Opinion El Paso

Para proteger y servir, a veces los policías tienen que disparar

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Ruben Navarrette Jr./The Washington Post

sábado, 15 enero 2022 | 06:00

San Diego— Déjenme confesar que para empezar me siento predispuesto.

Como hijo de un policía retirado que desempeñó este trabajo durante 37 años, mi predisposición es en contra del intento de homicidio de oficiales de la policía por muchedumbres violentas que los han atacado con pistolas taser, bats de beisbol, palos de hockey y otras armas.

También me siento sesgado a favor de los policías que utilizan la fuerza letal en contra de criminales y rufianes para salvar sus propias vidas de otros policías.

La cobertura de los medios de comunicación del reciente aniversario del ataque al Capitolio de Estados Unidos ocurrido el 6 de enero, fue casi total  –y predeciblemente– acerca de la política.

Los liberales catalogaron el incidente como una “insurrección” y “ataque terrorista”. Los conservadores insistieron en que no fue ninguna de las dos cosas, y luego aporrearon a los liberales por usar ese lenguaje. La disputa nacional continúa.

Como alguien que creció cerca de policías, me preocupa mucho su bienestar. Dicho eso, yo preferiría que hubiera más discusión acerca de un aspecto que está surgiendo notoriamente: la factura que le ha pasado a las autoridades. Los eventos del 6 de enero demostraron al país, y al mundo, la manera en que los estadounidenses han hecho que el trabajo de ser policía sea casi imposible.

Miembros de la Policía del Capitolio de Estados Unidos y el Departamento de Policía Metropolitana del Distrito Columbia entraron en el caos en lugar de alejarse de él.  Eso es lo que hacen los héroes. Y ese día, esos heroicos servidores públicos hicieron bien su trabajo y también mostraron un extraordinario control.

Mucho control, si me piden mi opinión.

Estoy a favor del senador republicano Lindsey Graham de Carolina del Sur.  De acuerdo a The Washington Post, mientras los legisladores eran evacuados del Capitolio, el senador estaba furioso.

De acuerdo a The Post, Graham le gritó al sargento de armas del Senado, “¿Qué están haciendo?” Recuperen el Senado! Ustedes tienen armas. Úsenlas.  Les dimos armas por una razón. Úsenlas!”.

Posteriormente, en Fox News, Graham confirmó que lo que dijo fue preciso.  También estoy de acuerdo con el corresponsal de PBS en la Casa Blanca, Yamiche Alcindor, quien –durante una reciente aparición en el noticiero “PBS News Hour” –sugirió que es probable que pudo haber más derramamiento de sangre si el motín hubiera sido provocado por manifestantes afroamericanos o latinos.

“Lo que más recuerdo al ver que el Capitolio estaba siendo atacado es la sensación de poder que esos manifestantes mostraron al irrumpir en el lugar”, le comentó Alcindor a la presentadora Judy Woodruff.

“Sigo imaginando lo que hubiera pasado si esas personas hubieran sido manifestantes a los que cubro cercanamente en Ferguson –las personas afroamericanas que están exigiendo justicia y responsabilidad policíaca. Es muy fácil imaginar a esas personas siendo baleadas o muertas en los escalones del Capitolio si hubieran sido afroamericanos, latinos o inmigrantes. Pero ver que algunos manifestantes blancos se retiraron vivos …. Es algo que me sigue impresionando”.

Como latino, me siento de la misma manera. Pero la imagen del 6 de enero que realmente me impactó es que creo que los oficiales debieron haber disparado sus armas.

Cuando unas dos docenas de hombres empujaron con toda su fuerza en contra del oficial de policía del Distrito Columbia Daniel Hodges, mientras se encontraba atrapado detrás de una puerta de cristal. La muchedumbre aplastó a Hodges con suficiente fuerza como para causarle una grave lesión corporal o hasta la muerte.

Mientras el indefenso y joven oficial gritaba con agonía, mientras gotas de sangre salían de su boca, los manifestantes descaradamente le quitaron el casco y la mascarilla facial y le pegaron en la cabeza y rostro con su propia macana. Mientras que por lo menos una docenas de otros de sus compañeros policías trataron de liberar a Hodges.

Al ver eso en la televisión, yo, que soy hijo de un policía, me llené de ira. Sabemos que en todos lados los manifestantes atacaron a otros oficiales mientras coreaban “Mátenlo con su propia arma”.

Si los rijosos se hubieran apoderado del arma de servicio de Hodges, eso es exactamente lo que uno de ellos hubiera hecho.

Algunos de los oficiales del 6 de enero dijeron que tuvieron miedo de que al usar sus armas pudiera escalar la situación.  Eso siempre es un riesgo, pero como vimos, no usarlas también es un riesgo.

El hecho de que los oficiales dudaron en usar una fuerza letal en contra de una muchedumbre de violentos insurrectos, y hasta salvarle la vida a un compañero oficial, fue un problema.

Los policías que conozco nunca hubieran disparado sus armas. Un “buen disparo” significa montañas de documentos y una investigación interna obligatoria. Un mal disparo podría significar el posible despido y una demanda civil. Usualmente, ésa es la razón por la que dudan los policías.

Los estadounidenses hacen bien en estar preocupados cuando la policía dispara sus armas cuando no deben hacerlo. Pero también es necesario preocuparse cuando la policía no dispara sus armas cuando deberían hacerlo.

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