Opinion El Paso

No hay manera de decir si los manifestantes cubanos van a prevalecer, aunque su valentía es innegable.

.

Lizette Alvarez/The Washington Post

jueves, 15 julio 2021 | 06:00

Washington— “No tenemos miedo. No tenemos miedo”.

Ese cántico —gritado al unísono por cientos de manifestantes en la ciudad cubana de Palma Soriano— cristalizó el profundo y sísmico significado de las protestas que hubo este domingo en toda la isla.

Después de 62 años de opresión, represión, disfunción y adoctrinamiento, miles de cubanos se quitaron los grilletes, no salieron de la isla sino que se quedaron y les dijeron masivamente la verdad a sus dirigentes. Los videos de protestas en las redes sociales, iban de un extremo a otro de la isla, y eso me sacudió profundamente.

No existe un acto pequeño para una gente que por generaciones ha cuidado sus propias acciones y palabras por temor a ser detenido o encarcelado, a perder su empleo o vivienda o ser acosado. Más allá de un pequeño círculo, nadie puede ser confiable para hablar de la verdad que muchos la guardaron muy dentro de su corazón —esa igualdad y compartida prosperidad nunca ha existido en Cuba—. El sistema opera encarcelando y aplastando en nombre de una ortodoxia comunista y una auto-preservación.

“No más mentiras”, gritaron. “No más mentiras”. “Libertad”. Y se atrevieron a gritar “Abajo Díaz Canel” (el presidente cubano Miguel Díaz Canel).

Las espontáneas protestas se escucharon ruidosamente aquí en Miami, en donde la policía cerró las calles frente al restaurante Versalles, la zona cero de la ciudad para el chisme, rabia y debate acerca de Cuba. Los cubanoamericanos celebraron y gritaron durante horas palabras de aliento para los cubanos que están en la isla, lo cual fue un raro momento de solidaridad.

En Florida Straits, Díaz Canel es visto mayormente como un burócrata comunista. Él llamó a los manifestantes “vulgares criminales” y envió a la policía y partidarios vestidos de civiles para que los enfrentaran. “A las calles, revolucionarios”. No se sabe cuántos resultaron lesionados y detenidos pero hubo reportes y videos en las redes sociales de confrontaciones violentas, hubo disparos y personas que fueron aprehendidas.

El gobierno también cerró el internet para apaciguar las protestas.

Incluso de acuerdo a los estándares cubanos, este año y el pasado han sido pésimos. La economía cubana disminuyó el 11 por ciento. El turismo se detuvo debido a la pandemia. Las remesas del extranjero, que es el sustento de muchos cubanos, se desplomó, en parte debido a las nuevas restricciones de la administración Trump.

El hambre es generalizada y la gente puede esperar en una fila durante horas para comprar las cosas básicas que nunca podrían conseguir, lo cual es un comunismo a la vieja escuela. Una segunda oleada del coronavirus está arrasando la isla y las vacunas elaboradas en Cuba han estado disponibles muy lentamente como para frenarla. Mientras que el sistema de salud está colapsando, el combustible está ultra escaso, hay apagones diarios y la escasez de agua es algo común.

Las reformas a las divisas han aumentado la inflación. Cuba no puede producir los alimentos de manera suficiente, ni mucho de cualquier otra cosa. Las empresas son básicamente inexistentes. La última vez que Cuba estuvo en esa precaria situación fue durante el “período especial” de los años 1990 después que colapsó la Unión Soviética.

Los problemas de Cuba se han encubado en un sistema de gobierno que no funciona para la mayoría de las personas  —los cubanos tomaron las calles este domingo para responsabilizar a su gobierno—. La respuesta instintiva del gobierno a cualquier problema  —de culpar a Estados Unidos del embargo económico y de todas las penurias de Cuba— ha perdido credibilidad.

Como frecuentemente sucede en las protestas de las bases, los jóvenes, impulsados por las redes sociales son el motor del movimiento. Entre ellos está el Movimiento San Isidro, que es un grupo de artistas y activistas que han exigido una mayor libertad de expresión. Ellos han envalentonado a muchos cubanos para que exijan sus derechos.

Aunque ese grupo también ha pagado el precio. Algunos han sido arrestados o detenidos, vigilados y acosados, lo cual no es difícil en Cuba, en donde los cargos ambiguos como “delincuencia” pueden ser aplicados a casi cualquier comportamiento que no le agrade al gobierno.

Luis Manuel Otero Alcántara, líder de un colectivo, pasó un mes en el hospital después de realizar una huelga de hambre. Este sábado, llamó a la gente a reunirse en el Malecón de la Habana, el famoso muro marítimo.

A principios de este año, una poderosa canción “Patria y Vida”, que menciona a algunos de esos activistas, se hizo viral. Los artistas ridiculizaron al gobierno, arremetieron contra la dictadura de una manera directa que anteriormente hubiera parecido impensable.

Aunque la canción podría impulsar la valentía de los que la escuchan, también puso sobre aviso al gobierno. En las protestas de este domingo, y en las calles de Miami, sonó como un himno.

Los activistas-cantantes cambiaron el famoso slogan de Castro “Patria o Muerte” en su himno. El título de la canción es “Patria y Vida”.

“Se acabó y no tenemos miedo. El engaño terminó”, cantaron.

No se sabe a dónde llegará esta erupción de ira, desesperación y pasión. El gobierno cubano domina el arte de acabar con las protestas. Pero sería difícil no esperar que esto marque el inicio de una revolución que desde hace tiempo debió hacerse. Las miles de personas que tomaron las calles, a pesar de saber contra quién se enfrentaban, envió un ruidoso y claro mensaje al régimen y al mundo.

“Patria y Vida”.

close
search