Opinion El Paso

No es lo que Biden prometió

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Jorge Ramos Ávalos/Periodista

domingo, 03 octubre 2021 | 06:00

Miami— Deportaciones masivas. Agentes a caballo amenazando con sus riendas a inmigrantes haitianos. Expulsiones de EU bajo la excusa del Covid. Impedir las solicitudes de asilo en territorio estadounidense. Obligar a refugiados a esperar meses en México para tener una respuesta a su súplica de protección. Presionar a México para que sea el nuevo muro. Un sistema migratorio basado en la fuerza física y en la contención. Y un proceso de legalización totalmente atorado.

 Esto no es lo que había prometido Joe Biden.

 Si la administración de Donald Trump se caracterizó por su crueldad con los inmigrantes, por la separación de familias y las imágenes de niños en jaulas, la de Biden le está haciendo competencia. Los videos de agentes de la Patrulla Fronteriza levantando amenazadoramente sus riendas y lanzando sus caballos contra inmigrantes haitianos son vergonzosos. Es increíble que en este 2021 se permitan acciones así por parte de agentes de un gobierno. Pero hay más.

 Biden —como Trump— sigue utilizando el llamado Título 42 para expulsar a inmigrantes por razones de salud. De febrero a agosto de este año deportó a más de 690 mil personas con la excusa del Covid. Biden no quiere comparaciones con el ex presidente Barack Obama, quien expulsó a más de cinco millones de personas en sus ocho años en la Casa Blanca. Por eso sorprende tanto que, copiando las tácticas de Obama, siga deportando a miles de personas con razones válidas para quedarse.

 Lo que vemos es a un Gobierno reaccionando, a veces caóticamente, ante las crisis que van surgiendo en la frontera con México. Por ejemplo, fueron tomados totalmente por sorpresa cuando 15 mil inmigrantes, en su mayoría de Haití, se refugiaron debajo del puente internacional de Del Río, en Texas, ya dentro de territorio estadounidense. Y por todos lados están entrando indocumentados sin que haya una política ordenada, consistente y justa para lidiar con ellos.

 El mensaje que está llegando a Centroamérica y Haití es claro: Donald Trump ya no está en la Casa Blanca y la frontera está agujereada. Se abre y se cierra. Por eso tantos se están arriesgando a ir al Norte.

 Al final, el hambre y el miedo se imponen. Es menos arriesgado tratar de cruzar ilegalmente la frontera de México a EU que enfrentarse a la hambruna en Guatemala, a la violencia en Honduras y a las pandillas en El Salvador. Y los planes de México y EU para invertir billones en Centroamérica —y enfrentar así el origen de las migraciones— podrían tardar años o décadas para tener algún efecto medible. Lo que nos espera son muchos meses con cientos de miles de inmigrantes intentando entrar, como sea, por la frontera sur de EU. Y a las autoridades tratando de tapar hoyos y apagar incendios. La política migratoria de Biden ha sido, hasta el momento, reactiva.

 Así como el presidente ha fracasado en su bien intencionado objetivo de tener “un sistema migratorio justo, ordenado y humano”, también se ha desmoronado su esfuerzo para aprobar en el Congreso una reforma migratoria que legalice a la mayoría de los 10 millones de inmigrantes indocumentados. En el Senado no hay 60 votos demócratas para aprobar una reforma migratoria y no se atreven a probar cosas nuevas.

 Esto deja al presidente Biden en una muy precaria situación. Ninguna de sus promesas migratorias de campaña —con excepción de la protección temporal o TPS para los venezolanos— se ha cumplido.

 Los demócratas se han hecho fama de prometer mucho y cumplir poco. Desde 1986 hemos oído sus promesas y millones de indocumentados se han quedado esperando. Si las cosas siguen igual, y Biden y los demócratas no hacen algo dramático y efectivo, pudiera haber una revuelta de votantes hispanos en las elecciones del 2022 y 2024.

 Esto no es lo que nos había pintado Biden cuando se lanzó a la presidencia. El sistema —de deportaciones y fuerza física en la frontera, y de franca resistencia hacia la integración de los nuevos inmigrantes— se está imponiendo. Las viejas y malas costumbres —como demostraron esos caballos en la frontera— no han dado paso a prácticas más empáticas y humanistas.

 La triste realidad es que para los inmigrantes no hay mucha diferencia entre Biden y Trump.

 @jorgeramosnews

 

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