Ángeles, y que pasaron horas sometidos a múltiples cirugías en un hospital cercano, son Claudia Apolinar de 31 años, madre de un niño de 6 años y un hombre de 24 años que no ha sido identificado y cuyos padres y novia mantienen una vigilia en el hospital.  Un video muestra a Apolinar atendiendo heroicamente a su compañero mientras esperaban recibir ayuda, aun cuando ella recibió un disparo en el rostro.  Ambos oficiales sólo habían estado en la fuerza policíaca durante 14 meses.

El sospechoso sigue prófugo.

Afuera del hospital, algunos manifestantes acosaron a los ayudantes del sheriff que se reunieron para mostrar su respeto a sus compañeros caídos.  Uno de los manifestantes gritó: “Quiero enviarle un mensaje a las familias de estos cerdos, espero que se mueran”. El grupo de personas coreó: “Esperemos que se mueran!”.

Eso es repugnante.

En un mitin en Nevada, el presidente Donald Trump dijo: “Creemos que si alguien asesina a un oficial de la policía, debe recibir la pena de muerte”.

Eso funciona para mí. Yo quiero que el responsable de ese horripilante delito sea llevado ante la justicia y nosotros deberíamos de hacerlo.

Sin embargo, eso acabaría con parte de la simpatía de la respuesta de los estadounidenses a las protestas públicas por la violencia policíaca, y el odio que los policías podrían estar impulsando.

Dije que “podrían” porque hay mucha legitimidad en las protestas públicas que estamos viendo sobre el uso excesivo de la fuerza y el racismo sistémico en esa institución.

Sin embargo, también podrían haber elementos “deshonestos” en el movimiento de reforma policíaca, ¿No es eso lo que dijo la policía acerca de sus manzanas podridas?, que ellos sólo quieren herirlos, mutilarlos y matarlos sólo porque son policías.

Eso es intolerable.  Imagine convertirse en alguien que es buscado para ser asesinado, no por algo que haya hecho sino porque hace eso para ganarse la vida. Debería ser un crimen de odio federal el atacar indiscriminadamente a los policías sólo porque alguien está enojado con cualquiera que ostenta una placa.

Hay una guerra contra los policías y las muertes se están acumulando.

En diciembre del 2014, los oficiales de la policía de Nueva York Rafael Ramos y Wenjian Liu fueron asesinados a balazos en su patrulla en Brooklyn.

En julio del 2016, cinco oficiales fueron asesinados y nueve resultaron heridos, cuando Micah Xavier Johnson, un veterano afroamericano de la Reserva del Ejército y francotirador que estaba enojado por los tiroteos policíacos contra afroamericanos, emboscó y disparó contra un grupo de oficiales de la policía en Dallas, Texas.

Actualmente, los asesinatos de policías, o por lo menos los intentos por hacerlo, han llegado a Los Ángeles.

Nos han forzado a tomar decisiones binarias.  Siempre hay un “ya sea que, o”.

Está bien el condenar tanto la violencia policíaca como la violencia contra la policía. Está bien el estar furioso tanto por los defensores de los malos policías como de los morbosos que se reúnen afuera de los hospitales.

Estamos hablando acerca de la manera en que la policía puede recuperar la confianza del público. En estos días sombríos, estamos siendo confrontados con otra pregunta igualmente importante: ¿De qué manera el público puede recuperar la confianza de la policía?

Si tienen alguna idea, díganla.