No hay remedio eficaz para impedir violencia con armas

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Cassandra Crifasi/Harold Pollack/Daniel Webster/Especial para The Washington Post
jueves, 15 agosto 2019 | 06:00

No hay remedio eficaz para impedir violencia con armas

Cassandra Crifasi/Harold Pollack/Daniel Webster/Especial para The Washington Post 


Washington— Es ingenuo pensar que cualquier política o programa solo pueda impedir cualquier forma de violencia que generan las armas, que van desde la violencia íntima entre una pareja, homicidios provocados por pandillas, suicidios y hasta atrocidades como masacres en un centro comercial.

Cada forma de esa violencia involucra un mecanismo común: un arma.

Podemos reducir esos riegos a través de una serie de políticas basadas en la evidencia para lograr dos cosas – crear el otorgamiento de licencias para los compradores de armas que sea más cuidadoso y más efectivo para regular a los adolescentes y jóvenes que las adquieren.

Una mejor revisión de antecedentes en todas las ventas proporcionará la base para cualquier política efectiva relacionada con las mismas. Esas medidas son más efectivas cuando van acompañadas de un sistema que requiere que los compradores obtengan una licencia de las autoridades.

La mayoría de los Estados en donde se otorgan licencias a los compradores requieren que los solicitantes proporcionen sus huellas dactilares, como lo hacen las personas que solicitan una licencia laboral.

Es menos probable que las revisiones de antecedentes en base a las huellas dactilares no logren detectar a las personas que tienen una prohibición legal para comprar armas.

La licencia también genera una mayor responsabilidad, en la que los vendedores, tanto con licencia como privados, sólo le pueden vender armas a alguien que tenga una autorización válida.

Muchos estudios han encontrado que al tener esa matrícula de comprador se reducen los homicidios y suicidios, así como también el número de armas disponibles en el mercado negro.

El sesenta y tres por ciento de los dueños actuales de armas y el 81 por ciento de los que no lo son apoyan tales requisitos.

También deberíamos tener una vigilancia más estricta sobre los jóvenes que desean comprar armas de alto poder. El riesgo de que se suiciden oscila mayormente entre los 18 y 24 años, los índices de delitos cometidos no disminuye hasta los veintitantos años.

El 38 por ciento de los homicidas de los que se conocen sus edades han tenido menos de 25 años. Eso se debe en parte a que el cerebro aún está desarrollando la parte que domina el control de impulsos, juicio y planeación a largo plazo.

Aunque la gente de esa edad frecuentemente proporciona poca información acerca de su bienestar o confianza a los médicos o autoridades que aplican la ley.

Un joven solitario de 20 años que publica manifiestos racistas o misóginos probablemente no ha sido acusado de ningún delito. También es mucho menos probable que haya ingresado voluntariamente a una institución mental.

Desde la perspectiva de un sistema administrativo, se trata de un joven que vive en la casa de sus padres y que asiste a clases de medio tiempo en un colegio de la comunidad.

En las dos últimas semanas, unos jóvenes usaron armas de fuego adquiridas legalmente para perpetrar varias atrocidades en varias partes del país.  Uno de 21 años está acusado de matar a 22 personas en El Paso, Texas el 3 de agosto. Otro hombre armado de 24 años mató a nueve personas en Dayton, Ohio, al día siguiente.

Tan sólo una semana antes, un joven de 19 años mató a cuatro personas en el Festival del Ajo en Gilroy, California.

Esos son tan sólo tres dramáticos ejemplos que no son habituales, sin embargo, dejan al descubierto la violencia que generan las armas y que está ocurriendo cada día entre los jóvenes de nuestro país. 

Los jóvenes de 18 a 24 años representan sólo el 9 por ciento de la población, aunque constituyeron el 23 por ciento del total de víctimas de homicidios con armas de fuego en el 2017.

Eso aumentó el riesgo tanto de la ejecución y victimización de la violencia con las armas que requiere que consideremos una vigilancia adicional sobre los jóvenes compradores de armas.

Avis, Hertz y sus competidores en el negocio de renta de autos han detectado que los jóvenes conductores representan un mayor riesgo de seguridad que sus amigos o parientes de más edad y por consiguiente, implementaron estándares más rigurosos antes de rentarles un auto.

¿Por qué no hacemos lo mismo con las armas?

No estamos sugiriendo que las personas menores de 25 años deberían tener prohibido comprar armas. Pero sí tener una mayor vigilancia.

Por ejemplo, los compradores jóvenes de armas necesitan reunir estándares más altos para poder poseer un arma, por ejemplo, que no tengan ningún tipo de historial criminal, además de un entrenamiento adicional de seguridad.

Eso podría crear un proceso más riguroso para obtener una licencia a través de las autoridades, tal como el requisito de que los padres u otras personas les proporcionen referencias de apoyo.

Podríamos aprender de la seguridad que se emplea en los vehículos automotores y crear un sistema gradual de licencias para las armas.

Las licencias de conductor graduales han reducido los índices de muertes en vehículos entre los jóvenes conductores limitando su exposición a situaciones riesgosas que podrían provocar un daño a sí mismos o a otras personas.

Por supuesto, se podrían ampliar las exenciones para los que prestan sus servicios en el Ejército o en la policía.

Nuestras leyes estatales hacen que sea demasiado fácil obtener armas de fuego, siendo un peligro para sí mismos o para los demás.  Al acompañarse del odio y coraje, esas personas pueden causar daño, aun cuando no aparezcan en los titulares de las noticias.

El problema es particularmente claro cuando se trata de armas tipo asalto. Mientras esas armas sean legales, los estándares de las licencias para comprarlas deberían ser más altos, incluyendo restricciones en cuanto a la edad y supervisión.

Nuevamente, si emitimos licencias especiales para conductores de tractocamiones, las armas de alto poder deberían enfrentar requisitos similares.

Esas soluciones pueden ayudar a reducir la violencia sin infringir los intereses y derechos de los dueños legales de las mismas. 

El público estadounidense está solicitando a gritos una acción efectiva.

Ninguna política sola impedirá los tiroteos masivos ni eliminará los actos diarios de violencia con las armas. 

Pero ésa no es una razón para permanecer pasivos.  Un portafolio de esfuerzos viables como éstos, son una gran manera de empezar.

Crifasi es profesora asistente y subdirectora del Centro John Hopkins para Políticas de Armas e Investigación. Pollack es titular de la Cátedra Helen Ross de Administración de Servicio Social en la Universidad de Chicago. Webster es profesor de Cátedra Bloomberg de Salud Americana en la Escuela Bloomberg de John Hopkins y director del Centro John Hopkins para Políticas de Armas e Investigación