Opinion El Paso

Otra batalla que está dividiendo nuestro país

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Esther J. Cepeda / The Washington Post

viernes, 22 mayo 2020 | 06:00

Wisconsin— El centro de esta ciudad, que es muy pintoresco, se veía increíblemente tranquilo una lluviosa mañana de lunes:  Los negocios estaban empezando a abrir, el tráfico era ligero.  Grupos de adolescentes, adultos mayores con perros, y personas que cargaban una gran cantidad de cartas que recogieron de la oficina de correos caminaban por la calle, casi nadie usaba una mascarilla de protección en su nariz y boca. Yo abandoné la cuarentena para atestiguar ese “variado” estatus en Wisconsin.  Muchas de las áreas metropolitanas más grandes del estado, tales como Madison y Milwaukee, están reteniendo la mayoría de las medidas que implantó el gobernador para “quedarse en casa” para combatir la propagación del coronavirus. Sin embargo, el resto del estado está aprovechando la decisión que tomó la Suprema Corte de Wisconsin para echar abajo la orden de permanecer cerrados, dándoles la opción de deambular libremente. Las pequeñas poblaciones que rodean Illinois fueron tomando turnos para estar bajo los reflectores de los medios de comunicación de Chicago, como los refugiados de las zonas alejadas de la ciudad de los vientos que cruzaron la frontera para acudir a los bares junto con otras personas que lo único que necesitaban era tomar una cerveza fría y una hamburguesa en medio de toda esta locura del Covid-19. Durante el fin de semana, la población en donde se encuentra el resort de Lake Geneva estaba esperando visitantes de ambos lados de la frontera, y muchos de ellos estuvieron paseando por la playa y tomando cruceros por el lago. “Todo sea por esto”, le comentó Dave Gragnani, quien es oriundo del cercano McHenry, Illinois, al periódico Wisconsin State Journal.  Agregó que planeaba visitar una cafetería y un lugar para esquiar sin usar una mascarilla ni desinfectante para las manos. “La gente debería tomar una decisión. Y yo estoy pasando un 

momento maravilloso”. A decir verdad, yo también pasé un lunes maravilloso, mientras la lluvia caía suavemente afuera de Joni’s Diner, un lugar favorito local que se autodenomina como “El Mejor Desayuno de Lake Geneva”. El abordar un tranvía que es una réplica de los años 1950 después de meses de comer en casa o el manejar la miniván de la familia, fue un alivio. Aunque la experiencia fue un poco rara, uno no se podía sentar en el mostrador y cada pareja de visitantes estuvo sentada dejando un lugar vacío entre ellos y los siguientes clientes. También había un número limitado de objetos en la mesa, por ejemplo, no había un contenedor para crema para el café, ni para la salsa de tomate ni la mostaza. El pequeño negocio familiar depende casi totalmente de los turistas estacionales para lograr pasar el año financieramente, aunque la mesera nos dijo que estaban volviendo a ofrecer el servicio en las mesas de una manera lenta y cuidadosa. Los empleados parecían un tanto aliviados de regresar a trabajar, al igual como yo lo estaba de poder disfrutar de un delicioso café y un waffle belga fresco, crujiente y dorado cubierto de miel. Ninguno de los empleados usaba mascarilla, y aunque mi esposo y yo si la usamos, nos mantuvimos alejados de ellos durante el desayuno.  También mantuvimos nuestra distancia, que es una manera suficiente de evitar la infección. Critíquenme si lo desean, pero tuve la oportunidad de salir de mi encierro y la aproveché.  La disfruté y le agradecí al universo por evitar que tuviera una confrontación política. En algunos lugares, como en el supermercado, uno observa si alguien no tiene cubierto el rostro con una mascarilla.  En otros lugares, como en Walmart, las 

ferreterías o gasolineras, a uno lo ven de mala manera si no la tiene puesta. Algunos asumen que los que usan la mascarilla son débiles de carácter, que fácilmente les pueden lavar el cerebro y que tienen tendencias socialistas.  Por el contrario, las personas que usan las mascarillas se cubren la boca y nariz como una muestra de cortesía hacia los demás, incluyendo a los adultos mayores y las personas que tienen comprometido su sistema inmunológico. Los que usan las mascarillas podrían pensar de los que no lo hacen que ellos no creen en la ciencia y que son simpatizantes del presidente Trump. Y los que no usan las mascarillas podrían refutar eso teniendo la sincera creencia en las libertades individuales y el derecho a tomar decisiones. “La guerra sobre el uso de mascarillas es una manera de tomar una crisis de salud pública una situación que exige la unidad política y las mejores prácticas de gobernanza, y convertirla en una cultura de la competencia de guerra”, escribió Zack Beauchamp en el sitio Vox.com “La pregunta no es “¿estamos haciendo un buen trabajo al manejar esto?”, sino que lo más importante es “¿en cuál equipo estás, con los liberales sentimentaloides o con los conservadores fuertes que no tienen temor?” Las mascarillas, y las visitas a los restaurantes y bares, se han convertido en un punto de contención en todo el país, desatando la violencia en contra de empleados inocentes que están sirviendo en las trincheras de los alimentos y los restaurantes que sólo están haciendo lo mejor que pueden para mantenerse saludables mientras desempeñan un trabajo de alto contacto, “esencial” y en donde les pagan sólo el salario mínimo. Es un momento difícil en todos lados.  Sólo recuerden que, al empezar a aventurarnos a salir de la cuarentena, hay que portarnos bien y seguir la regla de oro, que está vigente en los momentos traumáticos: Hay que tratar a los demás como uno desea que lo traten.